Manifiesto de la colectiva AFROntera

Ciudad de México, México, 8 de marzo 2021

Ante el creciente auge del feminismo eurocéntrico y colonial, desde AFROntera[1]  este 8 de marzo gritamos que no somos feministas. No nos interesa reivindicarnos desde ahí porque no cabemos.

No somos mujeres, somos bestias. Somos prietas, negras, sudacas, chicanas, migrantes, putas, indias, trans, travestis, pobres, periféricas, fronterizas, las bisnietas y nietas de todas aquellas a las que explotaron en las plantaciones, en la zafra, en maquilas, en las zonas francas, en las fincas y en las casas de familia de mujeres y hombres blancos. Sólo las mujeres son humanas y sólo las humanas pueden ser feministas.

Ser mujer es una invención colonial asignada a las mujeres europeas y mestizas criollas en Abya Yala. A nosotras las racializadas nos inventaron como no humanas, bestias y salvajes. Somos el resultado de la colonialidad de género y la construcción del mundo desde la “raza” como paradigma de organización.

Nosotrxs como sujetxs fronterizxs, vivimos violencias y opresiones imbricadas, no sólo por el sexo-género, sino también por el capitalismo, el racismo, el colonialismo, el capacitismo y todos los entramados de opresión que implican la colonilidad del poder en un mundo dónde deben existir clases sublaternas racializadas para que haya un clase domininante, blanca y colonial.

Nos rehusamos a leer el mundo desde un solo lugar, porque implica dejar muchas cosas por fuera. Hacer un análisis únicamente desde el patriarcado es un error, el análisis no puede darse solamente desde ahí por varias razones: el patriarcado no es universal, hacer esta lectura es un ejercicio de colonialismo discursivo. El sistema mundo en el cual vivimos es una matriz de poder que no se reduce a lo patriarcal. ¿O acaso, feministas, creen que los hombres y mujeres en la cárcel están allí sólo por el patriarcado? ¿O que su trabajadora doméstica/sirvienta/mucama lo es porque el patriarcado la obliga a serlo? Leer el mundo en lógica patriarcal es un privilegio propio de ciertos sujetos burgueses o aburguesados.

El feminismo es un espacio que está dado sólo para mujeres, diversas, pero para las mujeres. Articular un movimiento en un sujeto construido desde la subjetividad de occidente es un grave error. Porque nosotras no fuimos y no somos mujeres.

Tampoco somos hombres, renegamos del binarismo de género, de la heterosexualidad como régimen político y de todas las lógicas binomiales de sexualidad que sostienen el capitalismo y la colonialidad.

Renegamos, huimos de ellas, no nos interesa ocupar esos espacios de las “mujeres universales”. Y es que no somos universales, apelamos a la singularidad de las múltiples subjetividades en el planeta. La categoría mujer fue y sigue siendo construida desde occidente por la blanquitud. Abandonar ese lugar que, últimamente se ha convertido en el heredero del victimismo universal, creemos que es una postura descolonial. Abandonarla para abrazar la bestilidad de nosotras que, en palabras de Gloria Anzaldúa, somos las bestias de las sombras, las raras, las mitad y mitad.

No somos teoría, somos carne negra, india, mestiza, sudaka, racializada. Renegamos de sus PDFs y de sus lecturas descorporizadas. Negamos toda tendencia de ser y regresamos a escucharnos, a vernos a la ojos, a contarnos historias, construir desde lo vivido. Cuando se construye desde ahí, desde la piel que siente, desde la historia, desde la abuela negra campesina, desde nuestras malas experiencias de racismo como migrantes y cuerpos desplazados, es imposible ser TERF.

