Las imposiciones del feministómetro – Parte 1

Por lo menos yo, en mis años de adolescente no hablaba de feminismo en mi círculo cercano, no se hablaba de que les mujeres nos uniéramos bajo ese estandarte, esto ha sido algo relativamente reciente. Para muches, ha sido ese lugar donde hemos aprendido tantas cosas, donde cuestionarnos todo ha sido el pan de cada día, donde a muches nos encanta estar y dialogar —Feministlán— le llamaríamos algunes; sin embargo, también ha sido este lugar lleno de imposiciones en nombre del feminismo, porque claro, ser feminista es otra etiqueta, ¿qué no?, otra palabrita con su respectiva definición y sus marcados límites. A ratos, parece una etiqueta que amo colocarme, a ratos la detesto. A pesar de que hoy, varias sabemos que no existe UN feminismo, las obligaciones de la feminista, de la buena feminista, se han sentido —y se siguen sintiendo— como si efectivamente vinieran de uno solo.

Lo he pensado un montón y no sé si es una cuestión intrínseca del ser humano o si está relacionado a esta educación positivista que Occidente refuerza con tanto arrebato, pero veo que hay una necesidad enorme de definir. Si no lo ponemos en palabras, no lo entiendo. Si no lo defines con todas sus aristas, no existe. Si esta conceptualización no está de alguna forma “avalada” por instituciones, no vale. Y hay términos para los cuales es imposible abarcar todas las posibilidades. “Feminista: persona que aparte de lo que conlleva la teoría decide depilarse o no, usar vestido o no, casarse o no, ser hetero o no, ser lesbiana o no, se maquilla o no, etc” ¿Se imaginan? Eso no existe y, sin embargo, sí se ha construido una cajita en el pensamiento colectivo y tan es así, que existen comentarios al respecto.

Hace unos días puse un tweet donde les pedía que me compartieran las presiones que han sentido por parte del feministómetro y que tal vez hoy ya dejaron ir o están en proceso. Les invito a leer las respuestas porque son un gran apapacho al corazón. A veces une se siente validada y entendida y es todo lo que el cora quería. No podré abordar todas en esta ocasión, pero les prometo una segunda parte. De cualquier modo, les agradezco a todes y cada une de les que quisieron compartir algo, se hizo un ejercicio bien chido.

Si por tanto tiempo los vatos nos dijeron qué hacer, cómo hacerlo, nos limitaron a lo que “deber ser y parecer una mujer”, ¿por qué ahora somos nosotres solitas fiscalizándonos? Tampoco va esto de “el peor enemigo de una mujer es otra mujer” pero creo que en estas ganas de salirnos de algo que por tanto tiempo se nos fue impuesto, caemos en que ahora sea de X forma exclusivamente para que sea válido. Es imposible querer acomodarnos a todes en caijtas.  No hay una sola proclamación de feminismo.

Podemos comenzar con algunas cuestiones que podrían parecer “simples”, pero que en mi más humilde opinión no lo son; al final, las vivencias son subjetivas y todas son válidas. No sé si alguien nos lo dijo, pero es evidente que en algún momento “sabíamos” que las feministas eran figuras que “no usaban tacones”, “no usaban vestidos”, “no se maquillaban”. El patriarcado había impuesto esta vestimenta a las mujeres, ergo, había que renunciar a ellas si queríamos pronunciarnos feministas. Yo nunca he sido la más fan de usar vestidos y hasta hace poco descubrí que mucho tenía que ver con el tema de acoso en la CDMX y con que se me “tomara enserio” (obvio, terrible la línea de pensamiento).  Era muy evidente la cantidad de veces que los vatos pierden el seso con una falda y yo no quería que me pasara eso. Por otro lado, ¿usar tacones? Cancelada. @OphCourse comentó incluso: “Di una conferencia hace unos meses y al salir se acercó una chica y me comentó que está mal apoyar feministas y a la par usar tacones.” Exigimos coherencia en unos tacones, en un vestido…

Otra fabulosa: las feministas “no se depilan”, querer hacerlo era sólo el patriarcado que tenías interiorizado. Los cánones de belleza decían que debías estar suavecita cual pompi de bebé, pero si eras feminista, tenías que demostrar tu postura en contra de ello. @sof_j escribió: “Tuve el proceso de permitirme ‘ser feminista que se depila’”. No es trivial esta línea de pensamiento donde sentimos que debemos permitirnos esas excepciones.

