Salud Mental S.A. de C.V.

Por César Mex

Existe una especie de regla implícita para quienes nos encontramos inmersos e inmersas en los campos relativos al estudio de la conducta y la mente humana: apegarnos al discurso de la llamada “salud mental”. Hoy quiero denunciar abiertamente la complicidad que dicho discurso mantiene con las siempre vigentes opresiones derivadas de un sistema industrializado e industrializante, que se sostiene en una moral que no apremia nuestras vidas, sino lo productivas y normativas que las vidas son.

Como todo dispositivo derivado del pensamiento industrial occidental, la salud mental se fundamenta en las concepciones de lo homogéneo vs lo diverso, la estadística, lo estándar y lo estandarizable, la consecución de metas, etc., mismas que le confieren su carácter dual de discurso-corporativista/máquina-productora-en-masa. La evidencia más clara sobre la complicidad anteriormente mencionada entre la salud mental y el sistema industrial la configuran las formas concretas en las que dicho carácter se presenta y permea en el ejercicio profesional. Por ese motivo, pretendo enumerar algunas de ellas a continuación:

  1. Coloca a la funcionalidad-productividad como fin último

¿Qué tienen en común las diversas definiciones de salud mental propuestas por organismos tanto gubernamentales como no gubernamentales? Que todas apelan, explícitamente o no, a la noción de funcionalidad como criterio para evaluar qué tan “saludables” encontramos a las personas. ¿Funcionalidad en cuanto a qué? En cuanto a la capacidad de la persona de tener una conducta lo suficientemente regulada para que no represente un incordio en su trabajo, su escuela y/o sus sistemas sociales cercanos, entiéndase, familia, amigxs o pareja(s). En otras palabras, la salud mental está alineada con los intereses de las corporaciones industriales que lo que buscan no es a personas “realizadas y felices”, sino a personas que no les signifiquen una pérdida en ganancias ni en mano de obra, y que puedan cumplir con los objetivos de producción. No es coincidencia que los estados emocionales no cuenten como justificante laboral o escolar, a pesar de lo mucho que a los aparatos reguladores de la salud les encante señalar como factor de riesgo el estrés asociado a las condiciones del trabajo o estudio.

  1. No hay una crítica a los mecanismos productores de malestar

Pregunta para quienes han tenido contacto, por cualquier motivo, con los discursos preventivos de la salud mental: ¿qué recomiendan las instituciones y los programas sociales para procurar nuestro bienestar (palabra que, por cierto, es eufemismo antonímico de enfermedad)? Seguramente habrás pensado en cuestiones como mantener redes de apoyo, hacer cambios en la alimentación, ejercitarse, procurar buena higiene de sueño o similares.

Para un ejemplo, puedes revisar las recomendaciones que el IMSS presenta en su página oficial. Aunque otros organismos como la OMS tienen recomendaciones que, en apariencia, están conscientes sobre el impacto de los factores sociales en el estado emocional de las personas, relegan la responsabilidad del cuidado de la salud mental a las acciones individuales, o bien, apelan al proteccionismo del Estado para que sea éste quien dictamine políticas y leyes en materia de salud pública.

Por ningún lado se recomiendan pronunciamientos ni contra el sistema económico, ni contra el sistema laboral, y mucho menos contra el sistema de producción de conocimiento hegemónico que definen y delimitan una única forma válida de habitarnos emocionalmente (la funcionalidad-productividad antes expuesta), y que, paradójicamente, han colocado a la salud mental como un objetivo que resulta inalcanzable al no pretender cuestionar aquellas opresiones que de hecho justifican su existencia en las agendas políticas. En realidad, el discurso de salud mental está tan coludido con esos sistemas de generadores de malestar, que en su nombre se justifica la existencia de otras instituciones de control conductual y marginación: los centros psiquiátricos.

Vía https://es.dreamstime.com/cabeza-con-la-f%C3%A1brica-para-el-cerebro-image134433528
  1. Justifica la formación en masa de profesionales-obrerxs que operan su carácter mecánico

Ninguna narrativa encuentra agencia, si no es mediante un agente, y en este caso, no son otres más que los y las profesionales-agentes de cambio, quienes serán entrenados y entrenadas por las instituciones educativas durante su formación para tomar como directrices de su labor aquellos lineamientos determinados por los organismos reguladores de la salud pública, de tal forma que se genere un importante número de psicólogos y psicólogas, psiquiatras y profesionales afines cuyo papel será procurar el tratamiento de aquellas personas con una “enfermedad mental”. O bien, prevenir la aparición de “trastornos”.

