Secuestro Bielorruso

Turbulencia. Ese movimiento normal durante el vuelo, pero que, aunque muchos lo nieguen, al menos te despierta de la siesta y de la calma en la que uno se encuentra. Ese ligero movimiento hace que te despiertes y te dé un poco de sed. Te apetece algo de alcohol, pero la sobrecargo te indica que están a nada de entrar en el espacio aéreo lituano y próximos a aterrizar en Vilna, por lo que la venta de alcohol está prohibida. Vaya cambio, piensas. Del calor delicioso y mediterráneo de Atenas a la nublada y fresca capital lituana. Por cierto, qué maravilla esto de poder ir desde puntos tan distintos sin líos, como si estuvieras siempre en tu país. Beneficios de estar en la Unión Europea.

De repente, notas que dos sujetos al final del avión se levantan de sus asientos y se acercan con la tripulación. Hablan con estos en privado, sin ningún tipo de señal adicional. Unos minutos después, todos sienten el viraje repentino de la nave: algo no va bien. Tras quince minutos de incertidumbre ante tal cambio de ruta y sin dar más detalles, el piloto hace un anuncio: ha habido un cambio de último minuto y el avión tenía como nuevo destino a Minsk, la capital de Bielorrusia.

Entre todos hay nerviosismo. El que haya un cambio así de radical en un vuelo indica que algo va mal.

Ser piloto en Europa no está mal. Aunque la compañía sea de bajo costo, a los pilotos les gusta que se pueda volar entre países y en distancias cortas. Un vuelo rutinario, digamos. Afortunadamente, cada vez hay más demanda de vuelos y eso es un alivio para un sector tan golpeado por la pandemia como el aéreo comercial. Al acercarse a Lituania, los pilotos comienzan con las maniobras tradicionales de descenso. Sin embargo, a escasos kilómetros de salir del espacio bielorruso, reciben información del equipo a bordo de que dos personas, identificadas como miembros de la Agencia Bielorrusa de Inteligencia, alegan que hay una amenaza creíble de bomba en el avión. Los capitanes deciden proceder con lo establecido: aterrizar en el aeropuerto más próximo, en este caso el del destino. Sin embargo, reciben órdenes de los controladores aéreos de desviarse hasta Minsk. Esto no huele bien.

Por si las dos indicaciones no eran lo suficientemente claras, los pilotos notan de repente que un avión de la Fuerza Aérea Bielorrusa se aproxima y comienza a escoltarles. Amablemente, un MIG-29 sugiere con firmeza el cambio de rumbo. Los tripulantes saben que esto está fuera de sus manos y ceden, cambiando drásticamente la dirección de la nave hacia la capital de Bielorrusia, sin salir en ningún momento de su espacio aéreo.

Tras el anuncio del cambio de destino, hay una persona que sabe claramente lo que está sucediendo:  Roman Protasevich, periodista y crítico al gobierno de Alexander Lukashenko, dictador que gobierna Bielorrusia desde la década de 1990. Sugiere a varios pasajeros que, en caso de tocar tierra en su país, sería arrestado y que su vida corría peligro. No por nada llevaba desde 2019 exiliado en tierras lituanas.

El avión aterriza sin problemas, mientras que un grupo importante de policías y fuerzas de seguridad bielorrusas esperan. Hacen descender a los pasajeros en grupos pequeños, revisando pertenencias y documentos. Todos notan como son arrestados Protasevich y su novia de origen ruso. Ambos venían de reunirse en Grecia con la ganadora legítima de las últimas elecciones y férrea opositora al régimen dictatorial: Svetlana Tikhanovskaya. Horas después y sin mucha información, todos subieron al avión para hacer el corto vuelo hacia Vilna. Todos menos dos pasajeros.

Lo que acabo de narrar desde dos ópticas es una intencionada dramatización de algo que acaba de suceder hace dos días. El 23 de mayo de 2021, el gobierno bielorruso secuestró, utilizando las fuerzas de su Estado, al avión de la compañía Ryanair con trayecto Atenas-Vilna. Todo con un fin: detener a un disidente político, exiliado en otro país. Hablamos de un país en Europa Central que ha utilizado sus recursos para, no solo detener a uno de sus ciudadanos, sino vulnerar el derecho europeo, invadiendo la jurisdicción de Grecia, Lituania e Irlanda. Esto es un caso moderno de piratería y uso excesivo de la fuerza.

Europa no debe quedarse callada y, afortunadamente, no lo está haciendo. Como primera medida, ha prohibido a todos los aviones europeos el cruzar espacio aéreo bielorruso. De igual forma, ha vetado a las compañías bielorrusas de aterrizar en aeropuertos de Europa. Pero las medidas no deberían quedar ahí. Tenemos a un régimen dictatorial que, apoyado en Vladimir Putin, se siente con la capacidad de vulnerar la soberanía de sus países vecinos y esto no puede pasar a más. Debe ser una línea roja que implique el aislamiento y la búsqueda del fin de este régimen en Bielorrusia. Europa debe dejar la pasividad y, unida más que nunca, encarar al tirano que se siente falsamente empoderado.

El secuestro del avión de Ryanair por parte dek régimen de Bielorrusia es un ataque a la democracia. Un ataque a la libertad de expresión. Un ataque a la soberanía europea”.   —– Ursula von der Leyen, Presidenta de la Comisión Europea.

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Desde muy joven he sido un apasionado de la política nacional y global, por lo que me empeñé en estudiarla a través de la carrera de Ciencia Política en el ITAM. Me encanta viajar y conocer nuevos sitios y culturas.

Soy yucateco de corazón. También soy gamer, y ávido seguidor de franquicias cinematográficas de superhéroes y ciencia ficción. Amo a los animales, apoyo la libertad del individuo y soy excesivamente una persona positiva.

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