Ilustración @dersdepanian

Ahora, yo les quiero contar una muy personal y que salió más o menos mencionada, destacando que reconozco perfecto que hablar de esto es hablar de mucho privilegio. A mí sí me había llegado este feminismo de ser profesionista, alta empresaria, qué chido trabajar (lol) y ser una chingona, independiente que jamás cedería a sus cosas por un vato, así lo amara mucho. Yo ya llevaba como 4 años con Alonso cuando me habló de buscar un doctorado fuera de México. Yo ya estaba graduada, trabajaba, ganaba bien, me iba bien. Pasó un tiempo en lo que eso se concretó, entre búsqueda de becas, estudiar para el examen de admisión, etcétera, pero en todo ese tiempo para mí sólo hubo un cuestionamiento: ¿qué va a ser de nosotres?, ¿qué va a ser de mí? Ya habíamos hablado de vivir soles, pero no nos alcanzaba tampoco; apostarle a la vida en el extranjero era una mejor solución, pero la que iba a tener que dejarlo todo por apostarle a esa vida era yo. Tampoco era CEO acá, jefa, pero sí era mi realidad la de un cliché más: la mujer iba a renunciar a su trabajo por casarse e irse con su vato, al que ama profundamente. Y yo, que siempre había rechazado la mera idea de soltar mi independencia financiera por un vato, sentía que me había traicionado, que era una “mala feminista”. Mi familia no lo hizo nada fácil, la gente tampoco. Hubo quienes me chingaron mucho con que las mujeres ya no se debían casar jóvenes; que disfrutara mi vida (como si casada no fuera posible); que seguro sólo estaba embobada y no entendía nada (la infantilización); qué hueva desperdiciar así mi juventud. .

Yo temía ser mala feminista, pero jamás tuve dudas de dónde quería estar y con quién; sin embargo, habrá a quien sí le siembren dudas y le hagan sentir muy mal al punto de echarse para atrás y esto está muy muy feo y, por sobre todo, me parece injusto. No les voy a mentir diciéndoles que el tema ya lo trabajé a la perfección, que cada que veo a alguien que dice “nunca dejes tu independencia” no me explota un poco la tacha; pero hoy, a pesar de seguir en la búsqueda de trabajo y demás, y gracias a la terapia, a mis amistades, al marido y a mí, sé que mi feminismo lo hago yo y que casarme y arriesgarlo todo por una vida con mi mejor equipo, ha sido de las mejores decisiones adultas que he tomado, la paso bom-ba. Sí, el matrimonio como institución apesta, pero como dice @ale_castilloh: “las cosas son lo que hacemos de ellas”.

Ojo: no quiero decir con esto que poner tu carrera profesional antes esté mal o que poner tu relación de pareja (aterrizándolo a este caso) esté mal. Elige lo que te deje dormir de noche. Por ahí también leí que la vida amorosa pasa a segundo plano cuando cumples tus metas personales. O sea, pero y si tu vida amorosa es tu primer plano, ¿está muy mal? No pasa nada ni eres menos feminista por elegir estar con tu pareja, que, por cierto: ¿juzgaríamos igual a la que se queda con su pareja mujer que a la que se queda con su pareja vato?

Esto me lleva a otra muy mencionada imposición de Feministlán: desheterosexualízate. Ah caray. Quiero hacer énfasis que esto se lo he leído a las más cerradas rads, como a la bandita que regularmente es chida pero que está dure y dale con que el lesbianismo es prácticamente la panacea, y no me refiero sólo a pareja afectiva sino también en tu preferencia de relacionamientos en general. He leído “¿cómo me alesbianizo?”; a las personas bisexuales se les ha dicho que su bisexualidad es sólo un puente para ser lesbianas. Esto perpetúa la idea de que tu preferencia genérica puede cambiar de la noche a la mañana y lo siento, pero esa es la base de, por ejemplo: las terapias de conversión. No tengo nada en contra de ninguna preferencia, pero ojo con cómo promocionan una por encima de la otra. También por ahí se lee que tengas “puras redes de apoyo de mujeres” —como comentó @ilxxnx— porque es “lo mejor” y básicamente que no tengas o no tengas tantos amigos vatos porque son el enemigo; que si cuidas o te importan mucho esos vatos en tu vida, el patriarcado te dominó; que, si tu vato, con quien tienes una relación de pareja es chido, no interesa que lo menciones porque a los vatos no se les aplaude nada. Híjole. Yo no vengo a decir que merecen aplausos y porras ni que se les monte un pedestal por hacer lo que les toca a las personas de una cierta relación, pero tampoco está mal hablar de ello. Eso también es un reflejo del equipo que hacen juntes y de cómo funciona esa relación. En general creo que estas fiscalizaciones a nuestros relacionamientos no solucionan ABSOLUTAMENTE NADA. 