Así mismo, creemos que es importante construir colectividad desde la no virtualidad. Debemos regresar a lo inefable del cuerpo, del gesto, de las palabras vivas, de la mirada. Ante la pandemia, vernos a la cara, abrazarnos y bailar juntxs es algo potencialmente revolucionario. Nos negamos a usar las redes sociales como fin en sí mismo de una revolución. Nuestra apuesta política está allá afuera, en un afuera con y entre gentes, dentro de las posibilidades en las calles, no en un post de Instagram con frases rimbombantes con colores llamativos. Usamos las redes de manera estratégica y moderada, como canal de comunicación y difusión, también para conectarnos con otras personas que, al igual que nosotrxs, se organizan en contra de la matriz de opresiones en otros países.

No se puede ser mujerista, no se puede leer únicamente desde un lugar, porque las experiencias nunca parten de un sólo lugar, sino de muchos espacios y se intersectan con otras coordenadas.

No somos separatistas porque el problema es demasiado grande, ¿qué hago con mi hermano encarcelado? ¿Qué hago con mi papá? ¿Qué hago con mis tíos y primos? No renegamos de ellos porque allí es donde hemos encontrado el amor, no en la feminista burguesa u occidentalocentrada que dice: “renieguen de sus familias porque es opresión”, quizás la tuya, blanca.

En las comunidades y en los barrios, donde habitamos las personas subalternas racializadas, es donde alimentamos y encontramos nuestras potencias. Cállate blanca, nosotras apostamos por una lectura imbricada que no parte desde el exclusivismo, sino desde la apertura invitando a tejer formas de vida que, como nuestrxs ancestrxs cimarrones, escapen de este sistema moderno colonial, en el cual, están sus feminismos.

El feminismo no es una propuesta crítica porque tiende a biologizar y patologizar el comportamiento de los hombres. Nos oponemos a la biologización de nuestros compañerxs de lucha. A pesar de que los blancxs nos han hecho daño y también algunos hombres, no estamos de acuerdo con los discursos que pretenden justificar la violencia que los sujetos son capaces de ejercer por medio de la pseudo biología. Nadie es violento por naturaleza ni por genética. Nos oponemos a las lecturas simplistas que dicen que los hombres son opresores porque tienen pene y que las mujeres son oprimidas por el hecho de tener vulva.

Creemos que la noción de ser mujer es esencialista y biológica por fundación. La noción de mujer existe en un lógica relacional a la heterosexual, la cual es fundante del capital y la colonialidad. Ser mujer es un asunto aspiracional al emular lo blanco y lo nortecentrado. Siempre nosotras las no humanas queremos ser feministas porque queremos ser más humanas, mujeres, progresistas, civilizadas, ilustradas… Esto no significa que hoy dejemos de nombrarnos mujeres, sino entender que estamos en una constante lucha desde estos territorios extraeuropeos con esa idea de ser una buena mujer empoderada o una buena víctima.

Renegamos del lesbianismo transexcluente por racista y esencialista. Estar entre mujeres no es garantía de nada. Porque ser lesbiana no te excluye de tu producción subjetiva en la matriz de poder global integrado. Es ingenuo pensar que ser lesbiana te hace liberada, creemos que no todo coito es violación como muchas afirman desde sus feminismos radicales racistas. Violación para nosotras es lo que hacían los amos en la plantaciones con nuestrxs ancestrxs negrxs o en las actuales casas de familia. Muchxs de nosotrxs, mujeres negras y marikitas mestizas tercermundistas encontramos en la sexualidad liberación, amor y revolución, algo que se nos negó por mucho tiempo. Somos capaces de tomar decisiones consentidas y libres. ¡Blancas, cállense y dejen de hablar por nosotras!

El feminismo no es una teoría emancipadora porque pretende meterse en la intimidad de nuestras camas y dictar cómo, cuándo y con quién debemos acostarnos. QUEREMOS SER LIBRES.

En AFROntera apostamos por las preguntas, más que por los mandatos. Creemos en el poder que tienen las preguntas pertinentes en los momentos adecuados para generar movimiento y transformación.

De igual manera, renegamos de la cultura mainstream LGBTI+, que fragmenta y que ya dejó de ser disidencia para convertirse en un elemento asimilado por la lógica de representación y el capital. Apelamos a un movimiento que sea disidencia y contrasexual ante la heterosexualidad como régimen político, que no apele a la cultura gay – queer de los blancos del norte global. Abrazamos a todas las marikas periféricas que habitan con nosotras las cabañas en la plantación.

