Reflexiones sobre el análisis del discurso

Por Carlos Camargo Pinzón

Todo lo que hacemos y decimos o, en su defecto, no hacemos o no decimos, es discurso. Espera… ¿Qué? Pero los discursos son esas peroratas insufribles que dan las autoridades en los eventos oficiales… Discursos los que da AMLO todas las mañanas y que finjo escuchar en Spotify para tener algo de que hablar en la mesa familiar del domingo… ¿No?

Pues sí, esa es la forma en la que usamos coloquialmente el término. Sin embargo, para las ciencias sociales, el discurso es qué comunicamos, cómo lo comunicamos y en qué contexto lo comunicamos. Para identificar estas cosas tenemos que alejarnos un poco. Mirar críticamente lo que nos rodea implica quitarnos de encima todos nuestros prejuicios o conocimientos previos sobre el tema del que se nos habla e incluso sobre la persona o institución que nos lo dice.

Un ejemplo sencillo es, siempre, hacerlo con un discurso cercano. Hace poco, y harto de los comentarios de la banda que criticaba las becas Benito Juárez, analizaba las críticas que se le hacen a algunos programas de la 4T; aclaro que no soy fan del nuevo gobierno, pero defiendo que necesitamos visualizar el panorama completo. Va el ejercicio:

¿De dónde vienen las críticas? Viene de sectores de clase media o media alta y que nunca han sido beneficiarios de programas sociales.

¿Hacia quién se dirigen las críticas? Si bien pareciera que van hacia el gobierno, muchas veces atacan a quienes reciben estos apoyos. Es común ver que el descontento va hacia el otro: al adolescente que se tomó una foto con su dinero, al joven que publica que entró al programa de inserción laboral…

¿Qué dicen las críticas? “¿Por qué se lo dieron a ese cuando en mi trabajo no me dan prestaciones o mi sueldo no me alcanza?”

¿Cómo aparecen esas críticas? En memes o en algunos medios de comunicación que visibilizan otros problemas con el afán de contrastarlos con los apoyos y no solo para visibilizarlos.

¿Culpa de quién es? Aquí es donde nos sirve ver el panorama completo. Yo tengo un trabajo sin prestaciones laborales. No es mi culpa que el mercado laboral actual utilice medios como el outsourcingpara que las empresas se ahorren mis derechos como trabajador. Tampoco es culpa del otro que, por estar en condiciones similares o peores a las mías, solicitó ingresar a un programa social. Es culpa entonces del gobierno porque no controla a las empresas… Pero el modelo económico dicta que el gobierno no debe influir en las empresas. ¡Es culpa de la empresa! En parte sí, pero la empresa funciona de acuerdo a las mismas reglas del mercado, el mismo mercado en el que están los medios de comunicación que reproducen estas notas…

Con este análisis hacemos notar dos cosas: el otro se parece más a mí de lo que yo creía y hay una estructura más grande que nosotros.
Lo que sigue ahora es la parte más importante de todo ejercicio de análisis del discurso. ¿Qué propongo a partir de esto que ya visibilicé? Para el ejemplo, yo propondría seguir haciendo visible que no es culpa del otro. ¿Por qué? Porque eso me ayuda a dejar de ver al de al lado como otro y comenzar a verlo como mi igual y, en un mundo de iguales, es más fácil voltear a ver al problema de raíz, para que, juntos, hagamos algo que nos ayude a cambiar esta realidad.

El texto de hoy es chairo y breve, que son características propias de un servidor, pero la invitación real es a cuestionarlo todo y a proponer a partir de lo que encontremos.

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Licenciado en Literatura Latinoamericana. Gestor cultural. Abogado de clóset. Escribe ficción y, a veces, cosas interesantes sobre la sociedad en la que habita. Experto en nada.

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