Juventud, divino tesoro

Instituciones públicas, empresas y organizaciones civiles se suman con actividades y actos simbólicos al “mes de la juventud” en el marco del Día Internacional de la Juventud. Desafortunadamente, al igual que en meses pasados con otras fechas (como el mes del Orgullo), se puede perder el origen (o necesidad) de conmemorar a ciertos grupos específicos: existen condiciones que limitan o condicionan sus expectativas de vida y  por cuestiones estructurares no han podido superarlas por sí mismos.

En 2019 se cumplen 20 años desde la adopción de declaración de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas que decreta el Día Internacional de la Juventud y se cumplen también 9 años de la declaración a nivel nacional de la misma fecha. Aunque se podría pensar que no ha pasado tanto tiempo, lo cierto es que “el porvenir de las juventudes” es una preocupación a nivel internacional al menos desde 1965; es decir, desde hace 54 años es una preocupación mas no una prioridad.

Solamente como referente de lo que puede pasar en ese periodo de tiempo, Televisión Vía Satélite S.A. (Televisa) fue fundada en 1973 y no sólo se convirtió una de las empresas más rentables a nivel nacional, sino también se consolidó a nivel internacional; tanto fue su crecimiento e influencia que durante las elecciones presidenciales de 2012 tuvo poder de influencia electoral tremendo. Hoy la empresa sufre una baja tremenda en la Bolsa Mexicana de Valores y el valor de sus acciones decrece día con día. Es decir, en el mismo periodo que los gobiernos debieron tomar acciones para atender las necesidades de las personas jóvenes, se creó una empresa que se volvió un emporio de clase mundial, hoy en día la empresa de clase mundial ya está al borde de la quiebra, pero las juventudes siguen arrastrando los mismos problemas.

Más allá de que una empresa puede crearse y quebrar sin que las y los jóvenes vean progreso en su porvenir, es importante hablar de las barreras que existen para su desarrollo, al menos en México. Según la última Encuesta Nacional sobre Discriminación, 63% de la población encuestada cree que la mayoría de las y los jóvenes son irresponsables y el 78% cree que si los jóvenes que no estudian ni trabajan, es porque son flojos. De acuerdo con el Consejo Nacional de Evaluación (CONEVAL), en 2016, 42.9% de las personas jóvenes vivía en situación de pobreza. De ellos, el 54.1% estaba ocupado, el 4.3% desocupado y el 41.5% era población no económicamente activa. De toda la población ocupada sólo el 2.1% ganaba más de cinco salarios mínimos para 2018.

De acuerdo al mismo estudio de CONEVAL los principales problemas del rezago social de las personas jóvenes son: (1) baja calidad del sistema educativo, (2) falta de desarrollo de habilidades socioemocionales, (3) pocas oportunidades para acceder a la educación media superior y la superior y (4) pocas oportunidades laborales de calidad y con oportunidades de aprendizaje y crecimiento. Entonces, no es de extrañarse que las personas jóvenes tengan que atravesar mayores dificultades para desarrollar su proyecto de vida. Aunado a lo anterior, es importante mencionar que todos los factores que se identifican en el estudio tienen que ver con condiciones generales que no consideran otros factores como el género, la etnicidad, la apariencia y cualquier otra que se pueda interseccionar.

Pareciera que el sistema está diseñado para impedir que las personas jóvenes que a su vez son pobres, en su mayoría tengan una vida digna y autonomía propia. Entonces los efectos múltiples e interseccionales de la discriminación por género, por ser migrante, por ser indígena, por tener discapacidad, por romper la heteronorma o por cualquier otra circunstancia se resienten diferente, porque al tener tantas barreras para lograr cosas por sí mismas, deben recurrir a sus familiares, otras personas o al Estado para subsistir y ejercer sus derechos.

Las personas jóvenes no privilegiadas son las más invisibles porque son las que menos son escuchadas figurativa, y también literalmente. Como explica la Dra. Magdalena Sepúlveda, que las personas en situación de desventaja social se involucren en decisiones públicas es más difícil porque tienen un contexto de vivienda y otras dinámicas de vida que hacen que sus prioridades sean sus necesidades básicas. Y es muy probable que una persona joven (que nace) en situación de desventaja no supere esas condiciones a lo largo de su vida sin el apoyo necesario.

Estas juventudes abandonadas que se difuminan en los discursos de “lo importante que son las personas jóvenes para el país y el mundo” durante agosto —mismas que a veces son juzgadas bajo el meritocrático del premio al mérito y al esfuerzo individual—, cada año serán llamadas nuevamente, y así sucesivamente, hasta que la sociedad deje de considerarlas personas jóvenes y se les asimile en el grupo de la población general. Así, sin más, sin ninguna característica distintiva y con pocas oportunidades, no queda más que terminar la canción de otoño: Juventud, divino tesoro, ¡ya te vas para no volver!

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Miembro de la Red Peninsular de Apoyo al Litigio Estratégico a favor de los pueblos indígenas y comunidades campesinas en los estados de Campeche, Yucatán y Quintana Roo, y de la Red Juvenil "Valiente” para defender la tierra, el territorio y el medio ambiente.

Escribo sobre política, sociedad y medio ambiente con perspectiva de derechos humanos.

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