La república sin pulso y el príncipe sin voz

Divórciate de mí, internet.

No se puede negar que el mantenerse informade en materia política es un trabajo exhaustivo, tanto mentalmente –es una carga emocional demasiado pesada, he de admitir– como metodológicamente. En su total mayoría, el contenido político al que somos capaces de acceder está sesgado por las temibles izquierdas y derechas. El mismo suceso se presenta de maneras diametralmente discordantes en el periódico A y en el periódico B en función de una determinada agenda política. Mantenerse al tanto de los sucesos del país es una lucha constante entre estas posturas y sin embargo, es imperante que se observen, pues de ellas nace algo así como un análisis propio: dialéctica, según. Por otro lado, hay que admitir cuando personajes de “difusión” usan sus plataformas no sólo de manera tendenciosa, sino también como un medio masivo de desinformación.

 Esta desinformación no es necesariamente obvia, pues estos personajes no dirán mentiras inmediatamente absurdas –a menos que por ejemplo, prediquen el terraplanismo o los esquemas piramidales–, pero procederán a perpetuar imágenes insensibles e ideas que hieren a determinados grupos que viven bajo ciertas condiciones económicas, sociales y culturales.

La polémica desatada a raíz de la invitación del comediante Chumel Torres al foro sobre racismo y clasismo que ofrecía el Consejo Nacional Para Prevenir la Discriminación (CONAPRED) ha puesto sobre la mesa una serie de valoraciones importantes en torno a la figura del mismo Chumel y también del organismo anfitrión. Chumel Torres como fuente de información en materia de política, los alcances pragmáticos del CONAPRED y una variada gama de discusiones han puesto en evidencia las actitudes de la ciudadanía mexicana en materia de clase y color –más de lo que un foro como el que se tenía previsto hubiese podido. –

Creo que el único pecado del CONAPRED ha sido el creer que el racismo y el clasismo en México es un tópico de discusión y no un verdadero problema estructural que requiere medidas de acción inmediatas. El entenderlo como algo que puede discutirse o en el que pueden haber posturas disonantes, implica de manera tácita que se puede estar o no de acuerdo. Puedes ser racista y clasista o puedes no serlo.

Puedes hacer chistes sobre estudiantes de escuelas públicas y su bajo desempeño, su problema de narcomenudeo y el aumento de embarazos no deseados –escuelas que, por el manejo del discurso, se entienden como de carácter popular–.  Referirse de manera insensible a una mujer que entregó a los feminicidas de una niña como “cricosa” –tal vez y peor aún, de manera inconsciente– con motivo de su color de piel y clase social.

Y a pesar de eso, tener una plataforma con cientos de miles de personas que te escuchan y piensan “¿Sabes qué? Ese sujeto tiene toda la razón.

Las perspectivas en contra del racismo y el clasismo nacen de la historia y la experiencia. Las perspectivas que lo normalizan y discuten su existencia nacen a partir de los prejuicios y de la desinformación, pero, sobre todo, del odio.
El problema de esta plataforma de desinformación no es tan sencillo como “Si no te gusta o no estás de acuerdo, no lo consumas.”, sino que amplifican estas voces mientras que se silencian las que deben de ser escuchadas. Aquellas que informan, que comparten experiencias, que denuncian el sistema que no sirve.

Tampoco debe de escudarse bajo la premisa de ser sólo humor. Si Chumel desea ser tomado en serio –al punto de participar en una discusión sostenida por un órgano como el CONAPRED– deberá asumir su responsabilidad como medio informativo –casi, autroproclamado–  y el alcance de sus comentarios.

Terminando de la misma manera en la que empecé este artículo, es imperante estar informade. Cuestionarnos todo, no quedarnos con nada tal y como nos lo entregan. El mundo se construye única y exclusivamente con lo que sabemos. ¿Qué pasa cuando nos dan información sesgada? Nuestro mundo queda incompleto.

El saber es construir realidades, tanto para nosotres como para todes aquelles que han sido silenciades en favor de plataformas que les vulneran. Es perpetuar el mismo problema que se “debate”. Es propiciar la reproducción de una discriminación social, estructural y cultural en vez de finalmente romper con ella.

Bajo esta premisa, no podemos dejar que la desinformación amplifique su voz.

Nunca un espacio para aquelles que discriminan.

Nunca una voz para el odio.

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Celeste, como el color. Estudio Sociología en la UNAM y me especializo en Estudios de Asia. Tengo 20 años y constantemente me hago la misma pregunta ¿Se podría hacer un análisis sociológico de esto? La respuesta, para mala fortuna de los que me leen, siempre es sí.

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