¿Gobierno de izquierda?

A dos años de gobierno de López Obrador, cabe preguntarse algo fundamental y muchas veces dado por hecho: ¿es su gobierno realmente de izquierda? El gobierno actual, que tiene como base al partido de Movimiento Regeneración Nacional (MORENA), tiende a ser tildado por sus mismos representantes como uno de izquierda, del pueblo, y la oposición más conservadora nutre su antagonismo de este dicho y conspiraciones quiméricas (FRENAAA). Sin embargo, para analizar seriamente la cuestión de la orientación política del actual gobierno se necesita comparar el discurso junto con distintos hechos.

Antes que nada, quiero responder anticipadamente por qué importa esta pregunta. Importa dado que la definición de la ideología forma una guía para las personas votantes y partícipes de una democracia. Asimismo, es relevante la identificación de la tendencia política de un movimiento tan grande en México para cuestionarnos afiliaciones partidistas nuevas (el “chapulineo”) o el excesivo pragmatismo de quienes están en la política. Aunque se mire a este acercamiento con desdén por idealista, la constancia mínima de los ideales políticos de las y los gobernantes o de los partidos pueden brindar un poco más de confianza en las instituciones democráticas y servir de guías reales. A pesar de que la constancia no asegura que un político o un grupo político tenga ideales más allá de la ambición por el poder, nos lleva como país un poco más en esa dirección.

Empecemos a tratar de responder esta cuestión. Una guía para el análisis del discurso de MORENA viene del teórico Roger Bartra quien argumenta que la ideología del partido, la cual él llama obradorismo, no es realmente de izquierda. El exdirector de la revista comunista Machete hace un análisis de la propuesta obradorista y concluye que, más bien, ésta es solamente una propuesta populista y estatista con tintes religiosos. Para Bartra, a lo que realmente más se asemeja el obradorismo es al viejo Partido Revolucionario Institucional.

En este debate de la parte ideológica y discursiva del obradorismo, entra Gerardo Esquivel, simpatizante del proyecto de López Obrador, quien argumenta que en el análisis de las tendencias de izquierda de México, la de MORENA pertenece a una de ellas: la izquierda nacionalista. Más allá del uso muchas veces peyorativo de nacionalista, el autor hace énfasis en que lo fundamental de este discurso que es el enfoque que se le da a la gente en situación de pobreza y a los relegados del desarrollo; el enfoque en lo social hace que el discurso sea fundamentalmente de izquierda, según Esquivel.

Aunque ambos autores tienen buenos argumentos, al menos en el plano teórico, parece ser que el discurso del gobierno actual tiende a ser de izquierda por diversos motivos. Especialmente resalta el hecho de que el discurso obradorista contrasta fuertemente con los gobiernos anteriores por la recurrencia en los discursos del presidente del tema indígena, el tema de la desigualdad, las élites privilegiadas y la población olvidada. Con estos elementos podemos notar que, en efecto, la tendencia del discurso presidencial va hacia el lado social, hacia la izquierda.

Esto sobre todo respecto al líder del movimiento, López Obrador; sin embargo, el partido como tal, y por ende el gobierno en general, ha demostrado tener tendencias contradictorias. En un intento por ampliar al partido, MORENA se ha vuelto un partido con integrantes disímiles entre sí; para ganar elecciones, se ha vuelto un partido más pragmático, un partido atrápalo todo que incluso llegó a la presidencia en alianza con el Partido Encuentro Social, considerado el partido más conservador de la democracia mexicana con muchos lazos con el movimiento cristiano evangelista.

Lo anterior demuestra otro gran problema para definir al gobierno como uno realmente de izquierda: su personalismo. Bruhn (1996) explica cómo, para la izquierda institucional mexicana (la que compite en elecciones), este problema ha existido desde que se formó el PRD bajo la figura de Cárdenas. Por otro lado, con el surgimiento de López Obrador como referente político, se comenzó a formar un movimiento personalista detrás suyo.

De alguna manera, más que representar una izquierda moderna y sustentada en los pensadores y activistas izquierdistas del siglo XX, el obradorismo muchas veces parece ser una serie de decisiones pragmáticas u ocurrentes de su líder y no una tendencia ideológica clara. Falta política ambientalista, activamente promover los derechos de las mujeres como el aborto y una postura clara sobre caminos alternativos a la guerra contra las drogas, por poner algunos ejemplos.

