Mi Vida Bisexual

-Miguel Ángel Grajeda

Mi nombre es Miguel, un chico de 26 años de edad, nacido y crecido en un pequeño barrio del Estado de México.

Cuando creces en una familia y un barrio donde los roles de género y el machismo son muy marcados, se convierte en algo difícil poder expresar tu orientación sexual. Todo el tiempo te enfrentas a situaciones complejas que la realidad del mundo te pone enfrente, como que tus amigos te digan “puto” cuando reconoces que un hombre es guapo o atractivo, que tus amigos y amigas más cercanas no puedan comprender o tal vez, no quieran comprender que me puedan gustar las personas de mi género y de otros. 

Esas situaciones que viví día a día hicieron que mi cabeza se volviera una enredadera, todo se convertía en confusión y en una sensación de sentirme extraño, inadaptado.

Desde pequeño, cuando iba en sexto de primaria, conocí a un niño de mi edad que me dijo “me gustan los hombres”. Al contarme lo que sentía, me hizo pensar lo que a mí me gustaba, me hizo preguntarme si estaba mal que a mí me gustaran hombres y mujeres.

Durante toda la secundaria negué que me gustaban los hombres y traté de demostrar mi “hombría”, teniendo muchas novias, besando a mis amigas, etcétera. Yo quería demostrar que era un hombre “normal”, tal situación y conducta me hacía sentir de lo peor, me sentía desorientado, triste, en algunas ocasiones enojado conmigo, sabía que dentro de mí estaba negando algo que quería.

Era como ser dos personas distintas: ante mi familia, amigos de la escuela, vecinos, era aquel hombre heterosexual, fuerte, que jugaba futbol, que bebía en las calles con mis vecinos y el que mostrara más su hombría se convertía en el macho alfa; pero en fiestas y lugares donde nadie me conocía era aquel chico liberal al que le gustaban hombres y mujeres, que podía ser como yo quisiera.

Esto pronto se convertiría en una situación de frustración para mí. No tenía a quién acercarme, por ningún motivo podía platicarlo con mi familia; yo sentía que me iban a mandar a un psiquiatra y mis amigos y amigas en muchos casos traté de decirles cómo me sentía y el por qué, pero nunca me comprendieron, para ellos sólo estaba jugando, sólo decían “ajá si, eres gay”

No tenía las herramientas y la información necesarias. Yo sentía que algo estaba mal conmigo, era una persona extraña y pensaba que no era normal que me pudieran gustar ambos géneros, no era homosexual porque me gustaban las mujeres, pero tampoco podía ser heterosexual porque me gustaban los hombres.

A finales de mi etapa en la secundaria, conocí una chica que me ayudó bastante a aclarar mis ideas, me hizo darme cuenta que no estaba mal lo que sentía y lo que me gustaba. Esta amiga trabajaba en una organización civil dedicada a la planeación familiar y la salud sexual. Ella comenzó a involucrarme en sociedad civil a mis trece años y comencé a llenarme de herramientas e información.

Aquí descubrí que yo era “bisexual”, una categoría bastante rara y nueva para mí, que realmente significa el gusto por las personas sin importar su género, es decir, que lo atractivo que veo en las personas va más allá de lo físico, eso es bastante complejo pero me hace sentir feliz.

Alguna vez la chica que comenzó a involucrarme en sociedad civil me dijo: “esa confusión que tú llegaste a tener y esos malos ratos, también los tienen otras personas y la mejor manera de contribuir es visibilizando el tema y las experiencias”.

Ilustración: Kiv Bui

Lo que me dijo mi amiga aquella vez me hizo sentir mucho mejor, me hizo darme cuenta que somos muchas personas bisexuales, tal vez los hombres menos visibles, ya que como hombre te catalogan de gay, aunque seas bisexual. Lo importante es que la bisexualidad es mucho más interesante que sólo el gusto por ambos sexos, es romper esta idea de dualismo que nos han implantado a través de los años, romper con la idea de bueno-malo, hombre-mujer, feo-bonito, esto es el dualismo y ¿por qué no nos pueden gustar ambas cosas?, esto es romper con los estereotipos, romper con lo que creemos que es normal.

Si la sexualidad en mi familia era un tema lleno de estereotipos y tabúes, se convertía en algo extremadamente malo que hubiera un chico bisexual. Con el paso de los años me dí a  la tarea de ir rompiendo en mi familia dichos estereotipos, es una tarea ardua pero es posible. Lo importante es visibilizar y que hay distintas formas de vivir la sexualidad y hay distintas formas de tener una orientación sexual.

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