Hablemos de poco ortodoxa

Hace aproximadamente un mes se estrenó en Netflix la miniserie “Poco ortodoxa”, inspirada en las memorias de Deborah Feldman en su libro Unorthodox: the scandalous rejection of my hasidic roots. En cuatro episodios nos permite acompañar a Esty Shapiro, una joven que vive en la comunidad jasídica Sarmar de Williamsburg en Nueva York: una comunidad judía ortodoxa.

Una serie que se desarrolla en su mayoría en yiddish, lengua judaica, nos muestra las costumbres y tradiciones de esta comunidad. Este retrato se pudo lograr de forma tan cercana y atinada porque Deborah Feldman participó activamente durante su creación, y también por la participación de expertos judíos y la participación de actores y actrices de la misma comunidad. Y si bien pareciera que esta serie tiene elementos que podrían destinarla a ser popular, como una mujer protagonista desafiando los estereotipos o roles, aventura, un camino de autodescubrimiento, entre otrosPoco ortodoxa destaca por otro motivo: su sinceridad.

En los primeros minutos del primer capítulo vemos como Esty huye a Berlín con el dinero que pudo meter en su falda, con sus documentos y con una foto de su abuela. La historia se va desarrollando simultáneamente de dos maneras: en la actualidad y con flashbacks de cómo se dio la boda de Esty con Yanky, un matrimonio que al inicio anhelaba, pero del cual ahora huye.

Y, ojo, no anhelaba el matrimonio por estar enamorada, pues este es arreglado como de costumbre en su comunidad. Ella lo anhelaba por la expectativa de cumplir con lo que su comunidad le mandaba, “iniciar una nueva vida y formar una familia”. Además, es importante mencionar que tenía alrededor de 17 años, por lo que se podría considerar como un matrimonio adolescente, una de las formas de violencia contra las niñas y adolescentes.

La ejecución de esta serie es destacable varios motivos, como las actuaciones o la fotografía. Pero quisiera destacar los siguientes: la complejidad de sus personas, la realidad que retrata y el mensaje que manda. Desde el inicio de la serie vemos lo presentes y fuertes que son las memorias del Holocausto en las familias de la comunidad jasídica, cómo han construido su comunidad en torno a esto y cómo Etsy se enfrenta a dos distintas narrativas: en su comunidad el horror sigue presente, pero en Berlín la juventud honra la historia a través de su celebrar su libertad.

En una escena del capítulo 1, Robert, un joven de Berlín, le señala un lago a Esty y le dice:

“… cuando estaba el Muro de Berlín, desde la RDA le disparaban a cualquiera que intentara atravesar el lago.

E: ¿Y ahora?

R: Puedes nadar libremente”

A lo largo de la serie son diversos momentos en los que vemos referencias a la historia que contiene Berlín, pero al mismo tiempo vemos una ciudad con juventud y con música, en la cual Etsy busca su libertad. Este contraste nos invita reflexionar no solo sobre los horrores de la guerra, sino también sobre las narrativas que se han desarrollado.

La complejidad de los personajes es algo destacable, no solo por las actuaciones, sino porque también nos muestran caras muy sinceras, lo que nos permite visualizar una realidad con muchas caras. Un claro ejemplo es el personaje de Yanky, el esposo de Esty. Me parece que en muchas ocasiones nos retratan a los hombres violentos como monstruos irracionales, sin humanidad y llenos de crueldad, pero a Yanky lo muestran como persona.

A lo largo de la trama vemos muchas caras de Yanky: desde ilusión, nerviosismo, desesperación y violencia. Su complejidad recae en que nos logra retratar a un hombre que ejerce violencia como lo que es, un hombre que ejerce su poder contra una adolescente porque el sistema y su cultura lo ha legitimado y enseñado eso. Actúa sobre lo que conoce, que es lo que se le ha permitido conocer.

Personalmente, me parece una fotografía muy importante por lo siguiente: nos invita a reflexionar sobre las estructuras, las creencias, tradiciones, dinámicas familiares, nos muestra la violencia de manera colectiva, sistemáticay no como algo aislado y excepcional.

Por último, pero no por eso menos importante, el mensaje. En el detrás de cámaras, Shira Haas, quien interpreta a Esty,menciona que “No es una historia sobre el pensamiento de Dios ni nada parecido, es más sobre el derecho a tener una voz propia.

Contrario a lo que pudiera parecer a primera vista, no se trata sobre Esty cuestionando su religión o dudando de la existencia de un dios o no, se trata de cómo Esty redefine las reglas que por muchos años le habían enseñado y traza las propias, porque siempre “fue diferente” y ahora buscaba su lugar. Desde el inicio de la serie vemos cómo Esty no solo es feliz por su futuro matrimonio, sino que también rechaza a su madre por abandonar a su comunidad. Cuando Esty se encuentra en Berlín defiende a su comunidad, sus creencias, pero también se abre a probar nuevas reglas.

Para mí, esto fue una bocanada de aire fresco, como mujer que ha crecido en un país mayormente católico y que nunca se ha sentido identificada ni cómoda con dicha religión. Ver a un personaje que más que cuestionar la existencia o no de un dios, cuestiona las reglas y construye las propias,fue muy significativo.

“Poco ortodoxa” nos invita a reflexionar sobre muchísimas cosas más. Es una serie agradable a la vista, llena de cultura y que te atrapa desde los primeros minutos, pero sobre todo,que tiene un mensaje muy sincero y refrescante. ¡Disfruten el viaje!

Recomendación: Este artículo sobre “Poco ortodoxa” profundiza mucho más en la realidad de las mujeres de la comunidad jasídica: “Dios espera demasiado de mí” de Tali Goldman y Mariana Levy.

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Estudiante de décimo semestre en la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Yucatán. Miembro del Colectivo Más Derechos Humanos y de Amnistía Internacional Yucatán.

Escribo de temas de interés social con perspectiva de derechos humanos.

"Cada quien necesita viajar a su propio tiempo por su propia distancia".

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