Las niñas no se tocan

Recientemente se hizo viral un video en el cual Andrés Manuel López Obrador, presidente de México, a la salida del hotel de Ometepec, se dispuso a saludar a las personas que ahí se encontraban, abrazándolas pese a las ya reiteradas recomendaciones a nivel mundial por el COVID-19/Coronavirus.

Este video se hizo viral por dos principales razones; la primera, el contacto de la gente con el presidente y entre ellas aun con la situación actual antes mencionada, y la segunda, debido a que en el video se observa como el presidente abraza a una niña y comienza a besarle un cachete. Esta última es el motivo de este artículo.

Frente a esta situación diversas personas en redes sociales han externado su preocupación por el posible contagio que la niña podría tener de coronavirus, algunas otras personas mencionaban que el padre de la niña dio permiso para que su hija fuera abrazada, otras resaltaban la cara de incomodidad de la niña a lo largo del video.

Retomando la frase con la que se titula esta entrega, “las niñas no se tocan”, me parece que este video es una ejemplificación de la problemática que hay respecto al trato y educación que se da a niñas y niños.

Es muy común que a niños y a niñas se les comience a enseñar normas de convivencia o, mejor dicho, convencionalismos sociales, desde muy pequeñas y pequeños, desde los primeros eventos sociales a donde se les lleva se suele insistir en que saluden a todas las personas, sobre todo a sus familiares. Muchas veces he escuchado frases como “es que es tímidx”, cuando se niegan a saludar a una persona, o “no seas groserx, saluda”.

Esto resulta problemático porque implica que desde la niñez nos presionan a separar nuestros deseos o incluso instintos de la “aceptación” de contacto físico. Cuando a una niña o a un niño le obligan a saludar de beso o a dejar que lo abracen pese a que no lo desee, le están enseñando a que, aunque no lo desee, realmente “tiene” que aceptar esos tocamientos, porque provienen de familiares, personas que “le quieren”, etc.

Paralelamente a esta enseñanza se les suele decir que “no anden con extraños” o que “no se dejen tocar por extraños”, poniéndoles en mayor vulnerabilidad ante tocamientos no deseados, ya que en lugar de enseñarles a identificar sus sentimientos de si desean algo o no, se les enseña a que “si le conozco sí, si no, no”.

Reforzando el ideal tipo de las violaciones o el abuso sexual, pensando que la persona que viola o abusa es una persona extraña que llega y por la fuerza ejerce violencia contra la persona, ignorando que muchas ocasiones la violencia sexual proviene de personas que conocemos. En el caso de la infancia, reforzar este ideal tipo puede generar confusión, ya que se les ha enseñado que “tienen que aceptar esos cariños de quienes conocen”, para “evitar ser groserxs” o “mal educadadxs”.

Recordemos que la mayoría de las violaciones y abusos a niños y niñas se dan dentro de la misma familia, o en espacios considerados como “seguros” por la propia familia, desde situaciones como el tío que pone en sus piernas a la niña mientras le toca “disimuladamente” las piernas, hasta violaciones cometidas a través de dinámicas de “juegos”. Ojo, no culpo a la familia que ha educado al niño o la niña, la culpa siempre será del agresor, pero identificar las enseñanzas que ponen en riesgo a la infancia es una forma de protegerla.

Si, por otro lado, respetamos la decisión, sentimientos e incluso el instinto de niños y niñas, no sólo generamos un canal de comunicación adecuado en el que la niñez podrá expresar sus sentimientos, también les enseñamos a que tienen control sobre su propio cuerpo, así como a diferenciar cuando desean o no algo.

Hablar de deseo no refiere exclusivamente al acto sexual, debemos comenzar a hablar de deseo como la capacidad de autoidentificar cuando queremos o no queremos algo.

Muchas de las violencias que se ejercen en la edad adulta se componen de jerarquías y juegos de poder, como el maestro que “de buena onda” invita a salir a la alumna, el novio que quiere tener sexo y la novia que “no piensa en sus necesidades”. En muchos momentos de la edad adulta podemos vernos expuestas a situaciones en las que los convencionalismos sociales nos presionan a consentir tocamientos e incluso prácticas sexuales de parejas, familiares, amistades, etc.

Conocer nuestro propio cuerpo, pero sobre todo conocer nuestra capacidad de decidir y desear ciertos acercamientos y otros no, es lo que nos ayudará a diferenciar y decidir frente a presiones o invasiones en nuestro espacio íntimo, porque lo dejamos de ver como algo “normal”.

Las niñas y los niños son personas con sentimientos, pensamientos y capacidad de decidir si quieren o no ser tocados. Los padres y las madres si bien son un acompañamiento que procura su crecimiento y desarrollo, no deben ser vistas como su dueñas o dueños; el ejercicio de una maternidad y/o paternidad responsable también se encuentra en escuchar y respetar al niño o niña.

Posterior a la viralización del video anteriormente se menciona, salió otro en el que el padre de la niña salía diciendo que “el dio permiso” para que el presidente la abrazara. En el vídeo se ve la incomodidad en la cara de la niña e incluso su intento por alejarse de dicho contacto, aun cuando el padre “diera permiso” me parecería que la incomodidad de la niña era evidente, e incluso podríamos dudar ampliamente de que se le haya preguntado.

Cuando generamos una sociedad en la que respetemos el espacio de los niños y las niñas, así como sus decisiones, también generaremos espacios más seguros, en los que podrán desarrollar mayor conciencia sobre lo que desean o no, en los que podrán identificar el afecto real y no impuesto, y en los que la niñez podrá demostrar su afecto con las personas que quieran y con los límites que se identifiquen, así como señalar aquellos tocamientos no deseados.

 

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Estudiante de décimo semestre en la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Yucatán. Miembro del Colectivo Más Derechos Humanos y de Amnistía Internacional Yucatán.

Escribo de temas de interés social con perspectiva de derechos humanos.

"Cada quien necesita viajar a su propio tiempo por su propia distancia".

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