Frontera Dura

El 12 de octubre de 1984, Margaret Thatcher terminaba de afinar el discurso que habría de dirigir más tarde a sus compañeros del Partido Conservador en la ciudad de Brighton, Inglaterra. Sin embargo, durante la madrugada, un explosivo destruyó varios pisos del hotel en donde se encontraba, matando a cinco personas e hiriendo a unas cuantas más. La Primera Ministra había sido víctima de un atentado terrorista en tierra inglesa. ¿Alguna organización extranjera? No. ¿Algún grupo extremista religioso? Tampoco. El ataque había sido llevado a cabo por el Ejército Republicano Irlandés Provisional (IRA, por sus siglas en inglés), el cuál utilizó la violencia con el fin de desgastar al gobierno británico y que así renunciase a su control sobre Irlanda del Norte, permitiendo una reunificación de la isla. 35 años después, ya no tenemos noticias de atentados por parte de este grupo. ¿Qué pasó? ¿Qué se hizo para terminar sus operaciones? En una nuez, se eliminó una frontera para “unificar” de facto a ambos territorios bajo el cobijo de la Unión Europea. Este cobijo es el que ha traído paz y calma a una región europea que era famosa, junto con el País Vasco o los Balcanes, por ser una de las zonas más peligrosas y militarizadas del continente. Todo está por cambiar al cumplirse el plazo para llevar a cabo la salida del Reino Unido de la Unión Europea, el BREXIT. Todo está por cambiar.

Durante la mayor parte de su historia, el pueblo irlandés ha sido súbdito de la isla vecina. La historia de subordinación inició con la conquista de la isla irlandesa por parte de los ingleses en el siglo XII y no fue hasta pasada la Primera Guerra Mundial que el movimiento independentista irlandés logró presionar y obtener la independencia por parte de un gobierno británico desgastado por la guerra. Dentro de las negociaciones, la creación de Irlanda del Norte fue una de las cuestiones que el nuevo gobierno irlandés tuvo que ceder en cuanto a su soberanía. La zona actual de este territorio inglés es distinta, en su mayoría, del resto de la isla irlandesa al tener una preferencia respecto a su pertenencia al Reino Unido, contra una reunificación. Lo anterior, derivado de la alta profesión protestante que contrasta contra el tradicional catolicismo irlandés. Es entonces que Londres solicita mantener control de esta zona (con el puerto de Belfast incluido) como condicional para la independencia. Dublín acepta. Sin embargo, un conjunto de irlandeses católicos e independentistas queda atrapado dentro del territorio de nueva creación, el cual decide utilizar la violencia como medio de protesta y desestabilización: el IRA.

Como toda acción tiene su reacción, la facción unionista y protestante decide armarse y formar su propio grupo de choque ante la pasividad del gobierno británico frente al IRA. Surge entonces la Asociación en Defensa del Ulster (UDA, por sus siglas en inglés) como contraposición a los independentistas armados. De una confrontación política, se llegó a una armada en donde el gobierno británico envía finalmente al ejército a la frontera con la República de Irlanda, militarizando la zona. Como consecuencia, el flujo de personas entre los dos territorios se vio fuertemente reducido, así como el comercio y el movimiento económico. Los favorecedores de la reunificación que quedaron atrapados dentro de Irlanda del Norte decidieron volverse aún más radicales e incisivos ante las presiones provenientes de Londres y de la UDA. Durante las décadas de 1960, 1970 y 1980 los enfrentamientos fueron violentos, incluyendo un conjunto de ataques terroristas dentro de Irlanda del Norte, el resto del Reino Unido e, incluso, en varias ciudades europeas. La violencia estaba desatada en una zona medular de Europa y occidente.

Las tensiones se mantuvieron hasta entrada la década de 1990, cuando los lazos de comunicación entre unionistas, independentistas y el gobierno británico comenzaron a explorar la posible salida del vórtice de violencia que vivía la zona. No fue hasta 1998 cuando se logró un pacto y un alto al fuego mediante el Acuerdo de Viernes Santo, mismo que fue avalado por los habitantes de ambos lados de la frontera mediante un referéndum. En pocas palabras, el acuerdo establece un alto total al enfrentamiento armado y una transición directa hacia la paz. Entre las medidas para conseguir lo anterior, Londres cedió autonomía a Irlanda del Norte con la creación de un gobierno semiautónomo y un parlamento propio para la región (acercándolo en nivel a sus pares escocesas, galesas e inglesas; dentro del Reino Unido). Igualmente, se eliminaron las fronteras y controles aduaneros, las tropas británicas se retiraron de la zona y los ciudadanos de ambas irlandas pudieron acceder a las dos nacionalidades posibles. El acuerdo incluyó la integración de las comunidades en materia de salud, educación, cultura y deporte. En pocas palabras: permitió a los independentistas estar muy cerca de la República de Irlanda, mientras los unionistas estaban satisfechos al estar aún dentro del Reino Unido. Las fronteras de ambos países se traslaparon y difuminaron, acabando así con décadas de violencia y normalizando la vida en esta región. Un acuerdo de paz verdaderamente integrador y exitoso. Hasta ahora.