Existe un feminismo mentiroso que ama hablar de la interseccionalidad y diversidad, pero lo hacen de dientes para fuera, para verse progresistas y no rancias. La verdad es que nos desmarcamos del feminismo, porque queremos estar, vivir y construir un movimiento donde no es necesario la inclusión de nadie, donde no sea necesario remarcar la inclusión de negras, afros, indias y marikas, queremos un movimiento político decolonial donde, incluso, quepan personas con epidermis blanca.

Estamos contra todo esencialismo, dispositivo que es una estrategia del entramado colonial del sistema mundo. Nos arrojan a lo esencial porque las esencias siempre fragmentan y naturalizan los procesos de socialización. No sólo sufrimos violencia patriarcal, no sólo sufrimos racismo, ni clasismo, es mucho más ¿por qué no entienden? No elegimos ninguna trinchera, la verdadera solidaridad es pelear contra todo a la vez.

Ser feminista implica una lucha de mujeres para mujeres, borrando nuestras historias, blanqueando nuestra corporalidad, biologizando nuestrxs cuerpxs, higienizando nuestras prácticas, invalidando la lucha de mujeres racializadas por no ser feministas.

Pretenden invisibilizar nuestras raíces con otras mujeres que han subvertido el sistema moderno, blanco y patriarcal. Por lo anterior creemos necesario decir que el feminismo en México ha servido para perpetuar todos los discursos y prácticas de negación de nuestra existencia.

La negación de nuestros cuerpos, de nuestros saberes, de nuestros lazos afectivos, oponiéndolos a discursos de odio. Para nosotras resulta lo mismo la feminista blanca transodiante que la feminista radical que dice no ser transodiante, pero que tampoco se ha cuestionado su propio privilegio de raza, clase y género.

Basta de querer evangelizarnos con la teoría de mujeres blancas que responde sólo a sus privilegios. Condenamos el cristianocentrismo que abunda en los movimientos sociales.

Creemos que no necesitamos del feminismo para oponernos activamente al sexismo, al racismo y al colonialismo. Somos antirracistas, anticolonialistas y antipatriarcales. Somos hijxs de lxs ancestrxs que nos dieron libertad y estamos vivxs para continuar con su legado de lucha y resistencia.

Anacaona no fue feminista, tampoco Harriet Tubman ni Rosa Parks. Sin embargo, reconocemos que sus prácticas políticas anticoloniales, antipatriarcales y antirracistas han contribuido al pensamiento feminista negro y a las genealogías de resistencia de las mujeres indígenas. Y por eso, estamos hartas de que recluten en las filas del feminismo blanco eurocentrado a mujeres que nunca se alinearían con los postulados racistas de su teoría. No queremos que nuestras popolas sean colonizadas como feministas. Popola no es igual a mujer y mucho menos igual a feminista.

El feminismo es blanco por la noción de mujer, es transexcluyente y colorista. Es punitivista  por estar a favor de eso que han nombrado como “justicia”, pero que en realidad es la  cárcel y el control de los cuerpos racializados. Estamos en contra de todas las leyes que apelan a la justicia punitivista criminal. No queremos leyes, queremos que todas desaparezcan, incluyendo al Estado. ¿No se dan cuenta que sus propias leyes son las que perpetúan el  aparato represivo del Estado? Matemos al Estado. Todo feminismo que apela al Estado es liberal, y por ende, racista. Como negrxs no queremos leyes de antidiscriminación porque sabemos que esas mismas leyes serán las culpables de condenar a la cárcel a nuestros propixs compañerxs.

El feminismo es neoliberal. No compartimos que sea parte de la agenda de los organismos intergubernamentales porque al patrón de poder que encarnan no les interesa luchar contra ellos mismos. Denunciamos el feminismo ongeista que intenta civilizarnos con discursos progresistas y extractivistas financiados por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional.

