Sobre migrar (dos)

Son las 3:42 am y no logro dormir. Ya perdí la cuenta, ya son varias noches. No es insomnio, aunque quisiera que fuera, es un maldito sistema raci-clasista, es este temor porque en el dichoso “primer mundo” no me acepten y me manden de regreso de un patadón.

Y claro que allá no me quieren: no soy blanca, no tengo dinero y todo el día me ando quejando de la gente blanca y con dinero. Chale. En verdad pesa saberte al margen del sistema, por más esfuerzos que hagas, siempre estarás en la orilla, como si fuera un perro atropellado en la zanja de la carretera, un perrito que sólo tuvo como infortunio vivir en un mundo que se reproduce con el dolor de otras personas, de aquellas que no son queridas ni deseadas. Yo me encuentro en esa parte del mundo. Pues obvio, soy mujer morena feminista y disque decolonial, es decir, no quepo ni aquí y mucho menos allá. Soy la “rara” de la familia, la tía que porta un pañuelo verde y que anda por “el mal camino” (plot twist: el mal camino es coger, disfrutar de mi sexualidad y tener un succionador morado de clítoris). Para la sociedad, también soy la “resentida social” (otro plot twist: reconozco que la riqueza de un grupo se hace sobre la explotación de muchos otros y no me quedo callada ante el no neutral privilegio hetero-cis blanco y millonario).

Sin embargo, ahora mismo, a las 3:52 de la madrugada soy un saco de ansiedad que no puede dormir. Eso soy ahora. No tengo nombre, ni número de serie. Siento cómo se alzan mi panza y mi pecho con cada respiración. Inhalo, arriba. Exhalo, abajo. Inhalo, arriba. Exhalo, abajo.

Fotografía propiedad de la autora del texto.

Pero ¿qué es lo que me preocupa en realidad? No sé, todo(?). Odio no saber si me va a alcanzar, si el dinero será suficiente, si yo seré suficiente. Odio no saber si me van a dar esa beca paupérrima a tiempo o si siquiera me la van a dar, así, a secas. Odio no saber si me va a dar coronavirus antes de volar y que me nieguen la entrada, o peor aún, que no pueda volar y saber que todo el dinero y tiempo invertido en la burocracia excluyente y clasista de las personas europeas se va a tirar al caño. Odio no saber si voy a encajar, porque mi piel me delata y mi acento me señala. No, no. La verdad es que odio saberlo, odio saber que en realidad eso va a pasar.

Sobre el pretexto de la seguridad sanitaria se pueden hacer muchas cosas que antes se clasificaban como discriminatorias. Ahora no, el virus nos trajo un gran pretexto para cerrar fronteras sin que se les juzgue, para negar visados sin que se les juzgue, para ser abiertamente racistas y hacer cara de fuchi ante lo no-blanco sin que se les juzgue. Para dejar morir sin que se les juzgue. Una limpieza de conciencia con el fin de “no propagar el virus”.

Ni Orwell se imaginaba esta distopía.

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Mujer morena, activista y feminista decolonial y antirracista veracruzana. Maestrante en Teoría y Crítica de la Cultura en la Universidad Carlos III de Madrid. Internacionalista formada en la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM y la Universidad de Pretoria en Sudáfrica. Profesora adjunta en la UNAM e integrante y co-fundadora de la Colectiva Feminista “Dignas Hijas”. Escribe sobre sexualidad y América Latina a partir del estudio de la cultura desde un enfoque decolonial, con el fin de desmitificarlas y evidenciar estereotipos racistas, misóginos y coloniales. Además, menea la cola con funk y reggaetón.

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