La diplomacia china de la panda-emia

Tengo un amigo con el que disfruto platicar y debatir de temas políticos. El hombre, teniendo como característica principal una fobia sin cuartel a todo lo que represente al poderío estadounidense, siempre ha tendido a todo aquello que se oponga a lo norteamericano. Justamente en esa fobia suelo encontrar el punto débil de sus argumentos, al justificar muchas veces políticas de los regímenes iraní y venezolano, por ejemplo, acabando dichas conversaciones con un sutil pero tajante touche. Ojo, que muchas veces también me ha fulminado con uno que otro argumento.

En una de nuestras pláticas, hablamos sobre el desarrollo de la vacuna para el COVID-19 y cómo es que influirá en la política internacional. Los dos adelantados en esa carrera por la vacuna resultan ser, justamente, China y Estados Unidos, por lo que ya se puede deducir la argumentación de cada uno. Lo interesante y tema de este artículo es que el argumento principal de mi amigo se basa en una nota reciente que afirma que China convertirá sus vacunas en un “bien público global”, mientras que los americanos, probablemente, la venderán bajo un capitalismo trumpeano. Mientras que no niego su versión de los norteamericanos, tampoco los chinos son almas de la caridad. Para mantener esta postura, basta ver un poco de su pasado “caritativo”. ¡Incluye Pandas y estadios de fútbol!

La “Diplomacia del Panda”

La denominada Diplomacia del Panda (este vídeo de Vox lo explica genial) ha sido una de las herramientas poco ortodoxas que tiene China para manejar su política internacional. Comenzó siendo meramente un regalo, por lo que el país asiático envío pandas a todos sus aliados y amigos durante el siglo pasado. Sin embargo, empatando con su giro salvaje al capitalismo extraño que existe en China, el gobierno decidió rentar a sus pandas. ¿Quieres un panda en tu zoológico? Paga. ¿Lograste que nazca un panda bebé? Pues te sale más caro. ¿Apoyas a Taiwán o te tomaste una foto con el Dalai Lama? Devuélveme mi panda. Así, el mamífero endémico se ha vuelto un regalo para los amigos y un termómetro de las relaciones que cada país tiene con China. Si pensabas que había un panda en Edimburgo o Washington por mera amabilidad china, estabas equivocada o equivocado.

La “Diplomacia de los Estadios”

Cuando eres un país pequeño, digamos una isla del Caribe o un país de Centroamérica, los recursos públicos alcanzan para lo básico de tu población. Un estadio de futbol o béisbol no entra en esta categoría. ¿Entonces cómo es que los hay tan grandes como el Estadio Nacional de Béisbol de Nicaragua o el Estadio Nacional de Fútbol de Costa Rica? Bueno, todo gracias a China. Y no por amistad, claramente.

En 2011, se inauguró el Estadio Nacional de Costa Rica, país famoso por no tener ejército y sus selvas tropicales. Este estadio fue construido casi en totalidad con recursos chinos, en un modo no reembolsables. ¿A cambio de qué? Bueno, unos años atrás, poco antes del anuncio de la construcción de este inmueble, el gobierno costarricense desconoció a Taiwán como el gobierno oficial chino, para ser aliado ahora de la República Popular de China. Básicamente, en ¿agradecimiento?, China les construyó un mega estadio. De parte inversa, hace unos años, el gobierno taiwanés financió al Estadio Nacional de Nicaragua, por la misma pero inversa razón. Tenemos entonces a dos países disputando aliados, por una de las zonas más marginadas de américa, a través de la construcción de estadios. El interés tiene pies y, en este caso, estadios.

Vía: AFP

La vacuna como yuan o dólar de cambio

Como podemos ver, el gobierno chino no renta pandas ni construye estadios por un deber caritativo o beneficiario. Todo lo opuesto. Detrás de cada una de sus acciones, se esconde un interés fundamental. Para China, el manejar la opinión en el exterior es básico, más cuando eso implica dinero o influencia en el extranjero. Honestamente, me es difícil ver que, en el caso de la distribución de una vacuna para el COVID-19, el mecanismo sea diferente a lo aquí expuesto. La vacuna será, sin duda, moneda de cambio ante alguna exigencia de China, misma que variará a partir de cada país. Obviamente, la donará y hará alcanzable a los países con menos recursos, justo para mantener esta imagen de caritativos, pero con el resto del mundo no será así. Estas no son buenas noticias para los presos políticos chinos, para Taiwán y Hong Kong, el Tíbet, los musulmanes chinos y demás figuras que son pisoteadas por el régimen “comunista” de Beijing.

Al final, la conclusión de nuestra conversación respecto a este tema entre mi amigo y yo fue que viene un período complicado. La vacuna será moneda de cambio muy cara y no solo nominalmente. Pocas veces nuestras pláticas acaban en empate, pues también reconocí que Estados Unidos probablemente tendría una política similar, buscando siempre jalar agua hacia su molino. ¿A qué punto en común llegamos? Que ojalá la vacuna sea desarrollada en Europa. Si no, el rédito que se buscará obtener con su distribución no hará ganar a nadie, sino perder a todos como humanidad.

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Desde muy joven he sido un apasionado de la política nacional y global, por lo que me empeñé en estudiarla a través de la carrera de Ciencia Política en el ITAM. Me encanta viajar y conocer nuevos sitios y culturas.

Soy yucateco de corazón. También soy gamer, y ávido seguidor de franquicias cinematográficas de superhéroes y ciencia ficción. Amo a los animales, apoyo la libertad del individuo y soy excesivamente una persona positiva.

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