Se configura entonces un rol de profesionales-obrero y obrera que operan los procedimientos de la funcionalidad-productividad, presentados en forma de estrategias e intervenciones orientadas a recolocar a la persona de vuelta en su entorno, como un elemento reparado, que ya no genera rupturas.

Si bien es cierto que existen diversos paradigmas y enfoques dentro de la práctica clínica, la mayoría de ellas se encuentra reducida a lo sintomatológicamente empírico, a la atención de un motivo de consulta que muchas veces no es liberador del individuo que acude a psicoterapia, sino que se genera a partir de lo que su entorno espera de él/ella/elle, aquello que lo y la hará “normal” o “menos desadaptativo/a”. No es de extrañar la aparición de enfoques clínicos que se centran en la atención de un problema concreto o que determinan números específicos de sesiones o lineamientos de trabajo rígidos, como si el encuentro con una persona en situación de malestar admita esa simplificación.

Para mí, la mercantilización de la práctica clínica no se da solamente en fenómenos como el coaching o los libros de autoayuda, sino en la proliferación de estas “terapias fast-food” donde se evalúa la eficacia del tratamiento en función de la desaparición de las sintomatologías o malestares evidentes y concretos a una situación específica.

  1. Genera expectativas en torno a la figura de sus profesionales, pero centraliza el campo de acción

Hace unas semanas me tocó leer navegando en Facebook a una compañera (psicóloga, por cierto), mofándose de cómo el alumnado de psicología de cierta universidad “carecía de regulación emocional”. Supongo que se le olvidó que, antes que alumnos y alumnas, son sujetos de emociones y malestares derivados de los mismos mecanismos. Y es que, como si de un perfil de puesto vacante se tratase, parece ser que los y las profesionales de la conducta y mente humana tienen que cumplir una serie de requisitos entre los que, desde luego, se solicita que tengan un registro intachable de regulación emocional, pues qué vergüenza que los robotitos y las robotitas de la salud mental manifiesten algo tan mundano como emociones humanas.

Valdría la pena cuestionarnos si no será que es esa expectativa de ecuanimidad, más el discurso motivador de “agentes de cambio”, lo que está generando alta presión tanto en profesionales como en estudiantes. Al discurso de salud mental no parece importarle esta consecuencia. De hecho, no enseña formas alternativas de cuidados colectivos; por eso, tampoco se me hace raro que se recalque con tanta vehemencia la importancia de la salud mentalentre estudiantes, futuros y futuras profesionales, y a la vez nos cueste tantísimo trabajo el generar tejidos comunitarios basados en la ternura y los afectos.

A modo de cierre…

¿Qué seguirá después si desmontamos el discurso de salud mental? La verdad es que ni yo lo sé, y dudo que alguien lo sepa. Pero no dejaré de poner el dedo en la(s) herida(s) para seguir denunciando lo que ya expuse. A lo mejor se requerirá un nuevo movimiento ludita, como en la Revolución Industrial, pero de luditas de la mente y la emoción, dispuestos y dispuestas a ir contra la máquina-discurso de Salud Mental. Que nos empiece a quedar claro de una buena vez que quienes viven de curar enfermos y enfermas, no nos quieren sanos y sanas.

¡Lee a las invitadas e invitados de YucaPost!

Una respuesta a «Salud Mental S.A. de C.V.»

  1. Como egresado de psicología confirmo gran parte de lo que se señaliza aqui. La salud mental se usa como mecanismo estabilizador y homogeneizador. Existe este enfasis en salud mental como critica a los habitos de vida, experiencias, vivencias y procesos personales que implican ir en contra del bienestar en tu capacidad productiva y/o de rendimiento educativo y laboral pero cuando en el discurso descubres que es el tejido laboral y educativo el que merma la salud mental, el concepto pierde fuerza institucional y parece un mal chiste que permite descubrir que su carencia conceptual es adrede pues no confronta los daños que las instituciones hacen a las sociedades. Maravilloso articulo y espero leer más del mismo autor.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *