Reseña de LMD 3: La Más Legendaria

Por Norman Monroy | @aendriago

Tras todo un torbellino de especulaciones en torno a La Más Draga, que nos dejó en suspenso durante toda una semana, en esta sexta emisión comenzó por confirmar lo que muchxs temíamos: la expulsión tanto de Aviesc Who como de Wynter, quienes tuvieron que colocar su foto en el dragaltar y abandonar el programa.

Sin contratiempos, el programa continuó en el camerino, donde Johnny Carmona presentó el reto de esta semana: “La Más Legendaria”. Las feminosas tuvieron que representar un personaje relativo a leyendas de nuestro país. Uno de los tantos desaciertos que ha tenido la producción (y que ha sido una constante en el programa) es la limitación de las temáticas y -por tanto- la repetición de vestuarios y personajes en los retos. Esta vez no fue la excepción, pues 3 de las 8 personas participantes que continúan en la competencia representaron la leyenda del “chupacabras”. No obstante, es de resaltar que en esta ocasión realizaron performances muy distintos:

Luna Lansman optó un traje en tonos verdes y aplicativos de peluche en las extremidades, mientras que Madison y Memo Reyri decidieron darle un tinte “político” a su personificación, haciendo alusiones al PRI (Partido Revolucionario Institucional), en el que se origina esta leyenda. La primera apegándose a un personaje más parecido a un monstruo, el cual entró en escena al salir de una curul; mientras que el segundo se presentó con un interesante prostético en la cabeza que asemejaba un híbrido entre el personaje legendario y el expresidente Carlos Salinas de Gortari, quien a su vez arrojaba dinero a la concurrencia.

También se representaron leyendas prehispánicas: por un lado, Rudy Reyes performando a un nahual, una creatura que se presume de ser mitad humano y mitad animal. Por otro, Raga Diamante con el huay chivo, un brujo de la tradición de los pueblos maya que -como su nombre lo dice- toma la forma de este animal, pero que innovó con una revelación que encarnaba una doncella que -en dicho mito- era perseguida por este ser.

Por su parte, Regina Bronx representó la leyenda de “La Pascualita”, un maniquí que -se presume- es el cuerpo embalsamado de una mujer joven, que es hija de la dueña original de una casa de modas en Chihuahua, que murió por la picadura de una viuda negra y se conserva desde entonces modelando vestidos de novia.

Tal vez una de las presentaciones que más llamaron la atención por su discurso fue la de Iviza Lioza, que encarnó a una bruja y realizó un monólogo en el que reivindicaba la brujería como una etiqueta que, por siglos, se le ha impuesto a las mujeres que llevan una vida sexual fuera del marco patriarcal. No así, la última presentación por parte de Mista Booque, al ser una Drag oscura, fue muy criticada por el jurado que tenía altas expectativas sobre ella. Sentencia que se une a todas las críticas sui géneris del jurado, pues a mi parecer en esta emisión, Mista, hizo gala de sus habilidades; algo que defendió, con el sarcasmo que le caracteriza, en sus redes sociales al señalar que su presentación no fue un disfraz como el del resto de las y el participante.

Y es precisamente del fenómeno que conlleva LMD de lo que quiero hablar en esta segunda y última entrega. Después de todo el revuelo generado por el tema racial en el capítulo de la semana pasada, esta sexta emisión parecía ir por el mismo camino con la juez invitada: Bárbara del Regil. De inmediato, las redes sociales se incendiaron por el anuncio, ya que esta actriz se ha caracterizado por realizar declaraciones tanto racistas como gordofóbicas. Sin embargo, la llama se apaciguó cuando en el programa se mostró con una cara amable y empática, “empoderando” a las feminosas y cerrando con un capítulo digno de telenovela al llorar y pedirle perdón a Luna Lansman por expulsarla.

En general, el público LGBT+ sucumbió ante el lavado de imagen y decidió enaltecer la figura de Bárbara del Regil, sopesando incluso el gran show de doblaje que nos ofrecieron Rudy Reyes y Luna Lansman. El programa ha apostado por la polémica, tanto con sus juezas y juez invitado, como con los temas problemáticos que ya contaba en la entrega anterior. Algo que sin duda les ha funcionado, pero que tristemente ha revelado la endeble memoria de su audiencia y la despolitización de la comunidad LGBT+. Además de la carencia de ética y conciencia política del reality show al instrumentalizar estas problemáticas como una estrategia de marketing.

Por toda la experiencia agridulce que ha sido hasta el momento LMD, es que he decidido dejar de ser la más reseñadora, pues no quisiera alimentar este círculo con el que no me siento identificade y del que no quiero ser parte. Agradezco mucho a Yucapost por la invitación para escribir en este espacio, valoro mucho su atención, y sobre todo a las personas que me han escrito después de la primera entrega. Quiero dar el mensaje de no dejar de ser personas críticas con los productos culturales que consumimos.

Nos leemos pronto en otros espacios, Norm.

 

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