El populismo: fenómeno destructor de instituciones democráticas y factor divisor de sociedades

La democracia, como todo sistema político, enfrenta retos y dificultades. A pesar de no ser un sistema perfecto, es el único que permite a todes les ciudadanes participar e involucrarse en la toma de decisiones que definen el rumbo de un país. Sin embargo, la democracia hoy en día enfrenta un reto que amenaza con destruir los mismos valores democráticos, así como pone en jaque la unión de la ciudadanía y amenaza la existencia de las instituciones democráticas. Estamos hablando del fenómeno llamado populismo. 

Ahora bien, antes de iniciar nuestro análisis de porqué este fenómeno populista es una amenaza a las instituciones políticas democráticas y el porqué divide a nuestra sociedad, es menester primero que nada definir qué es el populismo. No obstante, resulta una tarea difícil decir qué es, por lo que procederemos a nombrar sus características y su origen con la finalidad de poderlo identificar. Enseguida, ya definidas sus características, analizaremos como estás provocan un caos a las sociedades democráticas. 

En primer lugar, hay que decir que el populismo surge en respuesta a una particular coyuntura política, la cual consiste en que las instituciones democráticas ya sean políticas, económicas o sociales sufren una aparente “inhabilidad” para dar respuestas eficaces a los problemas actuales. De ahí que las personas ciudadanas tengan un sentimiento de decepción hacia las mismas instituciones que crearon y por ende, se vuelvan un campo fértil para discursos que prometan tener soluciones rápidas y sencillas a problemas largos y complejos, tierra fértil a los discursos que creen interpretar el sentir de los ciudadanos en una sola voluntad cuando en realidad hay distintas voces e ideas entre las personas. 

La insatisfacción de los ciudadanos aunada al sentimiento de querer un cambio en la situación actual, provocan el surgimiento personajes que creen y dicen representar este descontento popular. Estos personajes, por iluminación, saben el sentir del pueblo, saben sus quejas, pero sobre todo, conocen la solución a sus problemas. Más aún, saben quiénes son los culpables de la situación actual, y muchas veces o son personas “malvadas” o enemigos que buscan el destruir al pueblo. También señalan a nuestras instituciones políticas democráticas como cómplices de la deteriorada situación actual. Todo ello, en un claro ejercicio autoritario y demagógico al decir quienes sí son los rivales a vencer para que el pueblo resurja. En otras palabras, los populistas dividen a los ciudadanos, lo que provoca a una sociedad polarizada.

Los populistas tienen la característica común de personalizar a grados insospechados la política, creen que sólo ellos pueden dar respuesta a los problemas porque solo ellos saben lo que en realidad quiere el pueblo. Entienden a la política no como un diálogo constructivo ni como una suma de opiniones, sino sencillamente la entienden como su sola voluntad, por ende, las instituciones democráticas como pueden ser el Congreso de la Unión o partidos políticos opositores son denostados porque a la vista de los populistas son obstructores del progreso que ellos dicen representar. Es decir, los populistas piensan que su voluntad es la regla de oro para hacer política, a partir de su idea incuestionable e intachable los demás actores políticos deben adecuarse, porque de lo contario estos no atentan contra la voluntad del líder populista, sino contra la voluntad del pueblo. 

El discurso de los populistas está cargado de legitimación personal y carismática. Para los populistas su persona es lo que más importa en la certificación de su discurso, las ideas y proyectos no son relevantes, ni tampoco la experiencia profesional, sino lo que en verdad es relevante es el comportamiento moral de la persona y todo lo que él representa. Además, su discurso está lleno de exacerbaciones personales, pocas o nulas autocriticas a su persona y proyecto, por ende, descalifican a todos aquellos que los cuestionan, que los critican, que los ponen en tela de juicio y para eso buscan a medios de comunicación afines a sus intereses que proyecten lo que ellos quieren proyectar. A los líderes populistas no les agradan los medios de comunicación críticos e independientes. 

De igual forma, los populistas comparten una característica en común, la cual es que no les agrada rendir cuentas. Sin embargo, olvidan que toda persona que aspira a ser funcionario público debe rendir cuentas de sus actos, porque los ciudadanes tenemos el derecho a saber qué es lo que hacen en sus funciones.  De tal manera que, si al ciudadane se le niega la rendición de cuentas entonces ya no es la persona más importante del sistema político, en consecuencia, la legitimidad política ya no está en él para gobernar, y por ende, su opinión y sentir ya no es relevante. Así es, el populista al final del día va a terminar arrinconando a las personas que él dice representar.  

Los populistas nunca se hacen responsables de sus actos. Siempre la culpa es del de al lado o del rival, jamás la suya, si las cosas no van bien o tomaron una mala decisión, los más inocentes son ellos, jamás salen a pedir disculpas ni mucho menos a explicar en qué fallaron. Y si las cosas van mal o no salieron como ellos querían, culpan a varios factores y su discurso toma dimensiones de odio, de división. Sentimientos que solo polarizan. Por otro lado, los populistas buscan seguir destruyendo los pesos y contrapesos de los sistemas democráticos o a cualquier otra institución democrática con la justificación de que ellos fueron los obstaculizadores de su plan de “salvar al pueblo”, y por otra parte, esas mismas instituciones democráticas, en una valida lucha, buscan defender los valores de una sociedad más justa y democrática. Así, la sociedad entra en conflicto. 

Además los populistas no dan soluciones de raíz a los verdaderos problemas como lo son la falta de empleo, de educación de seguridad. No, los populistas crean programas remediales que no resuelven el problema, pero que les resulta popular y clientenar. En lugar, de crear empleos para que las familias tengan su sustento, los populistas les dan una canasta para su sostén, en lugar de crear escuelas y maestros de calidad, los populistas dan aparatos electrónicos a los estudiantes. En lugar de brindar seguridad a las y los ciudadanos, los populistas salen en los medios de comunicación a decir que la inseguridad no existe en el país; si la economía no crece, desde un decreto prometen que la economía va a crecer. En resumidas cuentas, los populistas lo que buscan no es la solución de los problemas, sino su mitigación y su control para conservar el poder. 

Los populistas aprovechan el enojo, la frustración de los ciudadanos para alcanzar el poder. Una vez en el poder, los populistas van a buscar dinamitar los mismos escalones democráticos que ellos utilizaron para acceder a ser autoridad. Los populistas atizan sentimientos de división y gobiernan con base en ello, en perjuicio de otras voces. 

El populismo es producto de la democracia y son también su verdugo. 

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Abogado por el ITAM. Me apasiona el análisis de temas políticos y
electorales. Soy un fiel seguidor de los Pumas. Apasionado de la
Historia y de la literatura.
En ocasiones soy corredor. Por destellos declamo poesía.
Frecuentemente escucho a “The Doors”.

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