Sobre escribir y juzgar(nos)

Si hay algo que nos define como personas, es que estamos en constante cambio, que atravesamos por distintas etapas, vivencias, eventos que nos hacen modificar ciertos aspectos de nuestro ser. No me meteré en cuestionamientos filosóficos de qué nos hace nosotres si no podemos afirmar rotundamente que somos exactamente iguales a quien éramos hace una hora, pero sí que vivimos en continua transformación.

Si partimos de eso, entonces, ¿por qué juzgamos tan severamente cosas que creamos hace unos años, meses o días? Me enfocaré en crear porque me gustaría abordarlo desde la escritura, pero creo que aplica también para acciones o cosas que dijimos y que, al mirar atrás, nos parecen cuestionables, mejorables o directamente incorrectas.

Cuando escribimos –o cuando dibujamos, componemos, esculpimos, fotografiamos, bailamos, o hacemos cualquier tipo de manifestación artística–, reflejamos una parte de nosotres que buscamos expresar, en este caso, mediante palabras. Nuestras creaciones se ven atravesadas por un contexto específico, por un momento concreto, por sentires, ideas, experiencias que en ese instante; y, aunque no seamos plenamente conscientes de ello, influyen en lo que hacemos y en cómo lo hacemos.

Teniendo esto en mente, ¿acaso no es lógico que algo que escribimos el año pasado, ya no lo veamos de la misma forma? ¿Que lo que hemos leído, escuchado, comprendido desde ese entonces, haya cambiado el cómo nos aproximamos a ello? Y no porque fuese necesariamente malo, sino porque puede que nuestras ideas hayan variado, que ahora nos parezca más pertinente otra cosa, otro enfoque, algo que pasamos por alto.

Ver en retrospectiva algo que creamos es muy fácil, y señalamos casi sin apuro aquello que nos parece inadecuado, que “¿cómo pudimos haber escrito eso?” o “¿cómo no lo tomamos desde B en lugar de A si tenía más sentido?”; pero claro, más sentido para ahora que lo releemos, después de recorrer más camino, tras cuestionarnos más, tras abrazar otras perspectivas. Juzgamos, por cómo lo he visto y vivido, sin tener en cuenta a ese “yo” del pasado, desprestigiando lo que hasta ese momento había conseguido y lo que hasta ese punto le llevó a expresar.

Debo precisar que no aplica para discursos de odio, porque no se trata de que si tienes alrededor de 18 años para arriba y más adelante caes en la cuenta de que igual y no debías haber estar respaldando o esparciendo ideales fascistas, pues bueno, qué bien que hubo un “cambio”, pero edad ya tenías para comprender lo peligroso y erróneo que es esto.

Volviendo a lo anterior, todo parece indicar que no nos damos suficiente crédito por eso que escribimos, sean textos académicos, de opinión, ficción, no ficción, y hasta los personales que nadie más lee. Olvidamos que aquello que reflejamos en palabras es también parte de nosotres, porque, de cierta manera, congeló quienes éramos en ese momento, y no lo debemos tomar como algo negativo. Sí, lo revisamos y puede que nos parezca horrible, poco coherente, no lo suficientemente crítico, etc., pero ¿no sería mejor verlo como un avance, una evolución? ¿Qué indica justamente que hemos cambiado?

Kelly Sikkema, vía Unsplash

Sin duda, aquellos textos no están libres de críticas, pero valdría la pena replantearnos si no tenemos la vara muy alta y emitimos juicios que terminan siendo injustos con nuestras versiones pasadas. ¿No hay nada rescatable de ese texto que releemos? ¿Nada que apreciar? ¿No evoca recuerdos de lo que vivimos cuando lo escribimos? ¿De lo que sentimos?

Quizá nos topemos con escritos que dejen mucho por desear; no obstante, en lugar de menospreciar nuestro trabajo, deberíamos utilizarlo como ejercicio para observar el trayecto que hemos recorrido, y tener presente que nuestras vidas están en constante cambio. Ignorar eso es cometer una falta ante nosotres mismes y nuestro transitar.

Es fundamental recordar que todo lo que hemos creado forma parte de nosotres, y apreciar los errores y fortalezas debe ser parte del proceso, porque estancarnos en lo primero no ayuda. Un dibujo que hiciste a los 15 no va a ser el mismo que el que haces a los 20 o 25 si seguiste practicando, probando nuevos estilos y técnicas; lo mismo con la danza, la fotografía, la escritura. Valoremos lo que creamos y sigamos creando, intentándolo una y otra vez, pero no por alcanzar la “perfección” en lo que hacemos, sino por nosotres y por ver resultados que nos satisfagan.

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Estudio Comunicación Social y prefiero escribir antes que hablar. Considero que es muy importante realmente escuchar a las demás personas para así aprender de ellas.

Me gustan los libros de fantasía y las series de ciencia ficción de los 60’s. La mayoría de mis series favoritas están subestimadas.

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