Mucho se podría hablar del discurso —tomando declaraciones contradictorias de aquellos adscritos al partido o de acciones simbólicas del gobierno— y nunca se llegaría a una conclusión real si no nos fijamos en los hechos, los cuales siempre pesarán más que los dichos.

Lo esperado de un partido de izquierda es que tenga el discurso de “primero los pobres” aunado con programas de fuerte gasto social. Difícilmente con un gobierno excesivamente ahorrador y pequeño, se puede progresar en cuanto a justicia social. Al ver los datos duros, obtenidos de las bases de datos publicadas por la OCDE,en relación con el gasto social, el gobierno no ha cambiado sustancialmente su gasto social respecto a los gobiernos anteriores.Es más, desde que llegó al gobierno, se ha preferido una política de menos Estado, la denominada austeridad republicana. Esto va en directa contradicción con el discurso, dado que este gobierno ahorra hasta para su gasto social como en el de salud. Esto hace muy difícil que pueda haber un cambio a mejor para la sociedad mexicana.

Por otro lado, se debe reconocer que el gobierno sí parece reforzar políticas de izquierda respecto a las y los trabajadores. El aumento del salario mínimo desde el inicio del gobierno, la nueva ley para regularizar a los trabajadores y eliminar el outsourcing y la reforma laboral, que incluye la democratización de los sindicatos y la inclusión de las trabajadoras del hogar en el seguro social, son políticas de izquierda. El gobierno también ha emprendido una caza por impuestos a través del SAT de grandes empresas como Walmart, tratando de hacer justicia tributaria. Por el otro lado, el gobierno no quiere más impuestos y tiene gran cercanía con personas empresarias surgidas de la época de las privatizaciones, como Salinas Pliego o Carlos Slim. El problema es que, sin una reforma fiscal, los logros en términos sociales solamente podrán ser limitados y cortoplacistas. ¡Entre los países de la OCDE, somos el país que menos impuestos recauda como porcentaje del PIB (solamente 1.61%)!

Entonces, ¿es de izquierda el gobierno o no lo es? La respuesta no puede sino ser ambigua, como todas las posturas del presidente. Por un lado, impera un discurso con el problema social al frente, pero abigarrado de otros discursos conservadores y con omisiones de otros objetivos de izquierda. Por la parte sustantiva, existe una equivalencia en términos de gasto social con los gobiernos anteriores y un ahorro grande en gasto, combinado con un empuje por un trato más justo para los trabajadores y un enfrentamiento (parcial y selectivo) con empresas incumplidas en términos tributarios.

Entonces, parece que este gobierno es de izquierda solo parcialmente. Más bien, hasta ahora, MORENA es un movimiento personal y obradorista: inspirado del discurso de la izquierda y con ciertas acciones en esta dirección, pero también con ciertos elementos más centristas, conservadores o simplemente ocurrencias.

El morenista “de hueso colorado”, Gibrán Ramírez, critica a quien él llama de manera peyorativa laizquierda intelectual, al decir que:

“La izquierda intelectual tendrá que decidir entre pagar la deuda que contrajo por entregarse en los brazos de las teorías de la transición ciega a la economía o, en lugar de eso, negar con cara de fuchi desde el sillón”.

Pero de quien habla abarca también a quienes simplemente queremos que se les dé una voz clara, fuerte y no ambigua a causas sociales, como la legalización de las drogas, la desmilitarización, la política ambiental sólida, los derechos reproductivos de las mujeres o los derechos de la comunidad LGBT+, siempre con la justicia social como lucha primordial. Es falso que ser de izquierda es estar con Obrador, o no ser, como Gibrán sugiere.

En estos dos años de gobierno, MORENA se ha venido convirtiendo cada vez más en un partido de oportunistas sin ideales y parece no ser un buen camino para “pagar la deuda” que tiene el país con la población más desfavorecida; mientras tanto, la oposición tradicional es de derecha y está demasiado deslegitimizada, y con razón. Importa saber si el gobierno es de izquierda porque, si no satisface, hay que construir otra opción.

Referencia sin hipervínculo:

Bruhn, Kathleen. Taking on Goliath: The Emergence of a New Left Party and the Struggle for Democracy in Mexico. 1996.

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Proselitista de que lo humano es crear. Me gusta Juan Rulfo, el ruso, el cine y el blues. La política (me) importa y escribir también. “Al que obra mal, se le pudre el tamal”.

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