En 2016, se llevó a cabo un referéndum en Reino Unido en donde se consultó a la población la posibilidad de que el país saliera de la Unión Europea. El sí ganó con un 51.9 % de los votos, iniciando la maquinaria para la desconexión entre el país británico y el continente europeo. Sin embargo, la distribución de los votos no fue uniforme: mientras la posibilidad de irse fue ganadora en las regiones de Inglaterra y Gales, la negativa se impuso en las zonas de Escocia, Irlanda del Norte y Gibraltar; regiones altamente dependientes del intercambio con Europa, el flujo de personas y los apoyos en subsidios europeos. Se había votado el qué; se tiene ahora que resolver el cómo.

Dentro de la negociación del divorcio se había definido al 29 de marzo de 2019 como una fecha final para llevarlo a cabo. Se tuvo que posponer hasta el 31 de octubre del mismo año, fecha que cada vez se acerca más. ¿La razón? No hay un acuerdo definitivo. Específicamente, el tema de las fronteras tiene empantanada la negociación con la Unión Europea. El problema se encuentra en dos territorios británicos: Gibraltar e Irlanda del Norte, regiones en donde el Reino Unido tiene sus dos únicas fronteras terrestres. El caso gibraltareño es similar al irlandés: es una zona que vive del flujo de personas, no hay aduana ni chequeo de pasaportes; las diferencias entre este peñón y España no se notan al cruzar. Esto se acabaría, pero es algo que se vivió durante gran parte del siglo pasado. La frontera “dura” existió en Gibraltar y probablemente lo haga de nuevo, sin violencia de por medio. Sin embargo, esta opción no es factible aplicarla de la misma manera con Irlanda del Norte, y esto porque justamente la desaparición de este tipo de fronteras fue lo que trajo la paz.

¿Qué opciones existen? Durante las negociaciones, se han propuesto tres posibilidades para poder resolver el problema. No es difícil saber que ninguna ha sido factible, dado que las negociaciones aún no terminan y la fecha fatídica se acerca. La primera posibilidad es que la frontera dura se establezca de nuevo entre Irlanda del Norte y la República de Irlanda, tirando el acuerdo de Viernes Santo a la basura; los independentistas irlandeses y la República de Irlanda (y la Unión Europea) se oponen a esta opción. La segunda propuesta es establecer la frontera en el Mar Irlandés entre las dos islas, manteniendo de facto a la isla completa de Irlanda dentro de la Unión Europea, pero dejando fuera al resto del Reino Unido; los unionistas irlandeses se oponen a esta opción, ya que implica una casi reunificación. La tercera opción es que, dentro de los acuerdos, se mantenga la libertad de tránsito de personas y bienes entre el Reino Unido y la Unión Europea, evitando así fronteras físicas, opción totalmente negada por Londres al ser una de las exigencias base del BREXIT. Tenemos entonces posiciones encontradas respecto a qué hacer con la frontera sin acabar con el delgado hilo que mantiene la paz en la zona. ¿Qué hacer con la frontera entonces?

El 23 de abril de este año, la periodista Lyra McKee fue asesinada de un tiro a la cabeza durante unos disturbios en la ciudad fronteriza de Londonberry, mismo que fue reconocido por parte de un brazo aún vigente del IRA, el cual ha fijado su retorno a las armas si la frontera dura regresa con el BREXIT. Igualmente, el día 11 del mes pasado, la policía encontró artefactos explosivos en varios coches policía, los cuales también fueron aceptados como una afrenta del IRA. La violencia en esta zona de Europa se logró mantener y contener con las medidas que realmente funcionan: la integración, el fortalecimiento democrático y la unificación. Un BREXIT pensado desde un lejano Londres nunca puso sobre la mesa estas posibilidades que son las que tienen detenida una negociación fructífera en el divorcio con Europa.

El reloj corre y el tiempo avanza. Hay que estar atentos a lo que ambas partes deciden, porque la paz de una región completa está en juego y la violencia está al acecho de surgir de nuevo. Europa ya ha dejado claro que al no llegar a un acuerdo el 31 de este mes, las fronteras duras volverán a la República de Irlanda y a España. La bola está en el tejado de Londres. El futuro de uno de los mejores proyectos de los últimos tiempos en integración entre comunidades distintas y de tránsito de violencia a paz está en riesgo. Vienen momentos históricos.

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Desde muy joven he sido un apasionado de la política nacional y global, por lo que me empeñé en estudiarla a través de la carrera de Ciencia Política en el ITAM. Me encanta viajar y conocer nuevos sitios y culturas.

Soy yucateco de corazón. También soy gamer, y ávido seguidor de franquicias cinematográficas de superhéroes y ciencia ficción. Amo a los animales, apoyo la libertad del individuo y soy excesivamente una persona positiva.

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