La destrucción como forma de creación

Estas dos semanas despierto todos los días sintiéndome en una distopía digna de película taquillera. Odio, por un lado, destrucción por el otro… lo sórdidos que podemos llegar a ser como especie ha resultado asfixiante, una niebla de deseada insensibilidad se asoma cada que se mete el sol. Se siente como una constante persecución donde los deseos de una mañana tranquila rehúyen de la destrucción del ayer, una destrucción que parece no tener fin. Ahora cuestiono todo, hasta la más mínima de las acciones, la más monosilábica de las palabras… es como si por fin fuera claro el poder que poseen. No es fácil visualizar lo que se debe hacer, no es sencillo pensar en la manera de vivir más en armonía con lo que nos rodea, como hacer de nuestra realidad y de la ajena escenarios más placenteros. Estos días, la pregunta de “¿quién quiero ser ahora?” aparece cada que me entero de alguna noticia, cuestionando cada decisión, gesto y letra que ocupo, pues no estoy segura que mis elecciones aseguren que estoy siendo y convirtiéndome en una mejor persona, porque quien quiero ser ahora es sencillo: quiero ser mejor de lo que fui antes.

El examen de autoconsciencia al que el año 2020 nos ha sometido, ha ayudado a que muchas personas notemos como hemos sido víctimas, pero también – y aunque duela admitirlo – victimarias, porque no creo que uno solo de nosotros sea enteramente ajeno al odio y los prejuicios, porque todos y todas hemos sido suficientemente ingenuos como para juzgar desde la comodidad de nuestra existencia los vivires ajenos, los cuales no solo no entendemos, sino que conocemos solo por encima, solo en su primera capa que apenas y muestra lo que es realmente. Nuestro impulso homogeneizador se asoma de manera inevitable cuando posamos la mirada en lo ajeno y creemos que cada problemática tiene una única solución eficiente, independientemente de las diferencias de quienes realmente viven el conflicto; porque, admitámoslo, usualmente nuestra opinión solo es dada desde la silla del espectador, y uno desinformado, además. Como el mito de Janus, nos componen dos caras, una que representa el inicio y otra el fin, dos miradas que parecen pelearse constantemente por prevalecer sin comprender que ambas son necesarias para la trayectoria humana, porque hemos dado muchos pasos, pero seguimos atascados en muchos resentimientos e incomprensiones, lo distinto aún nos asusta.

Este distanciamiento social vino como una oportunidad para autoanalizarnos, como un momento para repensar nuestro paso por el mundo y no solo para imaginar qué vamos a dejar, sino también para planear cómo queremos transitar, qué queremos que se lleven los demás de nosotros y con qué pensar analizamos cada momento del que somos testigos. Hoy el odio parece estar perdiendo cabida en nuestras vidas y el miedo es algo que ya no queremos que nadie tenga, pues con cada día que pasa la lucha por el bienestar de todos es más fuerte y más consciente de las diferentes, pero necesarias, versiones de la misma.

La devastación de los últimos días, me ha dejado pensando que es a la vez la más auténtica forma de creación, pues nos ha arrancado tanto que el sentimiento de cuidar lo que tenemos resuena cada vez con más ímpetu y parece no dejar lugar a nada más, porque estamos eligiendo cada día ser mejores, entender lo ajeno y defenderlo, porque estas revueltas y revoluciones nos han llevado a comprender que aunque como humanos nuestras luchas son comunes, cada conglomerado pelea por causas diferentes pues la parte más ruin de la historia nos ha dado a cada uno un trato distinto, y es probable que – aunque en menor medida – la lucha hoy nos ha hecho escoger mejor nuestras palabras, entender mejor lo que buscamos, porque queremos equidad y no igualdad, pues desde el día que se hizo una jerarquía entre seres iguales comenzó el detrimento de lo humano. El fin de esta realidad tan devastadora solo puede dar paso al inicio de una existencia que favorezca a todos y todas de manera equitativa, que no igualitaria, donde se resanen los daños hechos a los diferentes grupos que no han recibido lo que merecen y que merecen más de lo que por años se les ha dado.

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¡Hey! Estudio Derecho en el ITAM y tengo 23 años. Soy promotora de los Derechos humanos, y más particularmente de la salud mental. Me interesa mucho la filosofía, particularmente en cuanto a la formación individual del humano, tanto de manera colectiva como individualmente.

Siempre abierta al conocimiento de diferentes perspectivas de manera cordial y respetuosa. Nunca se sabe suficiente del mundo y siempre estamos construyéndonos.

5 respuestas a «La destrucción como forma de creación»

  1. Querida Fer, es una delicia para el alma leer estas excelentes reflexiones hechas por una chica tan joven como tú. Deseo que este pensamiento de amor y equidad trascienda a todos tus contemporáneos y se logre un maravilloso mundo diferente al que hay en este momento. Evolucionar en consciencia, la humanidad completa, es la meta. Dios te bendice 🙏

  2. Me ha encantando cómo explicas que requerimos de equidad y no de igualdad ya que a partir de los seres iguales junto con la jerarquización comenzó el daño en la humanidad.
    Es importante desarrollar la capacidad de “reconocer al otro” en el entendido que, debemos concientizar hoy más que nunca a nuestra sociedad. Evitando a toda costa el hablar por hablar, en pocas palabras como lo has descrito juzgar. Me parece oportuno, comentar que, hoy en día es menester llevar a cabo el concepto de cohesión para que realmente logremos ser sujetos de cambio en esta nueva realidad social.

  3. Gracias por lo que escribes, me parece excelso y me encantan tus ideas. Hace falta mucho amor hacia todo lo que no somos y lo que no nos pertenece.

  4. Concuerdo con lo que dices yo espero que después de este confinamiento todos salgamos con el firme aprendizaje que es un nuevo mundo, una nueva realidad y sobre todo con una mayor conciencia.

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