Latidos de resistencia

No sé si fue la montaña que se erguía imponente frente a nosotres; el ruido de la selva envolviéndonos; el abrazo; la canción o la historia que la Juli nos contó. Quizá fue todo —absolutamente todo eso— lo que, al alinearse en ese momento, tocó algo en lo más profundo de mi ser.

Unos meses atrás me había inscrito en un curso de permacultura, que se llevaría a cabo en Mashpi, un poblado ubicado en el Chocó Andino ecuatoriano. Una tarde estando ya en el curso, caminábamos por un sendero, cuando nos detuvimos en un lugar desde el cual se podía apreciar al frente una imponente montaña, tupida por un frondoso bosque. Allí, nuestro profesor nos habló sobre la historia de la zona y la amenaza minera que se cierne sobre ella: en el año 2018 el Chocó Andino fue declarado séptima reserva de biosfera de Ecuador. Hasta esa fecha, en las 286.805 hectáreas de bosque que conforman la reserva, se registraban alrededor de 3200 especies de plantas, 700 de aves, 140 de anfibios, y 270 de mamíferos. [1]. Hablamos de éste como uno de los lugares más biodiversos del planeta, y es aquí donde el estado ecuatoriano ha entregado 12 concesiones mineras, y 6 más se encuentran en trámite para la explotación de diversos metales. Si dichas concesiones cumplen con sus objetivos de intervención, el Chocó Andino sufriría un daño irreversible.

Conversábamos al respecto cuando Juli, una compañera de diecinueve años que siempre iluminaba su entorno con alegría y dulzura, nos contó que, cuando era niña, mineras clandestinas llegaron a San Francisco de Pachijal, poblado que forma parte del territorio del Chocó Andino. Estando ahí invadieron la finca de su familia con la intención de extraer diversos metales de la tierra, los amenazaron de muerte si intentaban oponer resistencia. La familia de la Juli siempre se ha opuesto a la minería, por esta razón, unos días después de que empezara la explotación ilegal dentro de su finca, sus hermanos mayores, Armando y Salomón, que rondaban los veinte años, decidieron hacer frente a las amenazas recibidas y salieron de su casa para cubrir con un tronco el camino por donde los mineros transitaban; pero estos alcanzaron a verlos y con metralletas y fusiles los empezaron a perseguir. Las balas llovían, mientras Armando y Salomón huían y pedían ayuda. Armando recibió un balazo en su pie izquierdo y otros dos balazos alcanzaron a Salomón, uno en cada pie. Dejando un rastro de sangre detrás, lograron zambullirse en un río, donde esquivaron los balazos ocultándose detrás de unas grandes rocas que se erguían en medio del agua. Los mineros disparaban a matar, la balacera no cesaba, aún después de ya haberlos herido de gravedad. Su madre, que escuchó los disparos a lo lejos, corrió a ver qué pasaba, cuando llegó a la parte alta del cerro, desde donde los mineros disparaban a sus hijos y miró el rastro de sangre que descendía hacia el río y el agua teñida de rojo, su grito retumbó en la montaña: “¡mis hijos, están matando a mis hijos!”. Al percatarse de su presencia, los mineros la golpearon, le pusieron una pistola en la cabeza y amenazaron con violarla y matarla si continuaba gritando. La mamá de la Juli se encontraba completamente sola, pero les dijo que la policía estaba en camino, con lo cual logró que la soltaran y que, por el miedo a ser descubiertos, dejaran de disparar y huyeran. Aunque las personas de la comunidad lograron capturar a los mineros y estos fueron presos, al poco tiempo salieron en libertad sin mayores repercusiones. Armando y Salomón fueron hospitalizados y por los gastos de su tratamiento y rehabilitación los culpables nunca se hicieron cargo. Actualmente, 13 años después de que estos hechos tuvieran lugar, los responsables continúan realizando actividades mineras en las tierras del sector, impunemente y bajo el amparo de la ley.

Escuchamos las palabras de la Juli en silencio, estremecides. Al terminar de relatarnos lo sucedido, nos contó que un grupo musical llamado “La Malamaña” escribió una canción llamada “Pachijal” en la que habla de lo sucedido. Sacó su celular y la hizo sonar, nos pusimos en cuclillas y formamos un pequeño círculo a su alrededor para escuchar con claridad la letra:

 Quebrada de grandiosa hermosura, pienso en ti como en una burbuja donde el tiempo por fin se detuvo, para capturar con embrujo, aves, plantas, vida y belleza, tu río arrastra con fuerza agua pura y cristalina, un canto permanente a la vida.

