Textos, documentales y recetas de cocina: la lucha contra el olvido de quienes no han vuelto a casa.

Recuerdo haber visto hace cuatro años en una fotografía, que hay madres que acompañándose, buscan a sus hijos e hijas usando sus uñas y palas. No podía dejar de pensar, ¿y quiénes son esas mujeres a las que sus rostros los cubren del sol esos sombreros? ¿Qué emociones las inundaban en esos momentos? no podía saberlo, pero me lo preguntaba. Locierto es que en México hay madres que se ven obligadas a buscar a sus hijos e hijas por cuenta propia, con posibilidades de perderlo todo, incluso la vida. ¿Y el Estado? A veces ausente y cómplice.

Eduardo Galeano decía que «la memoria puede ser, sencillamente, pintar en la pared un yo estuve aquí». En el caso de las desapariciones forzadas la memoria histórica funge un papel imprescindible por dos razones: (1) a através de la memoria histórica es posible retomar los imaginarios de la memoria colectiva, que permiten incidir en una realidad histórica construida mediante el contraste de los discrusos oficiales y no- oficiales, y (2) más allá de la lucha contra el olvido, se busca que no haya una repetición de las dinámicas estructurales de violaciones a derechos humanos. Lo dice Teresa Flores Solana: «La lucha por la memoria es una lucha contra el olvido y puede convertirse en una lucha contra la impunidad, es decir; en una lucha por la justicia.»

Durante años, eso es lo que han hecho las madres y familiares de personas desaparecidas en México. Negarse a la desmemoria que anuncia la impunidad; nunca más un olvido institucional. Al contrario, han recurrido a las palabras y a sus historias para nombrar a quienes no han vuelto a casa.

Carta a mi hijo desaparecido en México.

Mirna Nereida Medina Quiñonez, fundadora de Las rastreadoras del Fuerte en Sinaloa, le escribe una carta pública a su hijo Roberto el pasado 10 de mayo, después de haberlo encontrado el 14 de julio de 2017.

Hoy es Día de la Madre en México, Roberto, y yo sólo puedo acordarme del 14 de julio de 2014. Ese día me marcó la vida, cuando te desaparecieron y me sentí morir. Después de eso he vivido a medias. Muchos días solo vivía para buscarte. Cuando empecé esa lucha te hice la promesa de encontrarte y, en el camino, también fui encontrando a cientos de mujeres que tienen el mismo dolor. También buscan un tesoro; como yo te busqué a ti, que eres mi tesoro.

Conforme avanaza la lectura, las palabras de Mirna vantejiendo de significados una lucha enfrentada desde la colectividad, en la que ha encontrado tras haber cumplido la promesa que le hizo a Roberto, que la lucha de sus compañeras ahora es la suya.

Fueron tres largos años de incertidumbre, de no saber si tenías frío, hambre o dolor. Tres años de duelo y por fin te encontramos. Te hice una promesa que pude cumplir: te buscaré hasta encontrarte. Y te encontramos, Roberto. Mis compañeras, las rastreadoras, estuvieron conmigo ese día. Fuiste el cuerpo número 93 que encontramos. Encontramos 92 cuerpos, 92 tesoros que llegaron a su casa antes que tú.

Siguiendo sus palabras, narra que el periodista asesinado Javier Valdés fue el primero en nombrarlas las rastreadoras. Habla de lo que Galeano nombra « los peligros de la memoria tergiversada» en un camino sin fin que se ha trazado desde que el gobierno y la sociedad reconocieron que el discurso por parte de las autoridades revictimizaba a les desaparecidos y a sus familias.

Roberto, con tu desaparición surgimos las rastreadoras y ahora somos una piedrita en el zapato de un país que no quería voltear a vernos. Dentro de toda mi tristeza, sé que vale la pena esta lucha, ha valido la pena buscarte con dignidad y luchar por obtener verdad y justicia.

Han sido muchos años de enfrentarnos a la sociedad y el gobierno. Además de usar las palas, de recorrer montes y vías del tren, hemos tenido que aprender a hacer muchas otras cosas.

