Ley de Aguas Nacionales: ¿una traba contra el derecho de acceso al agua?

El 21 de abril, La Jornada despertó con titulares catastróficamente alarmantes: “[s]ufre sequía 85 por ciento del territorio nacional”; Sistema Cutzamala en un 99.6% de sequía; Ciudad de México “casi [en] emergencia”; los titulares exclamaron una urgencia provocada por la peor sequía reportada en el país desde hace 30 años. Y la crisis del agua se une a otros problemas que México está enfrentando por el momento: el 26 de abril, la Ciudad de México reportó 159 partes por billón de partículas de ozono en el aire, por lo que el gobierno local tuvo que levantar una contingencia ambiental. Mientras tanto, México ha registrado un total de 4,129 incendios en lo que va de 2021. Así, la escasez del agua se vuelve un síntoma de un problema mucho mayor, cuya causa frecuentemente se atribuye al consumo individual o a la explotación corporativa de recursos naturales. Sin embargo, ¿la ley es también responsable de la crisis de abastecimiento de agua que el territorio mexicano está experimentando? ¿Qué rol ha jugado el Estado en la crisis que amenaza la disponibilidad hídrica en el país? En años recientes, a pesar de tener la obligación constitucional de regular el aprovechamiento de los elementos naturales susceptibles de explotación y garantizar el derecho de acceso al agua para todas las personas, el Estado mexicano ha descuidado varios de sus objetivos para preservar el agua en el país y “lograr [un] desarrollo integral sustentable”. En el camino, el Estado mexicano ha permitido la explotación desmesurada de las aguas nacionales y ha faltado a su compromiso constitucional de garantizar un “uso equitativo y sustentable de los recursos hídricos”.

Un ejemplo es la Ley de Aguas Nacionales. En un breve análisis, esta ley le confiere al Estado el permiso para tomar dos acciones. Por un lado, la Ley establece la figura de concesiones como permisos que el Poder Ejecutivo puede otorgarle a personas físicas o morales –de carácter público o privado– para que éstas puedan explotar, usar o aprovechar las aguas nacionales en su respectiva competencia. Por otro lado, la Ley le otorga al Poder Ejecutivo una capacidad casi unilateral de aprobar concesiones con base en una definición particular y singularmente interpretativa de lo que es la utilidad pública. Y, más allá de sus estipulaciones normativas, la Ley establece que la utilidad pública busca “[l]a prevención, conciliación, arbitraje, mitigación y solución de conflictos en materia del agua y su gestión”. Sin embargo, el Estado mexicano no siempre concede las aguas nacionales para solucionar conflictos, sino para satisfacer intereses que crean más disputas en la realidad, más allá de los propósitos del ordenamiento jurídico.

En el caso de las concesiones, la Ley permite la explotación del agua mediante la aprobación de solicitudes que sólo piden transparencia en el volumen de extracción, el punto de descarga para aguas residuales y el punto de extracción requeridos, junto con la duración estimada de la extracción que el Poder Ejecutivo y “Las Autoridades del Agua” pueden aprobar sin el voto de otros Poderes de la Unión o de las comunidades que pueden ser afectadas por la explotación de agua que la concesión está legalmente autorizada para aprobar. Como resultado, el Estado Mexicano puede expedir decretos que militaricen el uso del gobierno de las aguas nacionales sobre las comunidades locales para preservar la “seguridad nacional”, que le entreguen millones de litros cúbicos de agua fluvial a Estados Unidos cada lustro y que el gobierno de Enrique Peña Nieto haya aprobado la construcción de una planta cervecera de Constellation Brands, la cual hubiera agregado más estrés hídrico en Mexicali si la construcción no hubiese sido detenida en 2021. A pesar de entablar un propósito constitucional de preservar los recursos hídricos de este país, el Estado mexicano también ha aprobado leyes que contradicen estos propósitos y fortalecen la crisis hídrica que el territorio mexicano está atravesando en el momento.

Y es que hay que entender de dónde surgió la promulgación de la Ley de Aguas Nacionales. Después de la Revolución Mexicana, la Constitución Mexicana estableció los mecanismos necesarios para salvaguardar los bienes de la Nación y declararlos propiedad del Estado, como respuesta al descontento social que hubo por la explotación de la tierra durante el Porfiriato. Sin embargo, con el Tratado de Libre Comercio –puesto en vigor en 1994– se vieron amenazados con la protección estatal del agua como bien de la Nación. Por lo tanto, la Ley de Aguas Nacionales fue aprobada en el sexenio de Carlos Salinas en 1992. Y esto cambió la manera en la cual el agua de la Nación fue abierta a concesiones públicas y privadas de explotación. De 1917 a 1992, el Estado mexicano autorizó 2 mil concesiones de aguas nacionales; en cambio, de 1992 a 2019, el Poder Ejecutivo mexicano autorizó más de 500 mil concesiones, con más de 12 mil autorizadas entre 2018 y 2019.

En México, se estima que 104 acuíferos y 106 cuencas de agua están sobreexplotadas. Por lo tanto, la crisis de recursos hídricos en el país no sólo la causa el consumo individual del agua, sino que las leyes también están diseñadas para permitir el acaparamiento unilateral, inmediato y desmedido del agua y empeorar las dificultades que el territorio mexicano y las comunidades dentro de él están experimentando. Las propuestas para sugerir una Ley General que reemplace la Ley de Aguas Nacionales no han sido implementadas y, actualmente, los recursos hídricos del país están sujetos a un sistema de concesiones que tiene en mente el libre comercio y la explotación internacional de las aguas mexicanas. Así, la solución sobre la escasez de agua no sólo depende del consumo individual, sino que el Estado también debe hacerse responsable de proteger los derechos humanos de toda persona y sobreponer el bienestar de sus comunidades sobre sus intereses económicos.

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Tengo 21 años y estudio Derecho en el CIDE. No escribo porque sepa algo en específico; lo escribo porque me interesa mucho saberlo. Mis intereses principales son de sociedad y música, pero intento aprender todos los días de todo lo demás.

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