Cerré los ojos y visualicé aquella imagen en mi mente, mientras mis manos jugaban con el barro que se formaba bajo mis pies. La música continuaba:

Armando y Agustín alzan su grito de auxilio, operando estaba ahí la minería con su vicio, a punte metralla y balazo se llevan un pedazo, esta es su forma de operar contra el campesino el paramilitar.

Levanté la mirada hacia la Juli, estaba inclinada frente a mí, sus enormes ojos negros clavados en el piso, como mirando a la nada, sintiendo una infinidad de cosas que, si no las vives en carne propia, seguramente no las logras comprender.

Aquí no hay justicia ni gobierno, aquí lo que prima es el dinero, se acaba la libertad cuando llega su famoso progreso. Pero trepando lomas y montañas, bajo la fuerza libertaria, en nombre de la montaña, ahí se pararon las balas”.

Sentí mi corazón latiendo con fuerza, y un calor subiendo por mi pecho. La canción continuó con una voz de reportero que relataba:

No es la primera vez que el rechazo de la población hacia las empresas, es reprimido con el uso de la violencia. ¡Sin embargo, la resistencia crece, por toda América latina, la voz de arriba a abajo, viva la resistencia carajo!

Aquellas palabras quemaron como fuego. Cuando la música cesó un profundo silencio nos envolvió mientras intentábamos asimilar todas las emociones que nos atravesaban. Rabia. Dolor. Corazones latiendo. Piel erizada. Fuego. Faltan las palabras. Sobran las palabras. Pasaron unos minutos y la Juli se echó a llorar “casi nunca hablo de esto, es muy duro recordarlo, les dispararon” dijo entre lágrimas, esas lágrimas llevaban consigo el dolor de todo un pueblo.

La resistencia es dura. Les pobladores de territorios amenazados se enfrentan a monstruos, el Estado está ausente, poca gente en la ciudad se entera de lo que pasa, y menos gente aún hace algo para cambiarlo. No terminamos de entender que esta lucha nos concierne tanto como a les pobladores de dichos territorios. Vivimos a costa de los recursos naturales de esos lugares que ni siquiera nos molestamos en conocer, menos aún en defender. Pero la gente ahí continúa resistiendo, con el corazón y con el grito atorado en la garganta por tantas injusticias, perpetradas en su contra y en contra de su tierra, que no han visto consecuencia alguna.

Una a una todas las chicas que estábamos ahí nos acercamos a la Juli y la abrazamos, nos abrazamos todas. Alcé la vista y miré la montaña, envuelta en el ruido de la selva, fundida en ese abrazo, con la canción aún resonando en mi interior, no hay palabras para describir lo que ese momento marcó en mí.

Borrego Artes visuales

El 29 de marzo del 2021 se presentó a la Corte Constitucional del Ecuador la propuesta ciudadana de Consulta Popular para prohibir por siempre la minería metálica en el Cantón Quito, el cual contiene a los bosques del Chocó andino. Sin embargo, el 30 de junio la Corte expidió un dictamen negativo frente a esta propuesta, lo cual impide que el pueblo ecuatoriano pueda oponerse constitucionalmente a la explotación minera en el Chocó andino.

Es imprescindible que todes tomemos parte en esta lucha, hoy más que nunca: ¡Qué vivan la resistencia de los pueblos y la lucha anti minera, Carajo!

Micaela Ron

Links a las entrevistas realizadas a Salomón y Armando al momento de ser hospitalizados:


Referencias

[1] https://es.mongabay.com/2018/08/ecuador-choco-andino-reserva-de-la-biosfera/

Fondea el contenido joven

YucaPost es un proyecto autogestivo y sin fines de lucro. No recibimos patrocinios privados ni fondos públicos, pero tú puedes ayudarnos suscribiéndote a nuestro Patreon o haciendo una donación por PayPal. Tu apoyo será destinado exclusivamente a pagar costos de dominio, mantenimiento y alojamiento.

Nací en la ciudad de Quito rodeada de montañas, crecí en las faldas de un volcán inactivo (llamado Ilalo) y eso es mucho de lo que soy, el haber crecido en ese lugar. Sueño con un mundo más justo para todes les que lo habitamos. La escalada en roca es mi pasión y escribir es lo que siempre ha latido en mi interior.

Una respuesta a «Latidos de resistencia»

  1. Todo tipo de violencia generado en la parroquia de Pacto es a causa del extractivismo permitido por el gobierno central. En el 2008 fueron agredidos los hermanos Miranda, hoy, mañana será el presidente del GAD parroquial de Pacto y otros líderes comunitarios, conjuntamente con la abogada Yuly Tenorio defensores de la naturaleza del choco andino, séptima reserva de biosfera

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *