Las madres son revolución

El 4 de septiembre de este año fue un día histórico para todas las mujeres del país: la sede de la Comisión Nacional de Derechos Humanos de la Ciudad de México, fue tomada por el hartazgo, la furia y la sed de justicia de las madres de víctimas de feminicidio y madres de víctimas de desaparición forzada.  El inmueble que antes era la CNDH pasó a ser la ‘’Casa de Refugio Ni Una Menos’’.

Todo comenzó el miércoles 2 de septiembre cuando Silvia Castillo; madre de Alan, un joven víctima de homicidio, y Marcela Alemán; madre de una niña víctima de abuso sexual, ambas de San Luís Potosí, llegaron a la oficina de la comisionada Rosario Ibarra, para pedir apoyo en los casos de sus hijos. Las dos se reunieron con funcionarios de la comisión, pero las reuniones resultaron infructuosas. Ante lo anterior, decidieron encadenarse en la sala de juntas a manera de protesta, Marcela se amarró a una silla en un intento porque la Comisión se pronunciara sobre el abuso de su hija.

Al día siguiente, más madres acudieron al llamado; entre ellas Martha Castillo que forma parte del ‘’Colectivo de familiares de desaparecidos’’ y quien es madre y abuela de 7 personas que fueron desaparecidas entre el 2013 y 2014 en Tamaulipas a manos de policías estatales. También llegaron mujeres del ‘’Frente Nacional Ni una menos’’ y entre todas, realizaron la Okupa del lugar. ‘’A partir de ahora, sí se harán valer los derechos humanos’’ asegura Yesenia Zamudio, madre de Marichuy, quien fue asesinada por un profesor del IPN en el año de 2016.

La toma de la CNDH representa un reclamo directo hacia esta institución, pero también es un reclamo simbólico que se extiende directamente hacia todas las instituciones estatales que no cumplen con su labor. Por ejemplo, podría mencionarse el plantón que madres y familiares de personas desaparecidas llevan a cabo desde el 4 de junio de este año a las afueras del Palacio Nacional en reclamo a que la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV) emitiera el 2 de junio un comunicado en el que informaba que por las medidas de austeridad su presupuesto se reduciría un 75% y con esto, también se reducirían los apoyos que las madres y las familias recibían para continuar en la búsqueda de las personas desaparecidas.

Hoy, las madres son símbolo de fuerza, de coraje y de justicia, logran seguir de pie a pesar de toparse de frente con un Estado feminicida, continúan ante un Estado que desaparece a sus hijas e hijos y donde parece que los cuerpos que no aparecen en pedacitos, se los traga la tierra, donde las madres son quienes organizan búsquedas en los desiertos y en todos los territorios, quienes organizan manifestaciones por sus hijas asesinadas. Las madres son quienes se están haciendo cargo de las labores que le corresponden al Estado.

Ante todas las noticias diarias de violencia contra las mujeres, encontrarse con la noticia de que grupos de mujeres organizadas están tomando las instituciones estatales para hacerlas suyas y hacer que realmente funcionen, es una dosis de esperanza en este mundo desalentador.

Durante este año el movimiento feminista se ha llenado cada vez más y más de madres que continúan en la búsqueda de justicia, que acuden a cada marcha y quienes son reconocidas por las demás mujeres, que reparten abrazos a las manifestantes, madres que exigen y luchan cada día porque ninguna mujer sea víctima de violencia en un país donde asesinan a 10 de ellas al día.

 

Las madres están haciendo una revolución, están haciendo titubear todos los cimientos de este sistema patriarcal y feminicida, ellas están enseñándonos la manera de seguir aun cuando todo va en contra, están usando el amor y la rabia para seguir de pie, ellas nos enseñan cómo luchar, resistir, persistir y nunca desistir.

Mientras tanto, las mujeres que no somos madres nos encontramos de este lado para respaldarlas, porque no podemos ni imaginar el dolor que significa perder a una hija o un hijo, pero entendemos y vivimos en carne propia el dolor de perder a una amiga, a una hermana. En un mundo de mujeres, todas nos sostenemos entre todas, usamos la rabia para construir puentes entre nosotras y derribar aquellos que nos oprimen y nos violentan.

Si la revolución va a ser liderada por madres como las que hoy toman las instituciones y las destruyen para construir desde la raíz otras que sí funcionen, que sean efectivas y si cumplan con su labor, yo quiero estar ahí para apoyarlas, quiero estar ahí para aprender y resistir como ellas lo hacen.

Ojalá el mundo estuviera lleno de madres y mujeres como las que hoy ponen el cuerpo, la mente y los sentimientos por todas.

 

 

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A veces estudio derecho, a veces hago comunidad con otras mujeres.
Politizo, cuestiono y teorizo todo

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