Reconciliarnos con la menstruación

Ocultar las toallas sanitarias y los tampones como si estuvieras traficando drogas ilegales; tenerle pánico a mancharte con sangre estando en un lugar público y levantarte cada quince segundos para pedirles a tus amigas que te observen la ropa y se aseguren que todo está bien; manchar tu ropa favorita; hinchazón del abdomen; que te hagan comentarios sobre tu molestia a alguna situación diciendo que “seguro estás en tus días”; y continuar con tus actividades cotidianas como ir a trabajar o asistir a la escuela mientras tienes unos cólicos horribles que solo te dan ganas de dejar de existir un ratito. Esas y muchas más situaciones son las que vivimos las mujeres durante la menstruación.

En términos simples, la menstruación es el desprendimiento del revestimiento del útero y los restos de un óvulo no fertilizado en forma de sangre y tejidos a través de la vagina (o sea, algo así como tu cuerpo diciéndote que no estás embarazada). Es un proceso natural y sano que es parte del ciclo menstrual, el cual representa cambios biológicos que tienen lugar en el sistema reproductivo de una mujer o de una niña para preparar nuestros cuerpos para un posible embarazo.

A pesar de ser algo tan simple y natural, a lo largo de nuestras vidas a las mujeres se nos ha enseñado a sentir vergüenza durante la menstruación y a ver la sangre menstrual como algo sucio y feo que hay que ocultar a como dé lugar. Por ejemplo, referirse a la menstruación como “estoy en mis días”, “el mes” o incluso el famoso “Andrés”, son eufemismos que representan la incomodidad y el tabú que giran en torno a ella.

Igualmente, al ser presentado como un tema que debe hablarse exclusivamente entre mujeres, cuando nos encontramos en espacios laborales o escolares compartidos con hombres, tenemos que esforzarnos aún más por ocultarla, como si ver una mancha de sangre menstrual o una toalla sanitaria fuera lo peor que les podría pasar en la vida. Incluso recuerdo que hace aproximadamente un año veía el documental ganador del Oscar ‘Period. End of Sentence, donde se habla de cómo viven la menstruación las mujeres de las comunidades rurales en India, y donde se puede apreciar cómo los hombres se refieren a la menstruación como “una enfermedad de las mujeres”.

Igualmente recuerdo que después de ver ese documental me sentí una mujer demasiado privilegiada, ya que me di cuenta que muchas mujeres y niñas en el mundo enfrentan obstáculos para acceder a información básica, suministros de salud menstrual e incluso a instalaciones de baño seguras para ellas en sus espacios cotidianos. Lo anterior tiene especial relevancia considerando que los mitos y el tabú que gira en torno a la menstruación pasan de ser algo que va más allá de la incomodidad y se materializa en desigualdad de derechos para nosotras.

Un ejemplo de lo anterior es que al percibir la menstruación como sucia y vergonzosa, muchas mujeres y niñas son excluidas del espacio público, y por consiguiente dejan de asistir a la escuela o al trabajo debido al  escaso acceso a medios seguros de manejo de la higiene menstrual y la falta de medicamentos para tratar los trastornos o el dolor relacionados con la menstruación. Incluso en algunos países la menarquía, es decir, la primera aparición de la menstruación, es considerada como una señal de que las niñas están listas para el matrimonio o para iniciar su vida sexual, lo cual da pie a problemáticas como el matrimonio infantil.

Aunque ahora existen diferentes alternativas para sobrellevar la menstruación (como la copa menstrual), los estigmas y las normas relacionadas con ésta pueden reforzar las prácticas discriminatorias como el hecho de pensar que todas las mujeres están de mal humor o se ponen sentimentales cuando menstrúan, siendo en realidad que todas somos diversas y por lo tanto no sentimos lo mismo.

Reflexionando sobre todas estas situaciones, en alguna ocasión (probablemente cuando tenía unos cólicos muy fuertes) llegué a pensar que la menstruación era un castigo biológico —demasiado patriarcal— al estar relacionado con el hecho de no haber concebido un hijo o hija, y por consiguiente no materializar una de las principales expectativas para las mujeres como lo es la maternidad.

Sin embargo, ahora me gusta verla desde la perspectiva de que las mujeres, como la luna, somos cíclicas y que como tal debemos aprovechar la oportunidad para que ese desprendimiento no sea solo a través de los dolores sino de todo aquello que nuestro cuerpo no necesita y que aprendamos a perderle el miedo y reconciliarnos con la menstruación.

 

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Estudiante de último semestre en la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma De Yucatán. Integrante de Amnistía Internacional Yucatán e investigadora sobre derechos humanos y perspectiva de género.

Siempre me estoy cuestionando todo y a veces escribo sobre ello.

Soy amante del impresionismo porque me hace pensar que en realidad la vida es una imitación del arte.

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