No estamos confundides somos bisexuales

Escrito por: Michell Chérriz Gómez

Editado por: Frida Reyes

El año pasado estaba en medio de una tormenta. Ansiedad, crisis existenciales, una ruptura amorosa muy grande… siendo sincera, me sentía confundida sobre quién era. Nunca me había cuestionado qué era lo que realmente sentía y quería. Durante ese tiempo conocí a Jessica, una mujer magnífica que, siempre cariñosa conmigo, me movió el corazón y me ayudó a respirar. Verla en el baño de la escuela para darle un beso era lo que más me emocionaba. Definitivamente, creía que estaba equivocada, aunque desde pequeña, muy en el fondo, yo sabía que las mujeres también me gustaban; era frustrante no poder decirlo por temor a lo que dirían las personas que me rodeaban. Mis amigues creyeron que solo era una etapa, por lo cual me alejé de ella.

En mi interior, sabía que nadie debía hacerme menos por mis emociones ni sentimientos. Entonces, decidí contarle a Iván, mi mejor amigo hasta la fecha. Para él fue muy sencillo escucharme y entenderme; lo único que respondió fue “está bien, eso es bueno”. Se me quitaba un peso de encima, pero ahora me sentía en negación. Aún suponía que estaba confundida, que gustar de ambos sexos me era una imposibilidad, que algo de cierto debía haber en lo que decían los medios de comunicación: era una moda. Tenía tan interiorizada la bifobia que yo misma dudaba de mis sentires y me parecía imposible que fuera bisexual.

En agosto de 2019, mi vida cambió completamente: encontré a mis actuales amigues, conseguí un trabajo y entré a una nueva escuela. Todes elles fueron fundamentales para poder soltarme poco a poco. Aun cuando en ese momento yo seguía dudando de mi orientación sexual, opté por reunir a mis amigues y decir en voz alta lo que pensaba. Quería que “salir del clóset” fuese lo más relajado del mundo, porque sabía que era algo normal, pero las lágrimas llegaron a mí y abrazando a une de elles conté lo que sucedía en mi mente. Entonces, alguien dijo: “Michell, te gustan las mujeres y los hombres, eso está bien. No es ninguna etapa, ni estás confundida. Es lo que eres y debes sentirte orgullosa de eso”.  Fue en ese momento cuando elegí nombrar con orgullo mi bisexualidad, defender que amar -de cualquier manera- es válido, que nosotres deberíamos querer y desear a cualquiera sin sentirnos juzgades por la sociedad que nos ha enseñado que lo único correcto es ser heterosexual.

Crear un espacio para mi dónde mis amigues me dieron su amor y comprensión fue muy importante para poder sanar. Hallar espacios en el feminismo donde muchas mujeres bisexuales se unieron a mí lucha, me abrazaron, escucharon y ayudaron a cruzar mi tormenta de aceptación, en la que reflexioné y al mismo tiempo lloré, fue lo mejor que me pudo haber sucedido.

Ser bisexual es un acto de resistencia. Amar y generar vínculos eróticos con alguien del mismo género o de uno distinto no te hace ni más ni menos bisexual; ponernos una medida o cargar con un discurso aclaratorio sobre nuestras elecciones a la sociedad cis-heteropatriarcal (que piensa que estamos en una transición hacia la homosexualidad o lesbianismo), es cansado e incluso doloroso. Miembres de nuestra propia comunidad LGBTTTIQ+ nos han invisibilizado muchas veces porque piensan que estamos confundides, reduciéndonos a una imagen estereotipada llamándonos “heterocurioses” o “medio gays”. Componen una narrativa de personas promiscuas que no se enamoran ni crean vínculos afectivos, incapaces de abordar relaciones serias, cuando nosotres podemos ser monógames o poliamoroses como cualquier humano y está bien.

Vía: Pinterest

En un mundo donde la bifobia nos persigue constantemente, nombrarnos bisexuales es una postura política. Existimos a fuerza del amor y la ternura. Lo he repetido anteriormente, pero es importante entender que no somos “gays de closet” ni estamos confundides o experimentando; somos valides, nuestras emociones son importantes y no necesitamos mantener una relación para demostrarle a les demás nuestra orientación sexual.

Muchas personas han dudado de mí, incluso gente que considero cercana, hablando a mis espaldas y comentando que “solo estoy experimentando” porque no he tenido una relación formal con una mujer durante estos meses. Quiero que quede claro que nosotres no tenemos la obligación de darle explicaciones a nadie sobre nuestras relaciones amorosas, nuestro único deber es amarnos y comprendernos a nosotres mismes. Hoy no me encuentro en una lucha interna conmigo misma, pero sé que muches leyendo esto aún están pasando o pasarán lo que yo; a elles quiero decirles que no tienen que creer que su sentir es una equivocación. Basta de este silencio que nos oprime como comunidad. Hagámonos visibles juntes. Luchemos contra nuestra bifobia interiorizada. Reafirmemos nuestra existencia.

Amar siempre será un acto político.

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