Hombres: un paro a nuestras violencias

Hoy 9 de marzo, nos toca como hombres realizar todas nuestras actividades con normalidad o asistir a los espacios creados para hablar o escuchar entre nosotros sobre las distintas violencias que ejercemos. Hoy nos toca hacer lo que nunca: sentir para pensar.

En múltiples ocasiones, a lo largo de estas dos semanas me ha tocado escuchar o saber que mis congéneres se han referido al paro con miedo, un miedo de perder nuestro privilegio y que además se traduce en violencia

Desde el: “son unas flojas y por eso no trabajan”, “de nada les va a servir parar un día”, “a los hombres también nos matan y violentan”, “espero que al menos lo hagan en forma pacífica”, “voy a cambiarme de sexo estos días para no ir a trabajar” u otras formas doblemente violentas; como la de un abogado de la Facultad de Derecho de la UADY, que imparte derecho del trabajo en alumnos de segundo año: “los homosexuales van a venir medio día”.

Muchas veces decimos: “nos educan en una forma machista” o “nos socializan para oprimir a las mujeres”. En realidad, somos nostrOs quienes nos educamos y socializamos de esa forma; no un ente intangible que nos sirve para disminuir nuestra carga o responsabilidad. Los hombres nos socializamos para ser dominantes, en un mundo en el que muchas formas de sentir no son válidas. Nos socializamos para oprimir y preservar una estructura de poder a través de la cual buscamos obtener un beneficio de las mujeres a través de violenciaS.

Ser un profesor y utilizar tu plataforma para revictimizar o mostrar tu inconformidad con un movimiento que NO nos pertenece, es violencia. Que sigamos siendo amigos de los vatos que acosan, violan o ejercen cualquier violencia hacia alguna mujer; también es violencia. Dar nuestra opinión en temas de feminismo, es violencia. Piropear y sexualizar, es violencia. Que las mujeres de nuestro hogar nos sirvan y atiendan, es violencia. Interrumpir (manterrupting) o explicar (mansplainig) lo que una mujer dice, es violencia. Culparlas de que las violen, peguen o maten; es violencia. Ir a prostíbulos, es ver a la mujer como objeto de nuestro consumo y por lo tanto, ejercemos violencia. Rolar el pack, es violencia. Forzar a tener relaciones sexuales con nosotros, es violencia. La expectativa enaltecida de un hijO hombre, es violencia.

Muchas veces decimos que queremos hablar de masculinidades, pero creo que en vez de eso, debemos hablar de las violencias que ejercemos tanto hacia las mujeres como a los hombres que se alejan de la cisheteronorma. Porque el machismo también lo ejercemos hacia lo que consideramos “femenino” o no heterosexual. Como si el ser homosexual, bisexual, no binarie o cualquier otra orientación o expresión del género; fuera inferior por asociarla directamente con lo femenino. 

Todos los hombres somos machistas y todos hemos ejercido o ejercemos distintas violencias que transgreden a las mujeres. No hay menores y mayores medidas, tenemos que cuestionar la forma en la que nos relacionamos con ellas, pero también las formas en las que nos relacionamos entre nosotros. 

Nuestras relaciones entre hombres suelen ser del mismo tipo: hablar de mujeres, sus cuerpos, cómo nos las cogemos, cómo nos sirven o las formas en las que hacemos que entre ellas compitan por nosotros. Hablamos de superficialidad (deportes, comida, videojuegos, dinero o negocios) y no de cómo nos sentimos o lo que sucede en nuestras vidas. Enaltecemos nuestra virilidad y falocentrismo a tráves de la homofobia y preservación del status quo cisheteropatriarcal.

Tenemos que cambiar la forma en la que nos comunicamos con la sociedad, otros hombres y con las mujeres. Tenemos que dejar de lado esta idea de que el feminismo nos ataca o que podemos formar parte. A nosotros nos toca escucharlas, escucharnos, cuestionar nuestras violencias, deconstruirnos y reconstruirnos.

Personalmente me cuesta escribir y hablar sobre ser hombre, hacia otros hombres. En general, me ha sido más fácil relacionarme con mujeres. Hoy me doy cuenta de que esto me interpela por las mismas violencias que ejercemos los hombres entre nosotros. Porque hemos delimitado el “ideal hombre” y nos violentamos entre nosotros por la frustración de no serlo. Por lo que reprimimos. 

Hoy y siempre lo que nos toca NO es marchar con las mujeres, ponernos un pañuelo, ser feministas o aliados, escribir en redes nuestro apoyo o indignación y tampoco darles permiso para manifestarse o expresarse. Nos toca trabajar por y para nosotros. Dejar de expresarnos a través de la violencia. Dejar de encubrir a nuestros congéneres como Chelo Rejón y muchos otros acosadores y violadores. Dejar de ir a prostíbulos y normalizar el consumo de cuerpos. Por el contrario, nos toca expresarnos y sentir. Asumir responsabilidades en casa. Escuchar y sobre todo, crear formas alternativas de expresarnos y relacionarnos entre nosotros.

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Tengo 23 años y estudio derecho. Escribo de lo que me transita desde los derechos humanos. Me interesan los temas de justicia distributiva, políticas públicas y derechos de las personas LGBT+. Lo más importante para mí en este blog, es ofrecer un espacio seguro para todas las personas históricamente discriminadas a las que nunca nos han escuchado.

Considero que es importante cuestionar todo desde el aprendizaje empático y en compañía de una taza de café.

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