Las patentes en los medicamentos y los monopolios

Este artículo será un poco diferente a lo que he escrito anteriormente, espero les guste.

Hace unos días me encontraba en un Starbucks tomándome un café con m̶i̶ ̶c̶r̶u̶s̶h̶  una amiga, cuando empecé a sentirme mal y me desmayé. Desperté pocos segundos después con un fuerte golpe en la cabeza y con mucha vergüenza. Ese día terminé en urgencias y dado mi condición física lo primero que pensaron los médicos internistas fue que era diabético. Los médicos midieron mi glucosa en sangre a lo largo de mi hospitalización y afortunadamente mis niveles siempre fueron normales, descartando así que fuera diabético, al menos de momento. Me salvé de padecer una enfermedad que se ha convertido en una epidemia que mata a más de 60 mil personas al año en México, tal y como ya lo he mencionado anteriormente en uno de mis artículos. Posteriormente fui diagnosticado con ansiedad e inicié un tratamiento con el que afortunadamente me he recuperado.

Esta situación me ha hecho reflexionar mucho sobre mi salud y los costos que una enfermedad como la diabetes tiene para alguien que la padece. No sé si fue el polémico algoritmo de Google o sólo fue una casualidad, pero pocos días después del incidente me encontré un vídeo en YouTube en el que una persona que padece diabetes tipo 1 explica el oligopolio y la falta de innovación que existe en el mercado de la insulina, motivo por el cual los precios de la insulina han aumentado un 700% en 20 años.

Precios de la insulina en dólares de 1996 a 2016 ajustados a la inflación.

El mismo día que encontré aquel vídeo, mi querido amigo, Caleb Moreno publicó un artículo en el periódico del ITAM sobre las patentes y las externalidades negativas que provocan, tales como los monopolios.

                “En conclusión, las patentes han traído comodidad y soluciones a muchos de los problemas que aquejan al ser humano día con día; no obstante, también han limitado la competencia y han impuesto costos demasiado altos para la sociedad (considere el caso de varias medicinas para enfermedades serias como el cáncer o el VIH). Una revaloración de los procesos de estas patentes ayudará a mejorar los incentivos que tienen y traer mayores beneficios al consumidor”. (Caleb Moreno, El Supuesto, 2019)

Basándome en ese artículo y dado los últimos acontecimientos en mi vida quisiera retomar el tema, ya que esto me ha permitido reflexionar más sobre las patentes en los medicamentos y los monopolios que se han logrado perpetuar en dicho mercado. En el caso de la insulina el mercado está controlado por tres farmacéuticas: Sanofi, Lully y Novo Nordisk, quienes concentran el 96% de la producción mundial de insulina y han logrado extender la patente por casi un siglo haciendo pequeñas modificaciones que son catalogadas como mejoras pero que no tienen un efecto positivo sustancial en el producto. Con dichas “mejoras” logran extender por 30 años la patente y la competencia es nula en el mercado. El 4% restante del mercado lo conforman pequeñas farmacéuticas que utilizan métodos antiguos y poco eficientes para producir insulina.

Existe una ONG llamada “Open Insulin” que pretende conseguir una patente de uso libre con un nuevo método para producir insulina, logrando así que más fabricantes entren al mercado y el precio disminuya. Lo que impide a este proyecto lograr su cometido es la falta de recursos y la falta de autorización de las dependencias de salubridad estadounidenses debido a las pruebas rigurosas que debe acreditar el producto antes de poder ser comercializado. En la India varios laboratorios llevan años intentando fabricar insulina con otros métodos y lo han logrado, pero su calidad es dudosa y potencialmente peligrosa debido a la falta de regulación, motivo por el cual su comercialización ha sido negada fuera de dicho país.

El caso de la insulina no es el único, también existe la misma situación con los medicamentos utilizados para pacientes con cáncer y con VIH, tal y como menciona Caleb en su artículo. Un caso que destaca sobre todos es el medicamento Daraprim, el cual es utilizado para pacientes con sistemas inmunológicos debilitados y cuya patente fue comprada por la farmacéutica Turing, propiedad de uno de los fondos de inversión que administraba Martin Shkreli. En primera instancia pareciera que no existe mayor problema con la compra. Sin embargo, en 2015 Martin Shkreli decidió aumentar el precio de dicho medicamento en un 5000%. Sí, cinco mil por ciento. Provocando así que muchos pacientes ya no pudieran adquirirlo. No es de extrañarse que Martin Shkreli haya sido catalogado como el hombre más odiado de Estados Unidos. Hoy se encuentra en prisión debido a que falsificó la información financiera de los fondos de inversión que administraba.

Comparación del precio en dólares de una píldora de Daraprim

De esta forma podemos concluir que, si bien las patentes son un incentivo para investigar y desarrollar medicamentos y otros productos, también provocan situaciones en las que alguien aprovecha la necesidad por este tipo de bienes y sube los precios a su antojo, provocando así situaciones que ponen en riesgo la vida de las personas que no cuentan con los recursos para atender sus enfermedades. Sería bueno que las autoridades atendieran esta problemática cambiando la regulación de las patentes de este tipo de productos, para así evitar que se perpetúen monopolios u oligopolios como el que existe en la fabricación de insulina.

El precio de un medicamento está determinado por su costo de desarrollo, fabricación, comercialización y el margen de ganancia del laboratorio y sus distribuidores, este último rubro es el que debería estar regulado para evitar situaciones como las anteriormente expuestas. Es decir, se debería establecer un margen máximo de ganancia para este tipo de productos o bien no permitir que las patentes se puedan renovar indefinidamente mediante pequeñas modificaciones que lo único que provocan son monopolios.

 

 

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Soy estudiante de la carrera de administración en el ITAM. Me gusta todo lo relacionado con la política, economía y negocios.

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