La carta de Mirna a su hijo, es el accionar colectivo de las rastreadoras ante la promesa de libertad fallida; son el ejemplo de resistencia que no debería ser; es la deuda que tiene el país entero con las madres y familiares de las y los desaparecidos.

Sin Tregua

Es un corto documental dirigido por Diego Rabasa, en el que madres de hijos e hijas desaparecidas de los estados de Veracruz, Tamaulipas, Sinaloa y Torreón, relatan como a partir de esas desapariciones se han encontrado con que su caso es el de otras madres. Mediante testimonios narran como en el fenómeno de la desaparición, el Estado parece estar ausente y ser cómplice de los mecanismos que legitiman los discursos de terror e impunidad por parte de las autoridades. Los cuales las han orillado desde 2015 a ser ellas quienes con palas y rastrillos busquen a sus desaparecides. «El colectivo busca en vida, en muerte y en fosas clandestinas»

En el transcurso del corto, miembros de organizaciones como Fundar y Serapaz, retoman el análisis sobre los primeros casos documentados de desaparición forzada en los años sesenta y setenta durante la guerra fría. Asimismo, hablan de cómo a partir de esos años se instauró una política de terror en el país, que años más tarde sería uno de los factores para que los casos de desaparición se dispararan con el despliegue del ejército en las calles y la complicidad entre las instituciones de procuración de justicia y el crimen organizado.

Vivos se los llevaron: buscando a los 43 de ayotzinapa

Apenas en diciembre del año pasado, la periodista Andalusia K. Soloff, Marco Parra y Anahí Galaviz, presentaron en compañía de María de Jesús Tlatempa, madre de uno de los estudiantes desaparecidos, y Ernesto Guerrero, egresado de Ayotzinapa, la novela gráfica que narra la desaparición de los 43 normalistas.

A través de las ilustraciones de Marco Parra y la tinta de Anahí Galaviz, la periodista narra el viaje emocional de las familias durante 2014, el primer año de los hechos ocurridos en Iguala, Guerrero. Retrata el momento desde que ella se entera por mensaje que hay 57 estudiantes desaparecidos hasta las visitas de los padres a Palacio nacional, donde la PGR por medio de los interrogatorios construye “la verdad histórica”.

Es mediante el trabajo previo de Andalusia, que se va a vivir a la Escuela Normal Isidro Burgos donde logra realizar 80 entrevistas que dan pie a esta historia. También narra el antes de la lucha guerrillera desatada en los años sesenta y setenta, la represión estudiantil que había en guerrero desde antes de lo sucedido en 2014, y cuál es el significado que les estudiantes le daban a estudiar en esa Normal.

Recetario para la memoria

Es un proyecto gastronómico de Las rastreadoras del Fuerteen colaboración con la fotógrafa Zahara Gómez Lucini. Dentro de la página expresan: «Recetario para la Memoria, proyecto gastronómico, fotográfico y social, quiere conectar rendir homenaje a todas las mujeres que buscan a sus familiares que han desaparecido en diferentes lugares del territorio mexicano. Es también una forma de hacer visible un tema por demás complejo, desde el quehacer culinario, desde la vida y la memoria de las mujeres que desde su trinchera aportan y actúan para generar un cambio en el tema de los derechos humano.». También anuncian la razón «Esta acción contra el olvido es a su vez una reivindicación en el ritual de cocinar; es en lo íntimo donde aparece un acto social que se organiza alrededor de las comidas, alrededor de la mesa. »

Tal como se explica en la página Recetario para la memoria e sun libro autoeditado a 1000 ejemplares. El 50% de lasganancias de las ventas del libro son para continuar la búsqueda de Las Rastreadoras del Fuerte.

Anexos

La extensión no me dio para escribir sobre: No sucumbió la eternidad, largometraje documental dirigido por la periodista Daniela Rea.

Las fotografías son de la exposición Huellas: pasos por la memoria, la verdad y la justicia. Fotógrafa: Gabriela Esquivel

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Del centro al sur. Comunicóloga en formación.

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