Inversión de México en El Salvador: aciertos y cuentas pendientes

La foto lo dice todo: los cuerpos de Óscar y Valeria, padre e hija, respectivamente, tirados a las orillas del Río Bravo. Víctimas, no solo de la naturaleza, sino de circunstancias desgarradoras que cobraron sus vidas hasta el último minuto en un intento por salvarlas. Días antes, en la frontera natural entre México y Estados Unidos, el cuerpo de una mujer fue hallado junto con los cuerpos de tres pequeños, fallecidos los cuatro por deshidratación.

Ellas y ellos son los flujos migratorios que cruzan el país de las fosas y el crimen organizado (México) para huir de la inseguridad, de los desastres naturales y de la pobreza en sus países de origen. No son cifras, son personas. No son activos políticos, son sujetos de derechos. Sin embargo, pareciera que, para muchos, ellos son motivo de politización y “grillas” entre partidos.

Mucho reclamaron al presidente López Obrador cuando anunció la inversión mexicana de 100 millones de dólares en El Salvador. “Es que no nos preguntó”, “sí hay dinero para eso, pero no para los nuestros”, “es que regala el dinero”. Porque claro, es mucho más sencillo mantener un discurso maniqueo al estilo de Trump, es más sencilla la división entre “ellos, los salvadoreños” y “nosotros” que analizar objetivamente la estrategia haciendo a un lado la agenda política que tenemos.

Vale la pena analizar la estrategia, no para darle o quitarle la razón al presidente, sino para hacer una crítica objetiva que sume al bienestar de los destinatarios del programa.

No es el primer proyecto, pero sí es uno diferente

Primero, tenemos que contextualizar las cosas. Vicente Fox, Felipe Calderón y hasta Enrique Peña Nieto, realizaron inversiones en Centroamérica con la intención de disminuir el flujo migratorio. Estos intentos se han caracterizado por dos cosas: primero, por ser una respuesta directa a las exigencias estadounidenses. México tiene lo que la Doctora Valeria Zepeda Trejo llama “la irremediable vecindad” con Estados Unidos, una realidad que supera los discursos políticos y que tiene que responder a las demandas de la potencia de una u otra forma.

La segunda característica del Plan Puebla Panamá y del Proyecto Mesoamérica es que fueron proyectos dirigidos a la construcción de infraestructura, privatización, la formación de zonas de libre comercio, la interconectividad y la interconexión energética. Pero nada de esto fue suficiente para promover un notorio desarrollo equitativo y, si bien contribuyó al crecimiento macroeconómico (al menos en El Salvador), no contribuyó a mejorar la calidad de vida de los más pobres de manera significativa.

La principal diferencia, desde mi perspectiva personal, es el enfoque del dinero otorgado. Mientras que en el pasado fue dirigido a lo ya mencionado, ahora será dirigido para promover el desarrollo rural, para la siembra de árboles y la producción de quienes se ven orillados a migrar. México hoy está apostando al desarrollo rural para contrarrestar los flujos migratorios, se alega que la migración no se criminaliza y que ahora se atenderán los problemas de raíz. Pero, ¿es esto suficiente? ¿y las reglas de operación? ¿realmente no se criminaliza la migración?

 

Las contradicciones del programa

Hay algunas interrogantes que permanecen. Primero, ¿es realmente suficiente propiciar el desarrollo para frenar los flujos migratorios? Para eso debería de homogeneizarse la razón de migración, y la realidad es que los motivos por los que las personas emigran no son homogéneos. Sin embargo, uno de los problemas más latentes en El Salvador es la inseguridad. El mandatario mexicano dijo que ese dinero no establecería condiciones económicas ni políticas (haciendo probablemente a las inversiones anteriores hechas por México y por Estados Unidos). El problema, es que sin reglas claras de operación no se establecen mecanismos internacionales de rendición de cuentas sobre lo que se hará con la inversión y sobre cómo combatirá el gobierno salvadoreño el tema de la inseguridad en su país. El desarrollo del campo es necesario, mas no suficiente.

Además, sigue quedando en jaque si la migración realmente se ha dejado de criminalizar. Los despliegues de elementos de la Guardia Nacional, también sin reglas claras de operación, no suman a la garantía del cumplimiento de los derechos humanos de las personas migrantes. En la última entrega para el blog, también mencioné este punto, y lo reitero al creer que es crucial.

Otro punto que ya he mencionado en el pasado, es la contradicción entre discurso y acciones: recortar presupuesto a la COMAR es contradictorio si lo que se quiere es atender dignamente a las personas migrantes como sala de espera para la entrada a Estados Unidos.

Discutamos el programa, pero no politicemos el discurso ni lo volvamos racista

Además de los puntos a favor y en contra del programa, creo preciso dedicar un apartado a la discusión pública que ha girado en torno al plan CEPAL y al programa “Sembrando Vida”. La noticia ha sacado a relucir la peor cara del racismo mexicano: el mismo discurso que Trump maneja frente a los mexicanos, es el que se ha manejado frente a “los centroamericanos”, generalizándolos y etiquetándolos como inferiores. Habría que revisar si uno no se muerde la lengua al manejar este discurso, pues Estados Unidos realiza inversiones mucho más gruesas en México del mismo tipo.

Reclamar al gobierno que “no se nos pidió permiso”, esconde bajo sí una subestimación de la crisis humanitaria que se vive en nuestra frontera sur, así como una clara intención de politizarla. No, señores. Las crisis humanitarias no se politizan ni mucho menos se subestiman; las crisis humanitarias se resuelven con cooperación internacional y con el mismo respeto que nos gustaría recibir de Donald Trump.

Quedan pendientes las reglas de operación, tanto de la Guardia Nacional, como las reglas de implementación del dinero otorgado. Institucionalizar los acuerdos y llevarlos más allá de lo simbólico es importante porque así se obtienen resultados tangibles. Las buenas intenciones necesitan ser institucionalizadas, pues ya diría Jean Monnet: nada es posible sin las personas, pero nada dura sin las instituciones.

Fondea el contenido joven

YucaPost es un proyecto autogestivo y sin fines de lucro. No recibimos patrocinios privados ni fondos públicos, pero tú puedes ayudarnos suscribiéndote a nuestro Patreon o haciendo una donación por PayPal. Tu apoyo será destinado exclusivamente a pagar costos de dominio, mantenimiento y alojamiento.

Tengo 22 años, estudio Relaciones Internacionales y vivo en la Ciudad de México.

Los temas que me gustan son: democracia, elecciones, feminismos, desigualdad, relaciones Norte-Sur y América Latina. Aunque advierto que esta parte está en constante cambio.

Aquí escribo mis opiniones y mis preguntas.
“Hasta que la dignidad se haga costumbre”.

En Twitter: @noeliajmz

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *