Los mensajes políticos del Presidente

El día de ayer, López Obrador firmó un memorándum llamando a parar los efectos de la reforma educativa aprobada durante el sexenio de Enrique Peña Nieto. Constitucionalistas, un ex ministro, opinólogos e intelectuales se alarmaron ante la inminente violación al orden constitucional. Pero hoy en la mañana, el Presidente dijo que el memorándum no era un tema jurídico, sino político. Y es que la alarma nunca fue por lo jurídico, pues era “fácilmente impugnable” según José Ramón Cossío. La alarma siempre ha sido el mensaje político. Lo que entre las líneas del memorándum se puede leer.

Asimismo, hace unos días festejó la prudencia de los periodistas que lo acompañaban en la mañanera, esto tras el intercambio que ocurrió entre Jorge Ramos y él el pasado viernes. Eso también fue un mensaje político, y uno sumamente grave. Si bien respecto a su advertencia de “ya saben lo que les pasa” aclaró que no fue en tono de amenaza, el simple hecho de felicitar o destacar la prudencia de la prensa, es algo desacertado.

La prensa y las leyes no están ahí para beneficiar al poder. Todo lo contrario: están ahí para frenarlo. Andrés Manuel conoce la plataforma de legitimidad sobre la que está parado. Sabe que un ochenta por ciento de la población aprueba su manera de gobernar; sabe que el Congreso está de su lado, sabe que nada puede frenarlo. Pero gobernar también consiste en no hacer las cosas simplemente porque puedes hacerlas; gobernar sabiamente también es saber auto mesurarse. Un poderoso sin freno, es un peligro para él mismo y para su país; es por eso que se necesitan frenos constantes y creíbles.

El mensaje político es claro, y no debe de ser recibido con juicios personales que nublen la poca objetividad que podemos alcanzar. La oposición no está aquí para discutir si AMLO es o no un demócrata, si sus intenciones son malas o buenas. La oposición está aquí para frenar los excesos del poder, venga de quien venga; sea del más demócrata o del más autoritario: eso es una democracia funcional. Es por eso que el que AMLO quiera enviar mensajes políticos para influir en temas que están siendo discutidos actualmente en el Congreso, está mal. López Obrador debe de respetar la división de poderes y el orden constitucional; firmar memorándums para esperar que la respuesta sea un “sí señor”, es algo sumamente pretencioso.

Pedirle a la prensa que sea prudente cuando él mismo organiza conferencias disque para “rendir cuentas”, es incongruente y también está mal. ¿Por qué está mal? Porque la prensa no está ahí para escuchar su sermón como si de un líder religioso se tratara; la prensa está ahí para presionarlo, para pedirle cuentas y orillarlo a que dé explicaciones. De otro modo, las mañaneras dejan de representar un ejercicio democrático, pues solo aplauden, se ríen y dejan que sea él quien dicte la agenda. Eso debe de parar, el personalismo tan notorio que lo caracteriza no es sano para una democracia.

Es visible que ha sido tan cómodo ese ejercicio para él, que ha tenido más conferencias de prensa en menos de seis meses de gobierno, que los últimos presidentes estadounidenses reelegidos, en ocho años. Las mañaneras deben de representarle un martirio, y no por desearle eso a él, sino por desearle lo mejor a nuestra democracia. Un martirio resultado de una prensa pujante, de preguntas incómodas no solo a él, sino a miembros de su gabinete (a quienes también debe de dejar hablar). En el último mes han ocurrido al menos tres sucesos que atañen al Canciller, por ejemplo. En ninguno de ellos ha dado explicaciones Ebrard en la mañanera, y eso habla del personalismo con el que la administración se maneja: centrada en el Presidente.

En suma, no por juicios personales ni buscando descifrar a López Obrador, sino por el bien de la democracia: son necesarios frenos para que el gobierno se ejerza de acuerdo a la división de poderes y a la integridad. AMLO debe de entender que aunque puede, no debe de dictar él la agenda ni las decisiones de los otros poderes. Al menos no si quiere pasar a la historia recordado como un demócrata.

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Tengo 23 años, estudio Relaciones Internacionales y vivo en la Ciudad de México.

Me gusta leer, salir a correr con mi perrita y soy una apasionada de Mafalda. Mis temas de interés son: desarrollo en América Latina (pobreza, desigualdad, democracia y elecciones, derechos humanos), relaciones Norte-Sur y feminismos.

Aquí escribo mis opiniones y mis preguntas.
“Hasta que la dignidad se haga costumbre”.

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