Harry Potter y la eterna defensa del status quo

Las historias nos inspiran. Nos mueven. Compartimos la experiencia entre masas y crecemos con sus enseñanzas. Pero las enseñanzas de la franquicia de Harry Potter son un poco… tibias. Las acciones de cada personaje significativo, bueno o malo, son para lo mismo: defender el status quo.

El Mundo Mágico que vemos representado es una distopía autoritaria con leyes represivas, aparatos de vigilancia estatal a menores, autoimpuesta segregación, esclavitud de seres pensantes y prejuicios por pureza de sangre, todo arraigado a las raíces innegables de una estructura que pasa sin ser cuestionada.

Harry Potter es una batalla por preservar el status quo

El Ministerio de Magia, la monolítica institución política central, sirve como antagonista recurrente a través de suineficiencia, malicia y burocracia. Sin embargo, se muestra a lo más como un impedimento, una ficha corrompible, pero nunca como una parte solucionable del problema. Es algo que solo es así y que no se puede hacer nada al respecto, por más malo que pueda ser (recuerden: ¡los Dementores trabajan para el gobierno!).

La podredumbre del Ministerio la vemos constantemente: sostiene una visión en el mejor de los casos paternalista y condescendiente hacia los muggles y los mestizos (o sea, quienes no son mágicos por linaje y quienes sí lo son, pero solo por un lado de su familia). La institución, y el mundo mágico en consecuencia, está perfectamente conforme con la esclavitud de elfos y la discriminación tanto a razas no humanas como a humanos no mágicos.

¿Y nuestro antagonista principal? Pues Voldemort no es más que la cristalización más radical de las ideas que permean en el estatus quo cultivado por el Ministerio. Todo lo que el más grande mago oscuro de la historia simboliza no es más que la consecuencia lógica de lo que el Ministerio protege.

¿O creen que les lavaron el cerebro a todas las personas en el Mundo mágico que tan fácilmente se pusieron en contra de magos y brujas “sangre sucia” en cuanto Voldemort tomó control? No. Las ideas ya estaban ahí, latentes, protegidas y fomentadas por el poder.

Y acá llegamos a nuestros héroes y heroínas: nunca nadie en la Orden del Fénix ni el Ejército de Dumbledore actúa en nombre del progreso. Se enfrentan a Voldemort porque lo ven como una amenaza al estatus, pero no tienen ojos para ver más allá. No poseen una estructura ideológica o agenda más que preservar lo que hay, sin la pizca de una alternativa mejor.

La Orden del Fénix lo deja claro

Este planteamiento político se hace más evidente en la quinta película, Harry Potter y la Orden del Fénix. El antagonista principal no es Voldemort, sino el Ministerio de Magia, representado a través de Dolores Umbridge y detrás de bambalinas el Ministro Fudge.

El Ministerio no acepta el regreso de Voldemort. Piensa que hay una conspiración para arrebatarle poder político. Desde sus amplios alcances en el Mundo Mágico, incluyendo el Profeta, un periódico propagandístico, así como la misma escuela Hogwarts, actúan para manchar la imagen y obstruir los planes de Harry y su mentor Dumbledore.

Al final de la película, el ministro Fudge con sus propios ojos reconoce el regreso de ya-sabes-quién. El problema es que nunca se afronta cómo el sistema posee la capacidad para el mal. El Profeta todavía imprime propaganda y el Ministerio todavía es abrasivo y corrompible, solo que por el momento está del lado “bueno”.

El poder se pasó de la mano y se retractó, pero todavía existe como antes. No dio vuelta para el otro lado, solo dio unos pasos atrás. El triunfo “bueno” que se “gana” al final no es más que el regreso a una faceta pusilánime, todavía utilizable para oprimir (¡y cómo es utilizado en la última entrega!)

Y entonces: el mundo real

Sí, la historia podrá ser sobre luchar y vencer fascismo, pero, ¿desde dónde? Se me hace imposible no trazar una línea hacia las políticas centristas reconciliadoras que intentan y fracasan en dar frente a la ola de fascismo que se asoma por el mundo.

En Harry Potter, la violencia rectificante encabezada por el protagonista es contra un actor individual, nunca contra el sistema que lo alimenta.

En la vida real, demócratas se enfilan detrás de un Joe Biden que promete ser un “regreso a la normalidad” y que “nada cambiaría en lo fundamental” en su presidencia. Quedan exactamente con la misma línea: ven todo lo horrible que está pasando como los actos de un hombre en específico, y no las consecuencias del status quo que añoran sin darse cuenta que está podrido desde la raíz.

Las verdaderas amenazas al mundo real no están cristalizadas en un ser. Las instituciones nunca les verán a la cara para reconocerlas. Van a seguir tapándose los ojos y pidiendo a gritos que nadie llame por nombre a todo eso que nos destruye.

Los y las liberales americanos (o el Ministerio de Magia) no aman las ideas retrógradas, ni aprueban los métodos, pero ay, qué bien trabajan con el fascismo. Y eso es porque, al fondo, saben que Trump (o Voldemort) no representa una verdadera amenaza a las estructuras de poder injustas que han construido. No como lo haría una alternativa progresista (o las fantasías de golpe de estado que se inventaron sobre Dumbledore); ah, con esas sí sacan los colmillos.

El Ministerio no es sustentable. Es incapaz de dar cara al fascismo. Es más: por su tibieza, lo alienta.

En fin, las prácticas torcidas del Mundo Mágico no son abolidas ni reformadas. Algunas son cuestionadas por Hermione y Harry, pero nunca llevan a cambios estructurales. Solo continúan permeando, ahora sin la urgencia de un enemigo material. Y nuestro querido protagonista homónimo encarna la defensa del status quo: Harry termina siendo un superpolicía mágico, Hermione se vuelve Ministra de Magia; se vuelven uno y una con las instituciones.

Reitero: las historias nos inspiran. Estoy seguro que muchísimas personas vieron Harry Potter y salieron con ideas de progreso que ahora abanderan en sus marchas. ¡Bien! Ese ese es el objetivo de una lectura activa. Aprópiate del significado. Construye tus propias conclusiones. Lo que sacas del texto no me pertenece ni a mi, ni al autor o la autora, sino a ti y a nadie más. Trasciende la tibieza, progresa más allá y reconoce las trampas por evitar.

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Comunicólogo, ensayista y crítico. Escribo sobre ese punto de encuentro entre cultura pop y las problemáticas socioculturales para entender a los poderes que las producen y los públicos que las viven.

Mantengo Plumas de Golondrina, un blog de análisis, crítica y reflexión.

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