Pensando en la Diversidad: Notas para entender la Teoría Queer

Por Gerónimo García (Twitter: @darky04 e Instagram: geroxicon )

A lo largo de su historia, el feminismo ha albergado diferentes movimientos y luchas políticas denunciando y reclamando la promesa fallida de la ilustración, a saber: la igualdad entre hombres y mujeres. Estas luchas han ido cambiando a lo largo del tiempo, puesto que si algo que denuncia con claridad este movimiento político y social son los diferentes sistemas de opresión que reproducen ciertas estructuras de poder. Particularmente, el siglo XX se han librado batallas diversas contra el patriarcado: desde la lucha por los derechos reproductivos y sexuales de las mujeres, pasando por desmontar los roles de género desiguales hasta la posibilidad de vivirse y existir en la diferencia.

Si bien los derechos civiles de las mujeres fueron ganados a lo largo del siglo pasado, algo de lo que el movimiento feminista se percató es que la opresión era sistemática y estructural y que no bastaba con tener escritos derechos para que se respetara su integridad o su existencia misma, en este contexto apareció el término de patriarcado para denunciar cómo los hombres, pese a todo, tenían aún la potestad. Sin embargo, la lucha contra el patriarcado pronto invisibilizó a otras formas de vivencia e identidad que no estaban inscritas como heterosexuales. En esta última, durante la década de 1990 principalmente en Estados Unidos y Europa, emergen una serie de variadas reflexiones cuya finalidad consistía en desmontar la idea de que género y sexo eran equiparables (o tratables como sinónimos) y en la posibilidad de reconocer la diferencia.

En años recientes en nuestro país, en distintos espacios de reflexión y académicos, ha comenzado a resonar con una fuerza cada vez mayor un término peculiar, me refiero a la teoría queer. Una teoría es un conjunto de ideas, conceptos, reglas, principios o conocimientos que tienen por objetivo dar una explicación compleja (y completa) de algo que acontece: sea en la ciencia, sea en el saber humano. En un sentido amplio, la teoría queer trata de dar una serie de explicaciones sobre la cuestión de la identidad y la sexualidad, pero a la vez, es más que esto y, por extraño que parezca, esta no es una teoría como tal, pero que tiene los elementos para serlo y a la vez, no pretende constituirse como tal. suena confuso? No lo es tanto, pero vayamos por partes.

Primeramente, QUEER es un término del inglés que ha sufrido ciertos cambios a lo largo de su existencia: a inicios del siglo XX significaba “raro” o “fuera de lo común” y no tenía un sentido negativo. Posterior a la Segunda Guerra Mundial, empezó a ser usado de manera negativa para insultar a aquellos individuos que no se les identificaba como heterosexuales y empezó a tener un sentido negativo: un insulto que marcaba a aquelles que lo escuchaban, puesto que las palabras tienen un poder que va más allá de ellas mismas. Finalmente, con la llegada de la revolución sexual en las décadas de 1960 y 1970 esos mismos sujetos comenzaron a reapropiarse de la palabra como algo afirmativo de su identidad: “yes, I am Queer” gritaban con orgullo en las primeras marcha LGBT en Estados Unidos. Ahora, después de algunas décadas, queer suele ser usado como sinónimo de “homosexual”, pero de nuevo, tampoco es un término que quede reducido a eso. (ya sé, vuelvo a sonar confuso, pero esperen un poco que voy a aclararlo todo).

Teresa de Lauretis introdujo el término Teoría Queer para ser usado como una categoría que abonara al análisis de los dispositivos de opresión social en lo referente a la sexualidad. Pero que a la postre, la Teoría queer emergería como un área con interés por las implicaciones entre la clase, el género y su relación con elementos como el erotismo, la corporalidad, la subjetividad, el reconocimiento y la sexualidad como experiencia. Por su parte, Judith Butler estableció que esta propuesta reflexiva se dirimía entre la conformación de la identidad y en la posibilidad política de los sujetos que no se reconocían como heterosexuales y por tanto, no sólo están oprimidos por el patriarcado sino por la noción de lo que se considera como femenino y masculino.

Una primera indagación versaría sobre qué constituye a lo homosexual en un tiempo y espacio determinado denominado presente (lo que filosóficamente se le nombra “ontología histórica”), sin demeritar lo que significa “ser homosexual” (o gay), a pesar de la invisibilización impuesta por el pensamiento liberal (en la lucha de sus derechos civiles). Y otra, radicaría en la capacidad para deconstruir lo que significa ese “ser homosexual” evitando hacer una lectura errónea del sentido de ese nombre, es necesario recordar que el nombrar ya implica, de cierta forma, determinar qué es esa cosa nombrada (y que al mal-nombrar algo, se estaría limitando la expresión de esa cosa).

Sin embargo, la teoría queer tampoco busca establecer una categoría ni pretende definir qué es un homosexual (gay o lesbiana), intersexual, transgénero o transexual (o cualquier otra forma de práctica no heterosexual) sino en explorar las posibilidades en el devenir de tales prácticas. En este sentido, lo queer busca transgredir lo socialmente “aceptado”, “normal” y “establecido” y que, sobrepase la lógica heterosexual. La teoría queer rechazaría un “encasillamiento” de las prácticas y expresiones sexuales, pues atentaría contra el devenir mismo de la diferencia, es decir, lo no-heterosexual. Puesto que, persiste la idea de que la identidad es algo fijo y que no puede cambiar, aún más, la afirmación de que la propia genitalidad determina como destino social inevitable.

Finalmente, desde hace algunos años, los autores “nor-europeos” y estadounidenses han dejado de producir y reflexionar en torno a la teoría queer. Esto, probablemente debido, por un lado, por la agenda del liberalismo democrático en materia de Derechos Humanos (con la pretensión, de que, con el otorgamiento de derechos, el conflicto social acabaría) y, por otro, por la captación de la academia de los temas y su relación (al parecer “más aislada”) con movimientos políticos queer. Sin embargo, la experiencia de lo queer pensada desde nuestros contextos históricos particulares y con la lgbtqfobia imperante, el poco reconocimiento y respeto de los derechos de la diversidad sexual ha hecho que la reflexión sobre lo diferente se vuelva un tema imperante entre los colectivos LBGTQ en nuestro país. La teoría queer es una forma de pensar de manera diversa sin pretender imponer su reflexión a otras formas de sentir, de vivir o habitar el mundo; es también lucha política porque se reconozca la diferente forma de amar, de sentirse con uno mismo sin temor a ser rechazado, perseguido o asesinado por alguien que cree que su forma de ver las cosas es la verdadera o la correcta; es ampliar la mirada, a aceptar, a tolerar y entender que este mundo es mucho más amplio de lo que nos han llegado a decir y a enseñar.

Por eso, la teoría queer no es una teoría puesto que no tiene como finalidad imponer de manera normativa, obligatoria y única la forma en cómo esta ve la sexualidad, la identidad o la misma lucha por el reconocimiento básico de la existencia, pero sí es todo un conjunto de reflexiones que permiten abrir la discusión y la forma en cómo vemos estos elementos para habitar de mejor manera el mundo y la forma en cómo nos relacionamos con los otros.

Fondea el contenido joven

YucaPost es un proyecto autogestivo y sin fines de lucro. No recibimos patrocinios privados ni fondos públicos, pero tú puedes ayudarnos suscribiéndote a nuestro Patreon o haciendo una donación por PayPal. Tu apoyo será destinado exclusivamente a pagar costos de dominio, mantenimiento y alojamiento.

¡Lee a las invitadas e invitados de YucaPost!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *