Hablemos sobre crecer siendo lesbiana

 -Laura Espejo

Cuando me invitaron a escribir, desde mi experiencia y como una persona que se reconoce lesbiana, hice unas cinco páginas de borradores sobre lo que podría decir. No encontraba una buena razón por la que esto, lo que tengo que decir, sea relevante o aporte algo a la comunidad. De repente, cada idea dolió un poco porque me hizo recordar mi infancia-adolescencia; no porque fuera infeliz, sino porque no veía un camino para encontrarme. Recurrí, como es costumbre, a mis brujas literarias y me (re)encontré con un poema de Rosario Castellanos, Entrevista de prensa, que me guio para escribir este texto.

[…]

– ¿Por qué y para qué escribe?
– Pero, señor, es obvio. Porque alguien
(cuando yo era pequeña)
dijo que la gente como yo, no existe.

[…]

La gente como yo no existe. Esa afirmación siempre ha sido implícita. Nadie me lo tuvo que decir, basta con voltear a ver alrededor para darme cuenta. Porque la norma heterosexual y patriarcal dicta que las mujeres nos relacionamos sexual y afectivamente con los hombres; el estado donde vivo sigue negando mis derechos con rosario en la mano; me siguen preguntando: ¿quién es el hombre en la relación? como si mi atracción sexoafectiva me hiciera menos mujer; y porque, incluso ahora, mi madre prefiere tener la esperanza de que un día me enamore de un hombre a aceptar que su hija es lesbiana. 

Por eso escribo hoy, porque diez años tenía cuando me convencieron de que no era lesbiana, ya que cuando estaba en kínder dibujé un corazón con el nombre de Willy. Les di la razón ¿cómo no lo haría? Tenía sentido, solo estaba confundida. Hice mi primera lista llena de perjuicios que justificaban que yo no era lesbiana: no me gustan los deportes, me gustan los vestidos y la ropa de colores, me gustan las películas de Barbie, juego a ser mamá y a maquillarme. 

Porque doce años tenía cuando lloré sola a causa de un corazón roto y fue un llanto en silencio, sin poder correr al hombro de mamá o alguna amiga, porque me daban vergüenza mis lágrimas por una niña. Porque a los quince se me hizo más fácil seguir a mis congéneres y hacerme novia de cualquier niño que le gustara para, en algún momento, agarrarle el gusto y así, existir.

[…]

Escribo porque yo, un día, adolescente,
me incliné ante un espejo y no había nadie.
¿se da cuenta? El vacío.

[…]

Esto me dio suficientes motivos para hablar de la diversidad desde lo personal y no hay que olvidar que lo personal es político. Porque sí existimos y aquí estamos. Somos mujeres que aman a otras mujeres. Ser lesbiana en México y, peor aún, reconocerte lesbiana en Yucatán es un acto de resistencia. Es importante la visibilidad porque, en la ausencia, hay soledad. Porque somos una generación que hizo tests estereotipados para saber si de verdad le gustaba la amiguita de la escuela, ya que no tuvimos a quién preguntarle; y un prematuro internet nos educó.

Espacios como este nos permiten recordarles que esta ausencia de representaciones lésbicas nos ha llevado a normalizar que hombres heterosexuales cosifiquen y vuelvan objeto de consumo sexual a las mujeres lesbianas. Reconocer que conformamos un grupo que sufre una doble discriminación: la primera por nuestro género y la segunda por el estigma al que está asociado nuestra orientación sexual. 

También ayudan a que las niñas y adolescentes ya no vean un vacío en el espejo, que encontrar ese reflejo les tome menos años que a mí. 

[…]

ya madura, descubrí
que la palabra tiene una virtud:
si es exacta es letal.

[…]

Hoy escribo para la niña que fui, la que se ha encontrado con palabras y discursos que la invisibilizan, la violentan y la niegan. Para las que ahora se encuentran con que estados de su país proponen iniciativas que buscan prohibir la educación sexual y de género; o con notas sobre una mujer policía agredida por reconocerse lesbiana. Por las que en su realidad parece no haber espacio para ellas. Y por las que se cuestionan su existencia porque sus familias tienen expectativas que no les corresponde a ellas cumplir.

Porque les digo que sí existimos y seguiremos aquí, que el espejo tiene el reflejo de nosotras, somos válidas. Y sobre todo porque la palabra, también es refugio.

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