FEMINISMO+CUIR

Por: Cris G (@crsseviltwin)

No sé si primero me nombré queer o feminista, tampoco sé si importa. Me refiero al orden porque nombrarse es parte de nuestra esencia más humana: mujer, lesbiana, cis, trans, gay, bisexual, asexual, pansexual, hetero, no binarie, de izquierda, blancx, latine, punk, gamer, radical, feminista, cuir. Tengamos o no una lucha frente a nosotres, todes nos nombrarnos de una o varias formas. Razones hay muchas, pero principalmente puedo pensar en dos: para descubrirse a une misme y para encontrar comunidad.

Hace 10 años mi primera novia me presentó lo que podemos englobar como Teoria Queer™, ambas comenzábamos a definirnos e iniciamos una corta pero especial relación y pensó que podría interesarme. Conocía poco del tema, más que nada conceptos generales encontrados en aquellas otras lecturas secretas de morra-descubriendo-su-homosexualidad y en todo el contenido audiovisual LGBTI que había devorado.

Pero más allá de eso, la palabra en sí, me había resonado durante años, sobre todo entre mi único noviazgo heterosexual de prepa y mis primeros años de duda, negación, depresión o represión en la universidad.  La conocía porque era yo, desde siempre. Rara, extraña, no normal. Porque a los 8 tuve mi primer crush y no le dije a nadie. Porque me obsesionaba con leer sobre historia LGBTI teniendo novio. La sentía rondando en mi mente cuando forzaba una “expresión femenina” porque no quería ser señalada como taaaan diferente mientras lo único que quería era ocultar mi figura y vestirme como vato -o Allison Mosshart en su defecto-.

Soy una blanca básica de clase media alta, honestamente la tuve fácil, pero la angustia existencial de ser lesbiana closetera en los dosmiles, en San Luis Potosí católico apostólico fue agobiante. Aún dentro de mi vida de privilegio el saberme, reconocerme y quererme como queer fue revolucionario y liberador, y una vez que inicié ese proceso inmediatamente apareció el segundo elemento: comunidad.

De une en une fui sumando amigays, durante un intercambio en otro país la conocí a ella. Todo fue secreto porque hasta los grandes saltos a veces se dan en silencio, pero lo importante fue que los dimos. Fue el inicio de mi otra familia que aún sigue creciendo y como hace poco dijo una amiga, siempre de alguna forma les cuirs nos encontramos.

 

Durante todo ese tiempo también crecí y me identifiqué como feminista y desde entonces junto a mi queerness (perdonen el anglicismo pero cuirismo no me gusta) ambas han mutado, se han formado poco a poco con lo que puedo leer y con lo que gente maravillosa e inteligente me han enseñado, juntas han descubierto nuevos imaginarios identitarios, han asimilado errores propios o ajenos, se han cuestionado y nutrido de otras experiencias, intentan cada día identificar cuándo hablar y cuándo escuchar, han entendido sus privilegios, han aprendido de otras luchas y poco a poco han concluido que la coalición política es no solo inescapable sino necesaria para abordar la suma de inequidades a las cuales nos enfrentamos. Al final he llegado a entender que los diversos feminismos, la teoría queer, el marxismo, el antirracismo y muchas otras filosofías y movimientos están interrelacionados de forma estructural, con sus diferencias, contradicciones, omisiones y rupturas, pero también con obvias intersecciones y sobre todo objetivos comunes: desestabilizar y romper distintas jerárquias opresivas, sean de la cis-heteronormatividad, de la blanquitud, del capitalismo o el Patriarcado.

¿Y a dónde voy con todo esto? Previo a este 8M surgen de nuevo -igual que durante el mes del orgullo, el 26A o el 25N- los ya recurrentes ataques a poblaciones LGBTIQ desde distintos frentes reaccionarios y con los mismos argumentos repetidos incansablemente. Quienes sobresalen particularmente estos días son grupos de feministas excluyentes cuyo discurso niega la autonomía, identidad y la existencia de personas trans y no binaries, al igual que cuestionan su pertenencia al El Feminismo™ como sujetxs políticos.

Poco imaginaba hace 10 años que lo queer volvería a ser el enemigo por defecto y mucho menos que sectores feministas aplicarían métodos de propaganda fascista para generar odio hacia grupos minoritarios, señalarlos como amenazas y perseguirlos como responsables de todos los males; las mismas estrategias que la ultraderecha ha instrumentalizado por décadas hacia feministas y comunidad LGBTI y que recientemente modernizó la Alt-Right. Mucho menos pensé que las vería retomar el uso peyorativo de queer/cuir y utilizarlo junto a policía, dictadura, lobby, patriarcado y otras tergiversaciones conceptuales que darían risa por absurdas si no fuera su fin poner un blanco sobre poblaciones vulnerables, promover agendas de odio y oponerse activamente a la demanda de derechos humanos.

Sí, siempre ha existido un feminismo reaccionario ante la otredad, sucedió con sufragistas blancas, durante la segunda ola hacia lesbianas o desde entonces contra mujeres trans. Las mismas mujeres -blancas, cis, de cierta clase- históricamente hemos decidido desde posiciones de poder que el mismo patriarcado nos otorgó quienes son más válides, por quienes si se lucha. No debería sorprenderme, pero sí me enoja, qué cinismo tan más cruel pensar que se puede ser víctima de minorías sin poder político real que como nosotras buscan emancipación y justicia, nada más patriarcal que encontrar un enemigo dónde no lo hay.

Ante estos ataques y los binarios biologicistas tan atorados en una rigidez conservadora que el Patriarcado impone y otras feministas defienden, el ser y reconocerse queer, cuir, disidente, es aún algo revolucionario y transgresor.

Es por eso que este 8M y durante todas nuestras batallas diarias elijo recordar que las mujeres somos diversas y quien es oprimide por el patriarcado también lo es, que existe un feminismo más interseccional e incluyente, más cuir, antirracista, con conciencia de clase, más empático y abierto a reconocer alianzas.

No sé si primero me nombré una cosa u otra, pero no importa, mi feminismo es queer y mi queernes es feminista. Por más que intenten insultarnos no pueden. Porque ese es el detalle, quienes quieren recuperar su uso despectivo evidentemente no lo entienden. No existe Teoria Queer™ como ente único y mucho menos dominante, no todo lo queer es teoría ni les cuirs la hemos leido. Lo queer son nuestras vidas, son comunidades, son humanidad compleja e imperfecta. Queer es familia, es lucha, es resiliencia, es orgullo ante el odio, perseverancia ante la negación; es saberse válide y valiente ante un sistema que insiste en dictar cómo vivimos, las categorías que nos definen, cómo funciona nuestro cuerpo, cómo expresar nuestra identidad o las luchas a las que podemos pertenecer.

“Pero los feminismos son y buscan precisamente eso”. Exactamente mi punto. Nombrémonos, celebremos como se nombran les demás y hagamos comunidad. La tercera razón para nombrarnos es precisamente para luchar con un enfoque claro y con multitudes a nuestro lado. Así que este 8M marchemos juntas y juntes contra las estructuras que nos oprimen porque sólo así se va a caer se va a caer.

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