Las amigas salvan

Durante gran parte de la adolescencia creía firmemente en que la razón de mi preponderante amistad con hombres se fundamentaba en que ellos eran ‘’menos superficiales y más sinceros’’ que las mujeres, me encontraba siempre en grupos de amigos donde apenas había entre 3 o 2 mujeres. El cumplido que más se repetía en esas épocas y que más me agradaba era ese que daba validación a partir de mis diferencias con las demás: ‘’es que no eres igual que las demás mujeres’’.

Al día de hoy, puedo decir que las relaciones de amistad que mas procuro y valoro son las que tejo con otras mujeres. Hablo de tejer porque ellas han sido una red de apoyo para mí y sé qué a la vez, he sido parte de sus redes de apoyo.

Creo que todo cambió desde que comencé a reconocerme en las otras, cuando a pesar de venir de distintos lugares y contextos, nos unía el entendimiento y el cariño mutuo. Cuando comencé a sentir que algunas preocupaciones eran compartidas y no necesitaba disculparme por sentir o hablar demasiado.

Han sido ellas quienes en momentos oscuros han estado ahí para mí. Puedo mencionar como una muestra de esto, la vez que mamá entró a mi cuarto con un vaso de agua y un abrazo durante una madrugada en que la ansiedad me rebasaba por mucho. También las veces que en periodos de estrés muy fuerte han sido mis amigas quienes han llevado snacks para mí y con eso, un recordatorio de que no debo olvidar alimentarme. También están las amigas que geográficamente están lejos pero que envían mensajes cuando ha transcurrido ya un tiempo sin hablarnos.

La responsabilidad de mis afectos la comencé a practicar primero con mis amigas, comencé por entender que su existencia no se reduce solamente a los periodos de soltería ni tampoco a los periodos difíciles y muchísimo menos a los fáciles. Entendí que eran algo que estaba ahí como un 24/7 pero sin depender ni hablar con ellas todo el día, todos los días.

Creo que la amistad entre mujeres va cargada -de manera implícita- de la ética del cuidado mutuo. Es decir, de protegernos y cuidarnos como si fuéramos la otra, hacer comunidad y forjar redes de apoyo bien fuertes que resistan hasta los momentos más adversos.

Espero no estar cayendo en el romanticismo de las cosas, pero no creo estar exagerando al describirlas de esta manera. Quienes han logrado establecer amistades sanas podrán entender lo fuertes y bellas que pueden llegar a ser.

Justo ahora que las medidas sanitarias me impiden estar físicamente con la mayoría de ellas, he logrado apreciar aún más esa manera de estar sin estar que hemos aprendido. Agradezco el poder hablar desde la preocupación sincera de cómo es lo que cada una ha estado sobrellevado el cambio de rutina, de las veces que estar en casa significa un infierno y de las veces que ha significado un respiro de la vida y del mundo exterior.

Ni las mujeres ni las relaciones entre nosotras tienen una sola manera de ser. Sin embargo, aprecio las maneras de todas y cada una. En estos momentos de crisis tanto adentro como afuera, ellas han sido un recordatorio de que no estoy sola, de que mis problemas son míos y que cuento con la capacidad de resolverlos por mí misma pero que en caso de necesitar un empujón para seguir o un colchón donde descansar, ellas estarán ahí.

Gracias a ellas realizo actividades que nunca habría hecho por mi cuenta, creo en cosas que no estaban dentro de mi programación, leo libros que antes no me interesaban. Entiendo el mundo de muchas maneras porque siempre estamos en un constante cuestionamiento mutuo, y también aprecio cosas que antes pasaba por alto.

Quiero hacerme cada vez mayor y poder tener amigas con quienes platicar, amigas con las que ir al súper, amigas que gusten de bailar cada fin de semana, otras que prefieran quedarse en casa a beber vino y recitar sus poemas, otras que hablen tanto o más que yo, amigas que me enseñen temas que desconozco, amigas que me pidan enseñarles temas que domino.

Nunca nadie me ha hecho sentir mas en confianza que mis amigas, con nadie he llorado ni reído más fuerte que con ellas, nunca nadie me había creído sin cuestionar como lo hicieron ellas, nunca nadie había puesto el cuerpo y el alma por mí, nunca nadie me había cuidado tanto como mis amigas.

A las primeras, a las de toda la vida, a las de la prepa, a las de la universidad, a las de los encuentros feministas, a las de las marchas, a las de las denuncias en redes sociales virtuales, a las que abandonaron los sueños ajenos para emprender los propios, a las que han sido mentoras y ejemplo en el mundo jurídico, pero también en el mundo real. Gracias por ser, estar y permanecer aún a la distancia.

Las amigas salvan vidas y no solamente de manera figurada.

Imágenes de https://www.instagram.com/marmarmaremoto/?hl=es-la

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A veces estudio derecho, a veces hago comunidad con otras mujeres.
Politizo, cuestiono y teorizo todo

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