Hagamos como que nos importa el ambiente

Hasta hace poco se acabó la efervescencia en redes sociales de lo importante que era tomar acciones urgentes para combatir el cambio climático, y no es que la gente haya dejado de hablar de eso, pues hay personas que han sido constantes en su transición hacia prácticas más amigables con la naturaleza. Sin embargo, otras sucumbieron a la histeria colectiva que desataron las imágenes sobre las proyecciones de aumento de nivel del mar[1] o por el día mundial del medio ambiente, y comenzaron su activismo ecológico; esto no está mal, es importante y qué bueno que sucedió, pero a veces es difícil contemplar el panorama completo siendo reactivo nada más y sin reflexionar el origen de las cosas.

Cada 5 de junio se celebra el Día Mundial del Medio Ambiente[2] desde 1972, fecha en la que se recuerda la Cumbre de Estocolmo, el primer punto de partida para la cooperación entre naciones para combatir el cambio climático. Desde ese momento se comenzó a construir la narrativa con mayor presencia en el discurso de la protección a la naturaleza: garantizar el progreso y subsistencia de las futuras generaciones. No obstante, este discurso es antropocentrista y en algún punto reduce la naturaleza a recursos que pueden ser útiles para la humanidad.

Aunque es innegable el hecho de que gracias a los elementos de la naturaleza la especie humana ha alcanzado el lugar que ocupa actualmente, con avances tecnológicos, un crecimiento poblacional acelerado, grandes proyectos urbanos, industriales y turísticos, e incluso la capacidad de llegar a otros lugares en el universo, esa misma capacidad de transformar se convirtió en un medio de destrucción y depredación.

El año pasado se perdieron 12 millones de hectáreas de bosques tropicales primarios[3]; 1284 especies en México se encuentran bajo amenaza[4] y especies como la vaquita marina están al borde de la extinción. El nivel del océano se eleva de manera alarmante 3.3 milímetros cada año[5] y se calcula que cada año se incrementa en 8 toneladas la cantidad de desechos que flotan en éste[6]. Así continúan los datos duros…. Aunque no se trata de buscar culpables, sino de atender el problema, las empresas y los gobiernos tienen grandes responsabilidades que deben asumir.

En el sistema capitalista vigente, se valora y promueve el consumo. Entrar a las dinámicas del mercado, sin asumir la responsabilidad de saber qué se consume, de dónde viene, por qué consumimos y quién se beneficia de ese consumo, es entrar al juego perverso de medios de producción masificados de las industrias del siglo veintiuno. Esto es particularmente importante cuando, además de las precauciones habituales, toca cuidarse del greenwashing.

Con el nivel que el capitalismo ha alcanzado, cualquier estrategia que sea útil para ampliar un margen de ganancias, incluso si implica que sea en detrimento de personas trabajadoras, será utilizada. Una de ellas ha sido “hacerse verdes”. Es decir, crear una imagen de “responsabilidad ambiental” que permita que las personas, sin hacer un ejercicio reflexivo, continúen consumiendo. Lo anterior también es extensivo a campañas publicitarias que nos hacen “bajar la guardia” y dejar de cuestionarnos la importancia real de hacer algo por la naturaleza.

En el marco de las responsabilidades individuales y comunitarias, cambiar hábitos de consumo, de transporte y nuestras formas de relacionarnos con otras y otros, es importantísimo para el cuidado de la naturaleza. Pero el calentamiento global no se detendrá por usar bicicletas, ni la contaminación de los cuerpos de agua si dejamos los popotes, ya que las grandes empresas son las responsables del mayor daño y los gobiernos no ajustan los marcos legales con suficiente rigor para hacerlos efectivos.

Un ejemplo de lo anterior es la proliferación de leyes que prohíben la utilización de plásticos de un solo uso. Casi todas contemplan en su transitorio un periodo que va de los 23 a 36 meses para entrar en vigor. No obstante, no se acompañan de una política pública de transición y no contemplan procesos educativos para que todas las personas puedan formar parte del cambio hacia recipientes, contenedores y utensilios reutilizables.

Sin llegar a minimizar lo importante que son todas las pequeñas acciones, los gobiernos también están haciendo suyo el greenwashig. Firmar acuerdos de educación ambiental con empresas que contaminan ríos es lo mismo o peor, que no firmar el acuerdo; porque, al final, a la empresa no se le sanciona por contaminar y al mismo tiempo se le dan reconocimientos por sus “contribuciones al medio ambiente”. Pareciera que a veces se olvida que el objetivo es evitar el mayor número de impactos a la naturaleza y no parecer paladines del discurso ecologista.

Se ha llegado a un punto crítico y cada vez es más difícil vislumbrar un panorama prometedor. Después de tantos años y tantos esfuerzos, el ecologismo teórico occidental no funcionó tan bien como se esperaba, de ahí que sea tan importante encontrar nuevas formas de relacionarnos con la naturaleza fuera de una visión antropocéntrica. Habría que comenzar a buscar otras alternativas de conectarse con el mundo y replantearse si desde la occidentalidad será posible superar el cambio climático, de lo contrario, sólo estamos postergando lo inevitable y haciendo como que nos importa el ambiente.

 

[1] NASA, Sea rise level map, http://flood.firetree.net.

[2] Asamblea General (ONU), Resolución 2994 (XXVII), Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente, 15 de diciembre de 1972.

[3] Global Forest Watch, El mundo perdió un área del tamaño de Bélgica de bosques tropicales primarios el año pasado, 29 de abril de 2019, https://blog.globalforestwatch.org.

[4] International Union for Conservation of Nature´s Red List, Especies amenazadas en cada país, 21 de marzo de 2019, https://www.iucnredlist.org/resources/summary-statistics.

[5] NASA, Satellite sea level observations, última medición en febrero de 2019, https://climate.nasa.gov/vital-signs/sea-level/.

[6] Internacional Union for Conservation, Issues Brief, mayo de 2018.

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Miembro de la Red Peninsular de Apoyo al Litigio Estratégico a favor de los pueblos indígenas y comunidades campesinas en los estados de Campeche, Yucatán y Quintana Roo, y de la Red Juvenil "Valiente” para defender la tierra, el territorio y el medio ambiente.

Escribo sobre política, sociedad y medio ambiente con perspectiva de derechos humanos.

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