Lo que no encaja y resiste

-Olaya Reyes Martinez

@olayarm_

De hétero a bisexual a pansexual a lesbiana a bisexual a pansexual a queer. Descubrir mi orientación sexual ha sido un proceso interesante, maravilloso y confuso, muy confuso. Decía George Steiner que “lo que no se nombra, no existe” y tiene sentido teóricamente. En cuanto comencé a leer Wittgenstein en mis primeros semestres de la universidad, empecé a comprender la importancia del lenguaje, las connotaciones que tiene cada palabra y los significados que le atribuimos a éstas. Mi manera de expresarme y definirme en este mundo es a través del lenguaje, ¿no? 

A mis 18, inicié la exploración de mi sexualidad, fuera de lo heterosexual. En ese momento, me econtraba viviendo en Taiwan en una situación en la cual yo podía ser quien quisiera ser, algo así como un mundo nuevo para explorarme a mi misma. Recuerdo la primera mujer que me gustó, era mi maestra de baile, tenía el pelo corto y usaba ropa holgada. Al principio, no estaba segura si era hombre o mujer, pero algo me atraía muchísimo de esa persona. En ese momento, mi mente sólo comprendía un mundo binario y heteronormativo, o eras mujer o eras hombre, o eras hétero o eras gay, punto. En cuanto me enteré que era mujer mi mente quedó pausada. ¿Cómo? ¿Entonces soy bisexual? No, seguro no. Lo que pasa es que la confundí, pero pues a mi me gustan los hombres, bueno, ella y los hombres. Fue así que, como muches, inicié este camino de introspección y experimentación. Ya de regreso de mi intercambio sabía lo que era: una mujer bisexual. El tener un término me daba cierta comodidad y orgullo. Ya lo podía nombrar, por ende, ya existía

Para mi, las “etiquetas” o términos eran importantes. Hay que saber quien eres para luchar por lo que quieres. ¿Cómo puedo expresar mi orgullo por mi identidad si no sé quién soy? Esta retórica me causó mucho conflicto. Como feminista, me encontraba en una situación parecida. ¿Soy liberal? ¿Radical? ¿Interseccional? ¿Son lo mismo o son diferentes teorías? Si concuerdo con el feminismo radical, pero no con ser trans excluyente, entonces ¿qué soy?  Lo mismo ocurría con mi orientación. Si me relaciono de manera romántica afectiva sólo con mujeres, pero me atraen los hombres, ¿qué soy? Después de leer mucho sobre el tema, sobre orientación sexual, género, sexualidad, quedaban aún muchas dudas. Así que decidí definirme conforme a lo que sentía o experimentaba en el momento. Si tengo relaciones con ambos géneros, soy bisexual. Si estoy en una relación romántica afectiva con una mujer, soy lesbiana; y si me relaciono con una persona no binarie soy pansexual. Mi lucha por querer visibilizar las luchas de la comunidad LGBT+ estaba causando una lucha interna por querer encajar en alguna letra. 

En mi búsqueda por encontrarme y definirme, me topé con el término queer. Al principio, no creí que era para mi, sentía que estaba invadiendo el espacio de otres. En ese momento, lo asimilé como un espacio para personas que no se identifican con una orientación sexual o un género en específico. En mi mente yo me considero mujer y, por lo tanto, no encajaba en el término queer. No fue hasta que leí más sobre el tema y el origen de la palabra queer, que me dí cuenta que justo es el lugar para les que no encajamos. Queer fue una palabra utilizada como insulto hacia la comunidad LGBT+, una manera de establecer relaciones de poder sobre quienes no cumplían los estánderes de la heteronormatividad. Queer se traduce literalmente como “raro”. Esta palabra es reapropiada por la comunidad LGBT+ para protestar y unirse. Como en la comunidad feminista, cuando nos autodenominamos putas o zorras. Tomamos el insulto y lo apropiamos como nuestra identidad. Así es mundo, soy una mujer libre que vive su sexualidad sin culpa y “Si ser puta es ser libre, nacimos con vocación”. 

La belleza de la palabra queer es que no tiene un significado estático; queer es lucha, revolución, expresión, inconformidad, disidencia e interseccionalidad. Queer es teoría que se estudia por académicos; que trae visibilidad a la comunidad entera; un paraguas que protege a la comunidad LGBT+ del “deber ser” heteronormativo. Queer es pintarle el dedo a los sistemas y alzar la voz para la luchar desde la expresión. Sí, los términos son importantes para visibilizar y si tu te encuentras cómodo en una de las letras y encontraste una comunidad que te apoya, me da mucho gusto. Pero si tu sigues en tu búsqueda sobre tu identidad y orientación, está bien no encajar, está bien cambiar de opinión, está bien experimentar. Para muches la orientación sexual es fluida y en el camino hacia descubrir “quienes somos” podemos ir de letra a letra hasta encontrarnos. Pero sepan que hay un lugar en esta comunidad donde no importa cómo te definas o te identifiques. Existe un espacio para ser todo eso que la sociedad te dice que no debes ser. 

Cuando veo a las nuevas generaciones, me siento feliz porque siento que vamos a llegar al punto en el que “salir del closet” no va a ser necesario. Definir tu género o identidad, tampoco. Al final del día, somos seres humanos y eso es más que suficiente para exigir respeto. Para mi, queer es Taiwan, ese lugar seguro para descubrirme a mi misma, para expresarme, cuestionarme y luchar. Ese trance en el cual lucho por ser, sin tener que rendir cuentas de quien soy. 

Ante la frase de Steiner sobre “lo que no se nombra, no existe”, me quedo con la de Juan Gabriel, “lo que se ve, no se pregunta”. 

 

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