“Tantos años de lucha y tú quieres casarte y/o ser ama de casa”. Confieso que yo sí caí en las garras de esa idea que dijo que ser ama de casa era una total aberración. Volvemos un poco con lo mismo… porque, si con el feminismo buscamos librarnos de imposiciones del patriarcado, ¿por qué ahora hay que seguir las de ciertos feminismos? Creo yo que el chiste de todo era tener muchas opciones y que eligiéramos libremente la que más nos acomodara. Podemos no querer eso para nuestras vidas; bueno, perfecto, escoge una opción que te acomode y ya. Una vez recuerdo una persona que dijo abiertamente que le parecía tristísimo y decepcionante las mujeres (de una relación heteronormada) que decidían no trabajar y quedarse en casa, que la independencia financiera era fundamental. ¿Ser mantenida? Qué deshonra. Había una chava ahí que su marido era su proveedor económico mientras ella formaba su carrera y recuerdo que se molestó mucho. En su momento yo solo vi la escena anonadada pensando “claro, la independencia financiera, los vatos te dejan y ¿con qué te quedas?” Y sí, puede pasar, yo sé, pueden salir muchas cosas mal, pero eso puede pasar con quien sea.  Haber tomado una decisión en equipo y conscientemente es todo lo que cada une debería hacer. ¿Por qué sacar la vara del feministómetro y castigar a les que decidan llevar una vida de lo que se catalogaría de “vieja escuela”? Chingá. Qué afán de meternos el pie solites.

Hay un último tema más que quiero tocar esta vez: las redes sociales y el activismo. No vamos a decir que todo en las redes sociales está mal (¿o sí?) y tampoco voy a discutir aquí qué sí es activismo y qué no. En las redes sociales se puede aprender mucho (nomás que aguas con lo que se aprende), se curiosea aún más, incluso se hace comunidad y qué chido. PERO, también ha sido un espacio para juzgar y ser juzgade sobre qué tan active se debe ser en Twitter woke para ser considerade feminista. Hay gente que literal su trabajo sí tiene que ver con un activismo, pero hay gente que no y le gusta hablar y discutir en Twitter/TikTok, lo que sea. ¿Qué está bien? No lo sé, se los dejo a su juicio, pero es un hecho que se siente la presión. @mrslvj cerró con esto de una manera increíble que les quiero compartir: “[…] tanto me presiona, como también he actuado incorrectamente calificando a otras. Aunque poco a poco busco cambiarlo, batalla diaria.”

Ilustración Eréndira Derbez

No voy a concluir porque se viene la segunda parte, pero sí quiero comentar que con esto no quiero decir que abandonemos la etiqueta feminista y que busquemos otra forma de enunciación. Sólo quiero pasar a recordarles, una vez más, que feminismo no hay uno, tan es así que bajo el mismo estandarte feminista tenemos a les rads transodiantes como a la banda en pro de les trans; tenemos a les abolos y les que estamos en pro del trabajo sexual; les que nos vale qué ropa uses y a les que eso les importa un chingo. Tampoco es “ay, cada quien que haga lo que quiera y todo va a estar bien”. Tampoco vamos a perpetuar los discursos liberales. Pero, definitivamente, hay cosas que vale la pensar repensar. Vale repensar cómo queremos vivir y dejar vivir el feminismo. Al final, todes hemos aplicado y nos han aplicado la vara del feministómetro.

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Ella/She/Her. Sí, Daniella con doble "L", me gusta que me digan Dan.
Eterna apasionada de cuestionarme todo. Desaprender y reconstruir no me parece sólo válido sino también, necesario.
Soy feminista, instructora de zumba, me encantan los tatuajes y los pulpos.
¡Ah! También soy Licenciada en Negocios Internacionales, pero me gusta escribir principalmente sobre temas sociales.

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