Mamá tiene dos capas de invisibilidad – Una carta abierta a mi hijo

“Quiero dejar de existir” fue la frase más desgarradora que escuché de tu boca esta cuarentena hijo. Existencia, ese sustantivo no por nada femenino en el que pienso y repienso cada día desde el segundo uno, desde que te di a luz y me vi como mujer-madre y, después, mujer-madre-lesbiana. Sabes, mi amor, a pesar de todas las veces que me llamaron heroína por conseguir mantener más de una vida-casa-cuerpo, yo no elegí tener esas dos capas que, en vez de darme poder en esta sociedad, me hacen doblemente invisible.

Ser invisible no es chido. Hay una activista y escritora que a mamá le encanta que se llama Audre Lorde y ella habla sobre la importancia de acabar con los silencios y transformarlos en lenguaje y acción. Por eso me atrevo a salir de la sombra y alzar la voz para que otras mujeres puedan identificarse y porque no quiero que la muerte me encuentre un día llena de silencios.

En este mundo en el que vivimos, mi amor, las mujeres nacemos con el futuro trazado. Este puede cambiar un poco de acuerdo al lugar y a la cultura de donde nacemos, pero el guion es siempre el mismo: nacemos, crecemos, nos casamos y tenemos hijos. Mamá siguió esos pasos con ciertos privilegios: blanca, acceso a la salud y condiciones económicas y emocionales favorables. Y tu padre, que yo sabía que no me dejaría sola en la tarea de criarte.

Antes de que nacieras, lo tenía todo listo: la casa, el plan del parto, la idea de regresar al trabajo y de seguir teniendo mi independencia. Pero, tu nacimiento fue como si, de repente y sin previo aviso, me hubieran quitado las rueditas de mi bici cuando aún estaba aprendiendo a usarla. Nada de lo que había planeado ocurrió. Sufrí violencia obstétrica, tuve que pelearme con mi familia y con profesionales de la salud para amamantarte y no conseguí volver a trabajar porque me parecía extremadamente injusto dejar a un bebé de 42 días durante 13 horas seguidas en una cuna de una guardería. Me di cuenta de que el mundo era mucho más machista de lo que imaginaba y fue entonces que obtuve mi primera capa de invisibilidad.

Contigo en mis brazos y en mi pecho, descubrí que, incluso alimentándote, mi cuerpo era visto como objeto de deseo masculino. Cuando una mujer es madre, pequeño, nuestro lugar es dentro de casa. El de los hombres el espacio público. Pero, tu mamá no es de bajar la cabeza, ya lo sabes, y nunca acepto menos de lo que creo que merezco. Tenerte fue como haberme dado a luz a mí misma y contigo nacieron en mí las ganas de encontrar mi lugar en el mundo, de expresarme por completo y rescatar todo mi coraje y mi fuerza. Tú me humanizaste.

Cuando cumpliste dos años, dejaste de querer que te amamantara y ahí aprendí que los deseos no pueden ser reprimidos. Si no se dejan ser, rebosan. Te vi más independiente y yo me vi de nuevo con un cuerpo que ya no necesitaba engendrarte ni alimentarte. Ahí volví a verme como mujer y como mujer que desea.

En un proceso que llevó un tiempo, mamá se descubrió lesbiana y obtuvo su segunda capa de invisibilidad. Aún tan pequeño, ya entiendes mejor que los legisladores de Yucatán que no hay reglas para el amor, pero ¿cuántas familias no compuestas por mamá, papá e hijes vemos por ahí? Incluso en tu escuela no hay ninguna. Somos solo nosotros, tú y yo.

Yo no elegí ser ninguna heroína, hijo, pero me veo luchando todo el tiempo para ser vista como una mamá lesbiana en este patriarcado que insiste en relegarnos a los márgenes. Durante el puerperio, fui lanzada al frente de batalla contigo en brazos, una cesárea no deseada cicatrizando y las tetas sangrando. Después entendí que identificarme como lesbiana era como si el mundo hubiera tachado mi existencia. También estoy exhausta de existir, pero me levanto todos los días lista para esta batalla aún contigo en los brazos. 

No hay coraje sin miedo, mi amor. Mamá sigue con miedo de decir en voz alta que es lesbiana. Pero tengo coraje, igual que tú, y aunque algunos días el mundo parezca demasiado grande para nosotros, juntos vamos a insistir en existir.  

Tu mamá, Larissa.

 

Por: Larissa Schmidt

Brasileña, madre, lesbiana, feminista y periodista. 

Fondea el contenido joven

YucaPost es un proyecto autogestivo y sin fines de lucro. No recibimos patrocinios privados ni fondos públicos, pero tú puedes ayudarnos suscribiéndote a nuestro Patreon o haciendo una donación por PayPal. Tu apoyo será destinado exclusivamente a pagar costos de dominio, mantenimiento y alojamiento.

¡Lee a las invitadas e invitados de YucaPost!

4 respuestas a «Mamá tiene dos capas de invisibilidad – Una carta abierta a mi hijo»

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *