La naufragante cuarta transformación

El día de ayer por la mañana, Carlos Urzúa renunció a la titularidad de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público –SHCP-. Con su renuncia, la 4T ya suma seis funcionarios que deciden “tirar la toalla”. Simón Levy, quien fuera subsecretario de turismo, Germán Martínez como director del IMSS, Josefa González Blanco Ortiz Mena ahora ex secretaria de Medio Ambiente y Recursos Naturales, Tonatiuh Guillén López quien fuera comisionado del Instituto Nacional de Migración, Gualberto Ramírez Gutiérrez, que dejó la Unidad Antisecuestros de la SEIDO y la más escandalosa, la del titular de la SHCP.

En mis dos entregas anteriores, escribí sobre las renuncias de Germán Martínez y la de Tonatiuh Guillén. La última bajo el título de: “Crónicas de una muerte anunciada en la 4T” y aunque ésta no es la muerte anunciada, es un golpe que pone a la 4T “en la lona”.

En mi artículo anterior mencioné lo siguiente: “Andrés Manuel aplaude a quienes le dicen sí a todo -un saludo a Carlos Urzúa- y desprecia a quienes le dicen: no estoy de acuerdo, no puedo trabajar con esto, los números no dan, la economía no lo sostiene, el análisis político no lo justifica y la gente no lo resiste” y por lo contenido en la carta de renuncia de Carlos Urzúa, todo parece indicar que sí, me equivoqué. Lo que sucede en la Secretaría de Hacienda es más grave de lo que imaginábamos y el ahora ex secretario no era tan florero como pensé –o tal vez no lo fue del todo-.

La carta de renuncia fue perfecta por ser una denuncia breve, severa y puntual, aunque debería alarmarnos demasiado. Destaco del segundo párrafo, la mención que hace sobre la falta de sustento en las decisiones de política pública, el extremismo y la falta de evidencia en la política económica. La razón por la que Andrés Manuel se va todos los días contra Reforma, politólogos, economistas, analistas y periodistas serios, pujantes y críticos; es porque tenían razón. La carta de Urzúa es una denuncia que nos sorprende, pero no sé qué tanto debería hacerlo. Es la lectura que se le daba a las decisiones de este gobierno y la ignorancia del presidente en materia económica o más bien a la técnica en todas las disciplinas.

Además de una economía mal manejada e improvisada, el segundo punto que me parece que es igual de alarmante –ya que no puedo jerarquizar como uno más grave que el otro–, es la corrupción que tanto daño le ha hecho al país. Con respecto a lo anterior, Urzúa dice: “Esto fue motivado por personajes influyentes del actual gobierno con un patente conflicto de interés”. ¿A qué nos recuerda? A lo de siempre. A la vida política de nuestro país. A nuestro sistema de partido hegemónico en manos del PRI y a la época binominal PRIANISTA; las mismas mañas, el mismo nepotismo, el mismo capitalismo de cuates y la misma corrupción.

Andrés Manuel está mal encaminando su gobierno. La 4T dejó de ser la 4T hace ya un par de renuncias y atropellos. Germán, Tonatiuh y Carlos, al menos han hecho lo que en otros gobiernos no se ha dado: la denuncia, la crítica y la prevalencia de los principios éticos. Aunque les doy gracias, también lo lamento. Son personas críticas, servidores públicos ejemplares y personajes cuyo desenvolvimiento en sus distintas áreas de interés, deberían ser parte de una verdadera transformación.

Quedó comprobado. Estamos ante un gobierno improvisado, que ignora, nepótico, ocurrente y caprichoso; corrijo: ante un presidente, porque lejos de ser un gobierno funcional o un engranaje de servidores públicos que trabajan con base en una agenda pública con políticas públicas bien definidas, estamos ante el escaparate y eclipsante presidente “estrella”.

Poco importa el nombramiento de Arturo Herrera como Secretario de Hacienda. Podrían nombrar a Gerardo Esquivel y seguiría haciéndose la voluntad del presidente. Además, queda en manos del propio Herrera ganar la confianza de los inversionistas para evitar una fuga de capitales. Tendrán –juntos- que reestructurar la economía, hacer políticas públicas viables y definir el camino. Pero, sobre todo, Andrés Manuel tiene que hacer una introspección de su gobierno, de sus decisiones y de su actitud. El presidente tiene que darse cuenta de que el barco aún no se hunde, pero que naufraga y pone en riesgo a todo un país.

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Tengo 23 años y estudio derecho. Escribo de lo que me transita desde los derechos humanos. Me interesan los temas de justicia distributiva, políticas públicas y derechos de las personas LGBT+. Lo más importante para mí en este blog, es ofrecer un espacio seguro para todas las personas históricamente discriminadas a las que nunca nos han escuchado.

Considero que es importante cuestionar todo desde el aprendizaje empático y en compañía de una taza de café.

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