Infarto en la CDMX

La primera vez que me subí al metro fue cuando tenía, aproximadamente, cinco o seis años. Fue al metro de la Ciudad de México y teníamos como destino la estación Chapultepec, para así ir al zoológico en familia. Yo recuerdo esa maravilla de entrar a un túnel bajo tierra, subir a unos vagones como de tren que se perdían en el infinito para después salir, como si uno fuese teletransportado, en otra parte de la ciudad. Los sonidos y la experiencia fueron algo que realmente me impactó y me hizo cogerle cariño a este medio de transporte.

Muchos años después, durante mi época de estudiante universitario, fue mi medio de transporte diario para ir a ver a familiares y para ir a la misma universidad. Creo que si algo no está en duda es que el Sistema de Transporte Colectivo Metro es la forma más eficaz para transportarse a través de la caótica Ciudad de México. Sus varias líneas son como arterias que mueven al recurso más importante y que da vida a la urbe: sus ciudadanos y ciudadanas. Sin embargo, ha sucedido una tragedia: el sábado 9 de enero, hubo un incendio en el puesto central de control, deteniendo por completo sus líneas más concurridas. La Ciudad de México había sufrido un colapso, un “infarto” en sus arterias.

Al parecer, la tragedia fue originada tras un incendio de los  transformadores del edificio de control, obligando a los empleados a refugiarse en el techo del edificio. El ya antiguo y desactualizado sistema de control que daba seguimiento a las líneas más viejas y concurridas del sistema fue completamente consumido por las llamas. La imagen en sí es impactante.

Centro de Control de la CDMX quemado. Fuente: Cuartoscuro.

Cualquier persona que use esta forma de transportarse por la ciudad puede constatar que se trata de un sistema viejo y con muy poco mantenimiento. El metro tiene muchas virtudes, pero se ha dejado decaer y en un olvido total por parte de las administraciones locales en los últimos, por lo menos, veinte años. Parece que a los gobernantes se les ha olvidado lo neurálgico e importante que es para millones de personas en la Ciudad de México y su área conurbada (el metro mueve, aproximadamente a 4.6 millones de personas al día). Si la infraestructura directa estaba en malas condiciones, no podemos esperar menos de su centro de control, mismo que tiene casi cincuenta años ya de edad.

Durante décadas, los gobernantes de la Ciudad de México le han dado prioridad económica a otros proyectos que benefician a los menos y ralentizan el medio que usan los más. La prioridad del automóvil frente a los demás medios de transporte no hace más que llevarnos a la tragedia de hace unos días: un sistema importante que, sin los recursos necesarios, comienza a fallar (más de lo normal). En la Ciudad de México hay segundos pisos faraónicos y poco transparentes en su construcción, símbolo de esa preferencia a lo que se ve, en lugar del metro subterráneo que no se ve.

Me da mucha pena ver cómo el metro, al que tanto cariño le tengo, se cae a pedazos. El problema no ha sido la falta de recursos, sino la pésima ubicación de estos en proyectos que han dejado de lado a este sistema de transporte. Es momento de que los gobernantes dejen sus diferencias y entiendan que, si no se toman las acciones necesarias, el metro podría tener un fallo masivo y peor del que ha tenido ahora y, ahora sí, derivar en una fatalidad que le impida operar adelante en el tiempo. Han pasado décadas de parches y soluciones talacheras. Se necesita una inversión fuerte y duradera, un plan a largo plazo y sin injerencias partidistas o de caprichos del gobierno en turno. La Ciudad de México ha tenido un infarto en sus arterias del metro y ha sobrevivido. ¿Esperaremos al fulminante o se tomarán acciones?

P.D. ¿Qué podemos esperar si el actual presidente, y jefe indirecto de la máxima gobernante de la ciudad, ha sido quien menos ha invertido en el metro y es padre orgulloso de los monstruos de concreto que rodean la ciudad y dan prioridad al transporte privado frente al público?

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Desde muy joven he sido un apasionado de la política nacional y global, por lo que me empeñé en estudiarla a través de la carrera de Ciencia Política en el ITAM. Me encanta viajar y conocer nuevos sitios y culturas.

Soy yucateco de corazón. También soy gamer, y ávido seguidor de franquicias cinematográficas de superhéroes y ciencia ficción. Amo a los animales, apoyo la libertad del individuo y soy excesivamente una persona positiva.

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