Jorge Drexler, el cantautor de los versos nómadas

Cuando recién empezaba a escuchar a Jorge Drexler, notaba una belleza sobria y orgánica en sus composiciones y admiraba esa facilidad para hacer una canción poéticamente política sin serlo a simple vista. Dice él mismo que no le gustan las canciones de protesta por el hecho de que la protesta no debería ser un fin en sí mismo, sino un medio. Es por eso es que presenta las canciones de propuesta, como él prefiere llamarlas.

Su propuesta a lo largo de toda su carrera musical siempre ha estado acompañada de viajes y de las experiencias de vida contadas por medio de estas. Pero lo que hace de su música una experiencia inolvidable es su naturaleza nómada. Él ha vivido muchas vidas en una misma. Ha sido el cantautor de las milongas, el moro judío que no se alista bajo ninguna bandera, el que se fue con una guitarra al Madrid de los excesos, el que en infinidad de ocasiones ha encontrado asilo en el corazón de sus oyentes, cada noche de concierto, y el que flotó en aguas mexicanas con un salvavidas de hielo. Drexler es un viajero nómada y apela a que nosotros y nosotras lo acompañemos en su viaje.

Su música revela de cierto modo la historia personal del cantautor uruguayo. Su familia viajó a Bolivia antes de llegar a Uruguay para refugiarse de la persecución nazi. No es de sorprender que el tema de la migración se encuentre en su basta discografía con frecuencia, es un tema que le interpela indudablemente.

En su más reciente álbum, “Salvavidas de hielo”, menciona que una de sus inspiraciones fue el fenómeno social de las migraciones para la composición de “Movimiento”. Este álbum fue elaborado en México y él evidentemente se vio obligado a incorporar el tema sin traicionar su propuesta musical.

La inmigración es un fenómeno cinético para el cantautor uruguayo, así como lo es su música. Siendo una persona nómada, y sabiendo de antemano la situación complicada respecto a temas migratorios en México, es que Jorge Drexler decidió realizar un videoclip que acompañara la letra de “Movimiento”. En él se muestra a Lorena Martínez, una laureada e increíble corredora tarahumara de la cultura rarámuri (un pueblo indígena de la Sierra del Cobre, Chihuahua), quien es conocida por su capacidad de recorrer largas distancias sin utilizar algún tipo de calzado deportivo y sin entrenamiento deportivo de algún tipo. Por este motivo es el eje narrativo del videoclip con la intención de dar a entender su óptica: así como la cultura rarámuri que corre con los pies ligeros, las personas tenemos una naturaleza nómada.

Migrar es un derecho humano, también un verbo legítimo. Migrar es estar en movimiento, es ser nómada, es la acción que desde hace muchos años hemos estado haciendo. Desde que éramos una especie que partió de África y llegó hasta los polos. ¿En qué momento dejamos de pensarlo de esa manera? Drexler se hace esa pregunta en la canción “Milonga del moro judío”, por medio de la cual se cuestiona sobre nacionalidades, la patria, sobre nuestra identidad como ser migrante:

Yo soy polvo de tu viento
Y aunque sangro de tu herida
Y cada piedra querida
Guarda mi amor más profundo
No hay una piedra en el mundo
Que valga lo que una vida

En una entrevista que dió Drexler para el New York Times dijo que: “la migración nunca es placentera, siempre es traumática y eso es lo primero que hay que entender”. También le dijo al New York Times que se identifica como una persona que ha podido migrar de manera privilegiada, pero también reconoce una otredad cuyo viaje es también un boleto sin aval de tierra prometida, es un trayecto empinado para quienes viajan con muchos sueños y con pocas certezas.

En un país como México, conformado por personas que por diferentes razones han tenido que migrar para(sobre)vivir, deberíamos apelar a reconocer y reconocernos en la otredad como personas con el legítimo derecho de migrar, pues no debe de ser ilegal para nadie aspirar a tener una vida digna.

En este transitar continuo, somos una especie nómada, sin pertenencias sino equipaje. Dejamos el corazón en todos los lugares en los que hemos estado, no es el lugar sino las personas, con las que nos compartimos en cierto espacio y tiempo, las que terminan por ser nuestro refugio.

Nunca perdamos de vista que no hay nada más valioso que la vida humana y que es preferible invertir en quimeras que en un trozo de tela triste. No tenemos patria, sino condición humana.

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Psicólogo. Interés por la educación y consejería de la sexualidad, estudios queer y literatura latinoamericana.

Amo las películas de Yorgos Lanthimos, el jazz, la trova y leer artículos del New Yorker.

Mi libro favorito es “Los recuerdos del porvenir” de Elena Garro.

Convencido de que “lo personal es político”.

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