El feminismo en México no sólo no es antirracista, es racista porque nos ha excluido. Estamos cansadas de que crean que la única posibilidad de lucha y organización en la actualidad es el feminismo, nos impresiona el desconocimiento tan bravo de la historia de la resistencia de los pueblos racializados, quienes llevamos 500 años haciéndole frente al sistema.

Tampoco estamos de acuerdo con la jerarquización de opresiones que ciertos grupos antirracistas reivindican dentro de la comunidad racializada. Basta de discusiones estériles en internet sobre quién la pasó peor durante la época de la colonia, si lxs indígenas o lxs negrxs. Tanto lo indio como lo negro, e incluso lo mestizo y todas las demás categorías de las castas inventadas por el colonialismo experiementan la opresión. Nos negamos a pelearnos con nuestrxs hermanxs no humanxs.

Personas negras e indígenas sufrieron la deshumanización, la esclavización, la muerte, el exterminio, el despojo y el secuestro. Creemos en la solidaridad entre los grupos racializados del mundo: gitanxs, musulmanes, árabes, chicanxs, mestizxs, prietxs.

¡Que nos una el desprecio por el sistema de la blanquitud! Pero no nos separemos por revisar quién tiene el pelo más rizado o más lacio. No podemos deslegitimar el trabajo de otrxs a partir de su aspecto. Renegamos del colorismo dentro de nuestras comunidades,  porque es un elemento de la blanquitud que desarticula las luchas entre quienes hemos sufrido múltiples procesos de racialización, banaliza el trabajo colectivo y nos orilla a jugar a las olimpiadas de la opresión.

Hacemos un llamado para que se entienda que la raza existe como sistema histórico, cultural, social, político y económico de dominación y explotación, mas no como un conjunto de características biológicas que nos hacen pertenecer a cierto grupo.

Nos parece importante reivindicar la identidad, pero no como fin en sí misma. Que las identidades sean estratégicas y políticas, no biológicas, como bien lo han señalado nuestras hermanas de lucha Ochy Curiel y Yuderkys Espinosa.

Las olimpiadas de la opresión no sirven para construir comunidad, por eso, en cambio le apostamos al amor eficaz y revolucionario, también a la sinceridad radical en el diálogo frontal y sincero. Nos amamos y nos respetamos tanto que creemos que no es necesario estar de acuerdo en todo para estar y trabajar juntxs. Consideramos que para construir comunidad es fundamental decir las cosas sin miedo a ser canceladxs, juzgadxs o escrachadxs.

La mayor radicalidad hoy es dejar de ser feminista y asumir un compromiso político que desarticule la colonialidad del sexo-género, la violencia racista, la opresión capitalista, la dominicación carcelaria y el control de los aparatos de Estado.

Apoyamos el trabajo sexual, y si quieren abolir algo, empecemos por la abolición del trabajo doméstico, las cárcerles, las maquilas o todos los trabajos del mundo que dinamizan el capital.

No nos sumamos a este 8M por blanco, porque siempre hemos tenido que justificar nuestra presencia allí. No usaremos las herramientas del amo para luchar contra la matriz de poder, abandonamos la casa del feminismo y toda la plantación. Ya no más.

Colectiva AFROntera[2]


[1] Esta es una declaración política de la Colectiva AFROntera que no pretende ser un texto académico, sino todo lo contrario. Se nutre de nuestras experiencias en espacios donde hemos creído que eran emancipadores y nos han lastimado. Ponemos sobre la mesa nuestros motivos e intenciones, llamando al debate colectivo desde el amor revolucionario, para construir alianzas fuera de occidente e  invitándoles a escaparnos juntas.

[2] Integrada por: Waquel Drullard, Atrid Cuero, Brenda Nava y Valeria Angola

 


Este texto no le pertenece al YucaPost. Hacemos una reproducción con el debido consentimiento de la colectiva AFROntera (@AFRO_ntera), a fin de darle mayor difusión.

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