Querido ¿Aliado?

Con la aproximación del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, así como el ya anunciado Paro Nacional del 9 de marzo, muchas empresas, organizaciones, instituciones, universidades y hombres han manifestado su acuerdo o desacuerdo con las actividades/marchas/caminatas/manifestaciones o con el paro en sí mismo.

Tras una publicación que compartí en una de mis redes sociales, recordé una pregunta que anteriormente ya me habían realizado: ¿existen lOs aliadOs?

Esta pregunta no solamente se ha presentado en el movimiento feminista, también en el colectivo LGBT+ y otras luchas sociales. Personalmente, mi respuesta sería muy similar en cada caso, reconociendo las particularidades para cada una de las luchas, pero para mejor ejemplificación, en este artículo me referiré al movimiento feminista.

El concepto de “aliado” busca identificar a personas que no forman parte del grupo en situación de vulnerabilidad (mujeres, comunidad LGBT+, personas indígenas, etcétera), pero que “apoya la lucha” y la “respalda”. Por ejemplo: hombres frente al feminismo, personas heterosexuales y cisgénero frente a la comunidad LGBT+, personas no indígenas frente a la lucha de las personas indígenas, entre otras.

Aterrizando la pregunta al movimiento feminista: ¿Los hombres pueden llamarse feministas/feministos? Yo respondería que no, y antes de cerrar este artículo, te invito, lector/lectora, leas hasta el final.

En primer lugar, porque no le corresponde al “aliado” denominarse de tal forma; decidir si esa persona es “aliada” les corresponde a las personas que son la lucha, porque son quienes viven la opresión por parte del sistema y quienes identificarán si los actos o palabras del “aliado” son congruentes con ese nombre.

Segundo, los procesos de deconstrucción son continuos. Nacemos y crecemos en un mundo lleno de estereotipos patriarcales, racistas, clasistas, capacitistas, etcétera; por lo que cuando comenzamos a cuestionarnos estas construcciones, se vuelve un proceso constante y muy largo.

Nos vamos dando cuenta de que las violencias que nos rodean no siempre son tan evidentes como creíamos, y que están tan arraigadas a nosotrxs que no solamente nos hace reflexionar sobre violencias anteriormente vividas, si no que además nos exige repensarnos día a día.

Iniciar este proceso no significa que a partir de ese momento no volvamos a ejercer violencias, pues somos personas socializadas en un mundo hegemónico, en el que estos sistemas opresores dominan. Pero sí significa que pensemos dos veces si algo violenta o no, puede que tropecemos y descubramos que algo que no pensamos que era violencia, lo es; lo importante es identificarlo, evitarlo o no volver a pensar/decir aquello.

Los hombres pueden deconstruirse, cuestionar y repensar su masculinidad, pero desde su posición como hombres será un proceso largo y continuo, no inmediatamente se encuentran exentos de ejercer violencia contra nosotras.

Así como cada quien, desde nuestro privilegio de no ser indígena, no ser una persona con discapacidad, etcétera, puede (y es necesario) que iniciemos el camino de cuestionar(nos), este siempre deberá ser continuo y consiente, ya que nunca podremos entender en su totalidad lo que es formar parte de ese grupo, porque no somos el grupo, nuestras experiencias e historias de vida, siempre serán diferentes.

Tercero, el tipo de violencia. Y para este punto me parece sumamente importante hacer hincapié en las particularidades de la violencia contra nosotras. Cuando decimos que la violencia contra nosotras es histórica, sistemática y estructural, nos referimos a que la violencia contra las mujeres ha estado presente a lo largo de la historia y se encuentra arraigada en todas las personas, instituciones y estructuras de poder.

Desde la creación de los “Derechos del Hombre y del Ciudadano” (y desde antes) las mujeres han sido vistas como personas de segunda categoría, y no fue un error de redacción, no se contemplaban derechos para las mujeres, no podíamos tener propiedades, por el contrario, la mujer era considerada propiedad del marido o del padre.

La discriminación sistemática contra las mujeres se basa en vernos como “el sexo débil”, dependientes del hombre (llámese marido, padre, hijo o Estado), y a quienes se les ha legitimado para decidir sobre nosotras, sobre nuestro cuerpo, bienes y vida.

Por esto mismo, nuestra lucha se basa en nuestra autonomía, en decidir sobre nosotras mismas, incluyendo la manera en la que nos manifestamos y si decidimos o no llamarles aliados.

Querido, aliado, no queremos “tu respaldo”, queremos que respetes nuestras decisiones sobre nuestra lucha y nuestro cuerpo; decisiones que se han expresado e incluso explicado, y que antes de criticar o intentar imponerte, puedes buscar en internet y leer sobre ello. No quieras evitar que “vayamos solas”, no vamos solas, vamos juntas, cada vez somos más, y somos más fuertes.

Es cierto, no es una lucha entre hombres y mujeres, pero tampoco es entre gente buena y gente mala. La lucha es de nosotras contra el patriarcado, somos nosotras luchando contra todo un sistema, del que tú, “aliado”, formas parte.

Se ha dicho fuerte y claro: no queremos aliados, queremos desertores del patriarcado; queremos que se cuestionen a sí mismos y a sus amigos, dejen de consumir pornografía, dejen de “pasar el pack”, señalen las violencias de “sus compas”, dejen de solapar a su amigo acosador, sean responsables afectivamente, etc. Hay mil cosas que pueden hacer desde el espacio que YA tienen, antes de ponerse un pañuelo verde y llamarse a sí mismos “feministas/os”.

No queremos que la universidad nos “perdone la falta”, queremos que los maestros dejen de acosarnos y que, si lo hacen, los castiguen, no que los cambien de plantel o digan que “renunció por otra oportunidad laboral”. Queremos que en las aulas los profesores dejen de preguntarnos cuándo planeamos casarnos, o que nos sugieran otras ramas de estudio “más compatibles con la vida familiar”.

No queremos empresas que “aplaudan el paro”, queremos empresas en las que no haya brecha salarial, con paridad, donde no nos hagan firmar cartas compromiso de no embarazarnos, ni nos pidan la prueba de embarazo antes de contratarnos, donde las prestaciones por maternidad y lactancia sean una realidad.

Gobierno, no queremos que “celebres a las mujeres”, queremos que investiguen y sancionen los feminicidios, las desapariciones, las violaciones, el abuso sexual, la violencia intrafamiliar y el acoso. Que sus policías y militares no nos violen ni chiflen en las calles, que despenalicen y legalicen el aborto, que los servicios de salud nos permitan la ligadura de trompas aun sin tener hijos.

La invitación sería la siguiente, “aliados”: este 8 y 9 de marzo, antes de organizar un evento, publicar un artículo/nota, ponerse un pañuelo, etc., pregúntenles a sus feministas/mujeres más cercanas como pueden apoyar, si necesitan que las cubran en el trabajo, que alguien las vaya a buscar a la marcha, etc.

Junten a sus amigos y vean “no soy un hombre fácil”, sálganse de ese grupo que pasa packs, señalen la violencia en los espacios que ya tienen y transfórmelos. Nosotras ocuparemos los espacios que consideremos necesarios, se discutirá entre nosotras y lo haremos juntas.

Para finalizar, quisiera dejar como ejemplo un tweet de Daniel Moreno, Director de Animal Político:

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Estudiante de décimo semestre en la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Yucatán. Miembro del Colectivo Más Derechos Humanos y de Amnistía Internacional Yucatán.

Escribo de temas de interés social con perspectiva de derechos humanos.

"Cada quien necesita viajar a su propio tiempo por su propia distancia".

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