“Forzar” la inclusión

“¡Es que ahora en todo tiene que haber un personaje gay!”. “Las feministas siempre arruinan todo. ¿Por qué ahora siempre tienen que meter a mujeres? Que saquen su propia película y no las incluyan en esta”. Comentarios de este tipo parecen inundar las conversaciones actuales, criminalizando o rechazando hasta el más mínimo esfuerzo hecho que favorezca la visibilización en series o películas –al ser medios audiovisuales y en donde se hace más evidente– de algún grupo históricamente oprimido.

Frases como las anteriores suelen estar acompañadas de la solicitud de una explicación, un sustento o una razón para meter a personajes LGBT+, latinxs, personas con discapacidad, mujeres, racializadas, etc. Si en una película o serie introducen a un personaje que se “salga” de lo normalizado, se pide una explicación, como si necesitáramos una razón para existir en contenido de entretenimiento y como si sucediera en el caso “opuesto”: como si se exhortara a que se dé una razón de por qué tal personaje es heterosexual. ¿Qué aporta su heterosexualidad a la trama? Esa pregunta nunca se hace, pero sí: “¿por qué tiene que ser LGBT+?”

Desde mi punto de vista, quienes hacen comentarios en esa línea se encuentran dentro de una burbuja en la que no ven más allá de su realidad directa. No les culpo, digo, sí, está muy bien que las mujeres representemos más del 50% de la población mundial, pero ¿de verdad una mujer tiene que ser la protagonista en una película de superhéroes? ¿En serio ahora tienen que juntar no a dos, sino a cuatro mujeres para hacer un reboot de una película que salió en la década de 1980 y cuyos protagonistas eran puros hombres? ¿O, peor aún, un spin-off con ocho mujeres de una trilogía que empezó con once hombres? Tiene mucho sentido que se quejen de ese tipo de contenido, solo se están “forzando” las cosas.

Para todos esos casos, se demanda la explicación y se pregunta el porqué. Nunca antes se había puesto en duda –por parte de la audiencia que de una u otra forma estaba privilegiada y se veía representada– que se encontrara con personajes blancos en lo que veían, por dar un ejemplo. No es sino hasta el momento en que se visibilizan los grupos, que antes tenían una presencia prácticamente nula, que comienzan las quejas. Quejas que al final de cuentas solo demuestran una gran falta de empatía, y que quienes las hacen, toman como ofensa, como ataque, que se ponga a un personaje que, por su identidad, sexualidad, alguna característica, por quién es, no ha sido normalizado en la sociedad, y, por ende, tampoco en el mundo del entretenimiento. ¿Dónde quedan entonces las miles y millones de películas y series centradas en hombres blancos, cis y heterosexuales? Su representación se ve amenazada por un contenido entre millones. Qué terrible.

Muchas causas del descontento también vienen porque en el contenido original (en el caso de los reboots, remakes o adaptaciones de alguna novela o cómic) un personaje era, por decir algo, una mujer blanca y rubia, pero al realizar la serie de televisión el papel lo interpreta una mujer negra. ¿Qué necesidad? ¿Por qué no dejar las cosas como eran inicialmente? No es como si se necesitara, porque obvio ya hay suficiente representación para esos personajes.

Las quejas igualmente tienden a estar plagadas de misoginia, racismo y homofobia por rechazar estos cambios y, aunque se argumente que “no es por eso”, ¿realmente no lo es? La discusión sobre el live-action de La Sirenita que surgió a mediados del año pasado venía con muchísimos comentarios racistas y gente que afirmaba que en realidad lo que les molestaba era que “no se apegara a lo original”, pero que “se indignarían también si fuese al revés”. No podemos afirmar eso, al menos no por el contexto social e histórico en el que nos encontramos, pues sinceramente dudo que hubiese causado el mismo descontento si “originalmente” la Sirenita fuese negra y pretendieran poner a una actriz blanca y, para reforzar este punto, basta con saber que abundan los ejemplos de whitewashing en Hollywood, como en el caso de Exodus: Dioses y Reyes o Dioses de Egipto, donde vemos a actores y actrices blancas haciendo el papel de… ¿egipcios? Esas películas las puede ver alguien y no indignarse por el casting, por personas blancas interpretando un rol que no les correspondía, no les enoja ni inquieta. Pero cuidado y es al revés y sobre una sirena.

A mí ya me parece muy lógica toda esta cuestión de incluir a personajes que se encuentran fuera de lo que está normalizado. No me cabe duda que se necesita mayor representación, pero al mismo tiempo soy plenamente consciente de que no es así para mucha gente, por no decir que la mayoría. Lo que les corresponde, idealmente, es cuestionar por qué piensan que es negativo ver una diversidad de personajes en el contenido que consumen. ¿Es acaso por temor a no sentirse identificadas con los personajes que ven? Me parece bastante contradictorio, pues personas de la comunidad LGBT+ han podido identificarse con situaciones que viven personajes heterosexuales –teniendo en cuenta que, al menos en televisión, para la temporada 2019-2020, el 90.1% de los personajes con apariciones regulares son heterosexuales–, ¿por qué no podría ser al revés?

Supuestamente, ahora en todo se mete a personajes de grupos históricamente discriminados. Ojalá. Ojalá en todo tipo de contenido viera personajes LGBT+, con la flojera que me da tener que soportar los romances heterosexuales de toda la vida. Ojalá existiera más contenido con mujeres como protagonistas y no solo como el interés romántico. Ojalá se incluyeran más personajes con discapacidad y no solo cuando la narrativa gira en torno a dicha discapacidad.

No se está forzando nada porque no necesitamos justificación para vernos representadas. Hay muchísimo potencial en todas esas historias que no han podido ser contadas, de las que no hemos podido saber porque ni siquiera han sido creadas ya que no se les da la oportunidad, y aún queda un muy largo camino por recorrer. No necesitamos una razón para vernos en el contenido que consumimos; estamos aquí, estamos creando el contenido y nos insertamos en él porque queremos ser parte del mismo y decirle al mundo que también nos corresponde el espacio, porque nuestras experiencias han sido acalladas e ignoradas y no es justo. Estamos porque existimos, y a quienes incomoda es porque algo está saliendo bien, porque se les está diciendo y recordando que no es solo su sitio: es también nuestro.

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Estudio Comunicación Social y prefiero escribir antes que hablar. Considero que es muy importante realmente escuchar a las demás personas para así aprender de ellas.

Me gustan los libros de fantasía y las series de ciencia ficción de los 60’s. La mayoría de mis series favoritas están subestimadas.

Una respuesta a «“Forzar” la inclusión»

  1. Absolutamente en desacuerdo con casi todo. Forzar la inclusión no normaliza. No es malo ni bueno que haya o no un personaje gay/minoría étnica/no binario en una serie o película. Lo malo es TENGA QUE HABER un personaje gay/minoría étnica/no binario por fuerza porque si no lo hay entonces la serie/película ya no es políticamente correcta. Dices que el 90.1% de los personajes con apariciones regulares son heterosexuales–, ¿por qué no podría ser al revés? pues porque se supone que las peliculas/series son representaciones de la sociedad y la sociedad ES en un 90% HETEROSEXUAL. Eso es bueno? malo? ni lo uno ni lo otro. Es asi.
    Y no, ni soy racista, ni xenófoba ni nada de lo que me puedan acusar, sino todo lo contrario. Lucho por la igualdad y saturar a la gente no me/nos va a ayudar.

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