Peter Pan o el niño que nunca será (del todo) dominio público

Peter Pan, o el niño que no quería crecer, quizá evitará algo más que convertirse en adulto: caer por completo en el famoso dominio público. Este conocido personaje, de la mano de un par de obras que protagoniza, es la excepción a la regla de los cincuenta, setenta y cinco, ochenta y demás cantidad de años a partir de la muerte del autor en que una obra se convierte en dominio público. Como quien dice, Peter Pan no caducará.

Al menos, no del todo. Aunque el copyright de Peter Pan ya expiró en la mayoría de los países —verá la luz en Estados Unidos en 2023—, el Great Ormond Street Hospital cuenta desde 1988 con un peculiar derecho a perpetuidad sobre las regalías generadas a partir de cualquier obra de teatro, radiodifusiones, película, serie televisiva, libro o adaptación con fines comerciales.

Sin duda nos encontramos frente a un caso excepcional en cuanto a las leyes de derechos de autor, que dictan la protección de los derechos patrimoniales sobre la obra aún después de su muerte. El tiempo de este derecho tiene una duración estipulada, posteriormente las obras entran a “dominio público”. Es decir, pueden ser utilizadas por cualquier persona sin necesidad de autorización o pago a un individuo o persona moral. Esto no exime a las personas de reconocer los derechos morales del autor, esto es, su cualidad como “padre” de la obra.

Es en el punto de “pago” donde Peter Pan no caerá por completo al dominio público. Si bien no hay que comprar los derechos de reproducción, sí se pagan regalías, al menos en Reino Unido. Para agregar, y pese a que Peter Pan protagoniza múltiples obras de Barrie, no todo goza de esta protección peculiar. Como te podrás imaginar, la situación se complica un poco: hay una fina línea entre lo que entra en la protección de Peter Pan y lo que ya es dominio público.

Ilustraciones de F. D. Bedford.

La historia de Peter Pan y el Great Ormond Street Hospital

Este muchachito apareció por primera vez en The Little White Bird de J. M. Barrie, un autor escoces que extendería su historia a una obra de teatro (Peter Pan, el niño que no quería crecer, también conocida como Peter Pan y Wendy, de 1904) y una novela (1911). En el in between, Barrie volvió a retomar la historia de Peter Pan que presentó en The Little White Bird y publicó un libro infantil titulado Peter Pan en los Jardines Kensington.

¿La verdad? Es un embrollo que sólo entiendo cuando tengo la mente muy despejada y me concentro. En fin, lo esencial es que las diferentes versiones cuentan la historia de un niño travieso e inocente, que tiene la habilidad de volar y no quiere crecer, pues detesta el mundo de los adultos (nuestros adultos). Sin duda, sea en novela u obra de teatro, Barrie vio una serie de éxitos con este personaje por su carisma y habilidad para encantar a las personas.

Pasaría un poco más de dos décadas desde la publicación de la novela cuando, en 1929, J. M. Barrie hizo lo inimaginable: donar los derechos de autor de Peter Pan al Great Ormond Street Hospital (GOSH), un hospital para niños y jóvenes en Londres. Cabe mencionar que incluso resultó sorprendente para la junta directiva del GOSH, quienes llevaban años recibiendo el apoyo de Barrie, hasta el punto de ofrecerle un puesto en el comité para la ampliación del hospital. Barrie rechazó el puesto, no sin decir que buscaría otra forma para ayudar. ¡Y vaya forma de ayudar!

¿Cómo llegó Barrie hasta esas instancias? ¿Qué lo motivó? Peter Pan lo puso en el mapa, y siempre destacó por encima del resto de sus obras… y lo entregó a un hospital. Todo por un bien mayor. El autor llegó a declarar que, en un momento, Peter Pan fue un interno en el hospital y por él hizo “ese pequeño acto” (GOSH).

Ante la muerte de J. M. Barrie en 1937, los derechos de autor de sus obras tenían como fecha de caducidad el primero de enero de 1987. Sin embargo, al año siguiente (1988) el entonces Primer Ministro de Reino Unido, James Callaghan, impulsó un cambio en la ley británica para extender algunos derechos económicos sobre las obras donadas por Barrie; en específico, la obra de teatro y la novela de Peter Pan (queda excluida The Little White Bird).

De esta forma, y aún después de vencer los derechos de autor según los acuerdos en esta materia, el GOSH posee a perpetuidad las regalías de uno de los personajes más populares de la Literatura Infantil. Ojo, no tienen injerencia en el uso de las obras de Barrie, es decir, no autorizan ni deniegan, y sólo aplica en el Reino Unido. Aún así, representa un caso peculiar para los derechos de autor.

Oh… ¿un rollo no? Y ni hablamos de Peter Pan, Disney y el GOSH. De por sí es un poco complicado diferenciar qué entra y qué no entra en los derechos que tiene el Great Ormond Street Hospital (pues es el mismo personaje), no pretenderé meter un tercer elemento a la ecuación.

Ilustraciones de F. D. Bedford.

¿Derechos a perpetuidad?

Usualmente, como es el caso de Mickey Mouse, los derechos de autor se pelean por cuestiones comerciales y los nuevos plazos se hacen por lo mismo. A esto le podemos sumar que muchas veces los autores no son los verdaderos dueños de sus obras, sino casas editoriales o disqueras, en el caso de los álbumes. Por lo tanto, los que más se benefician no son los creadores y familiares, sino terceros.

Peter Pan es el único caso que se ha peleado por un bien social, por seguir representando un ingreso para un hospital para niños, ¿pero hasta qué punto es válido cambiar la ley para mantener los derechos de autor de una obra? Éstos otorgan derechos sobre sus obras literarias y artísticas, ¿qué tan válido es prolongar estos derechos cuando ya no sirven a su autor o a sus familias?

Mientras que el caso del Peter Pan de Barrie es totalmente extraordinario, sin duda se ha convertido en el centro polémico de muchas preguntas sobre el propósito de los derechos de autor, su duración y posibles usos en el futuro. Por lo pronto, una cosa es segura: Peter Pan seguirá apoyando para el financiamiento del GOSH. ¿En qué medida? Eso quizá nunca lo sabremos.

Comunicóloga. A veces hablo de libros y escritura creativa, el resto del tiempo colecciono historias y postales. Se me va el avión, una disculpa.
En todas las redes como Bookish Bruha. Esa h no es muda.

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