Hombres con instructivo

Hace unos días, se viralizaron unas imágenes que mostraban las instrucciones que tenía el novio de una joven. Se trataba de indicaciones proporcionadas a la novia por parte de la madre y la hermana del hombre con quien ahora viviría. La situación causó un revuelo en Twitter, ya que comenzaron a llegar los comentarios al respecto. Revisando éstos, fue notorio que la mayoría de quienes interactuaron con la publicación, mostraban un desagrado hacia la aceptación de hombres que no fueran capaces de hacer por cuenta propia muchas de las cosas que se enumeran en la lista.

Puede que las imágenes hayan sido una broma, o un intento por llamar la atención, o tal vez no (cosas de Twitter). La cuestión es que esta situación no está tan alejada de las realidades, ya que sí existen muchos hombres que desconocen cómo se resuelven las necesidades básicas, es decir, no saben cocinar algo sencillo, lavar ropa, hacer limpieza o comprar la despensa.

Esto ha sido el resultado de prácticas de crianza en las que, cuando estos hombres eran niños, no se les enseñó ninguna de estas actividades. Al contrario, en muchas ocasiones se les formó en una educación machista. Dentro de este ambiente, se muestra que los hombres deben tener a una mujer a su servicio, ya sea la madre, la hermana o la pareja. Se les dice que ellas deben cocinarle, lavarle la ropa y atender de sus necesidades básicas. Lo crucial de esta formación desemboca cuando se llega a una edad adulta, y estos hombres siguen creyendo que esta lógica debe seguir aplicando.

Hoy en día, continúan existiendo prácticas que fomentan estereotipos de lo que un hombre debe y puede hacer o no. La idea de que él es quien debe proveer, proteger y representar la fuerza son aspectos que se reproducen cotidianamente. Pareciera que son experiencias que nuestros padres representaron como última generación, no obstante, en la población joven se sigue vivificando. La imagen de un ser varonil, musculoso, fuerte y caballeroso sigue siendo el símbolo hegemónico de aspiración en una relación. Estas prácticas se presentan tanto en parejas conformadas por Hombre-Mujer (H-M) y Hombre-Hombre (H-H).

En una relación H-H, podría parecer que estas situaciones se desvanecen, ya que no existe la figura de la Mujer, sin embargo, el machismo se sigue presentando de otras formas; en ocasiones, uno de los dos asume un papel dominante sobre el otro generando una relación de control y manipulación. Por ejemplo: Uno de los dos no cocina, y no se basa en el argumento de que “es una práctica para mujeres”, sino que usa el “desde niño no me acerco a la cocina y menos ahora”. Estas justificaciones son el desencadenamiento de la educación machista que recibimos y siguen recibiendo la gran mayoría de niños.

Es cierto que dentro de una relación se pretende fomentar el crecimiento personal, profesional y espiritual de la pareja, madurando como personas y aprendiendo el uno del otro. Apoyando, escuchando, reconfortando y siendo una compañía en momentos de alegría y dificultad. Se busca encontrar diversos puntos de equilibrio y que ambos estén de acuerdo, tomando en cuenta la opinión de ambos y compensando sus esfuerzos.

No se trata de que ninguno de los dos cargue con una personalidad llena de actitudes negativas del otro; en donde se argumente que “así he sido siempre” para justificar la falta de empatía, solidaridad y compromiso. Como personas autónomas tenemos la responsabilidad de buscar la mejora de nuestras formas de convivir en sociedad, de lo contrario, nos volvemos seres tóxicos, e intoxicaremos los espacios en donde nos desenvolvemos, como el ambiente laboral, familiar y dentro de una relación.

Esto último es realmente preocupante, porque se está presentando una resistencia al cambio, al dialogo y a la empatía, y dicha resistencia desemboca en violencia. Se ejerce la fuerza tanto física, como de imposición de pensamiento sobre la persona que nos acompaña en la relación, haciendo creer que la única opinión que importa es de uno solo, y la otra persona debe aceptar, o corre el riesgo de perderlo. Es así como comienza la manipulación, el control y el dominio. Se somete las libertades y el consenso se disfraza. Se invade la privacidad con el argumento de lo tuyo es mío y lo mío es tuyo, cayendo en una atmosfera de inseguridades, celos y vigilancia, llegando a asumir a su pareja como una propiedad más.

Ilustración por Lehel Kovács

La sociedad ya no necesita más hombres con instructivos, sino personas que sean autónomas, que posean un pensamiento crítico, que puedan tomar decisiones, resolver problemas de la cotidianidad y aportar a la resolución de problemáticas sociales. Es cierto que la raíz se encuentra en la educación que se recibe en la niñez, pero nunca es tarde para reflexionar. Para asumir que debemos cambiar y mejorar como personas adultas. Ser más conscientes de las realidades y abrirnos al diálogo, al consenso y a la sana convivencia. Ser personas empáticas, solidarias y participativas en la mejora social. Trabajar por la defensa de los derechos humanos, la justicia y la igualdad de género.

Las relaciones sanas se construyen con el tiempo, pero más con la comunicación y los acuerdos. Las mujeres no tienen la obligación de enseñarles a los hombres cómo comportarse, sino como hombres tenemos el deber de aprender a desmantelar los estereotipos de la masculinidad tóxica. Y claro que existen excepciones de hombres que han buscado romper el molde impuesto, buscando semejantes para que a través de acciones grupales, se genere un impacto reflexivo en las actitudes de quienes se resisten. Nunca es tarde para cambiar nuestras prácticas egoístas, para reflexionar actitudes tóxicas, para aprender cosas nuevas, para ser un mejor hombre, padre, esposo, novio, colega, hijo y amigo… para ser mejores personas.

La canción que les recomiendo este mes y como inicio de años es Where Is The Love de Black Eyed Peas.

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Joven oaxaqueño formado en Ciencias de la Educación. Aprendiendo constantemente de las diferentes realidades sociales. Disfruto viajar y vivir México a través de sus culturas, arquitectura, gastronomía y misticismo. Amante del café, los momentos entre amigos y la música.

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