El “eterno candidato” ante la crisis

He cachado a mi mente pensando en la barba que el gobernador se está dejando crecer. Distrae lo suficiente como para no mirar su oficina con acabado minimalista. Como para demostrar que está trabajando tanto y no tiene tiempo de ocuparse de sí mismo. Yo no logro dejar de verlo como una prueba más de su historia personal. Mauricio es un eterno candidato. Nunca terminado un cargo de elección popular.

¿Por qué puntualizar esto? Porque no hay mejor momento para acaparar un reflector que en una crisis. Más cuando esa crisis permite lucrar con el miedo. ¿No nos morimos de miedo con lo poco que sabemos del SARS-CoV-2? ¿No sentimos un poquito de paz con una declaración vacía dicha con seguridad por nuestra autoridad correspondiente? Esto dibuja una línea muy delgada entre gobernar y hacer política.

Mauricio es un ejemplo de esto. Basta con mirar que todo comunicado oficial sale desde su cuenta personal en redes sociales. Las dependencias sólo retuitean y contestan, de vez en cuando, comentarios específicos. La agenda política en Yucatán no cambia mucho: hablar del “estado seguro”, impulsar el “desarrollo económico”, mantener políticas asistencialistas y tener contento a los sectores empresarial y religioso. Lo demás puede esperar (nos afea los logros). Entonces, se hace notorio que su plan de contingencia se encamine a esa agenda.

Si la política no pretende beneficiar a empresarios, viene con un corte de asistencialismo. Cada entrega de apoyos incluye fotógrafes listes para mostrar a empleades del estado entregando una bolsa de despensa o una bolsa transparente con dinero. Videógrafes recolectan agradecimientos para el gobernador. Técnicas ancestrales en este país. Pero esta no es la política que más preocupa.

La forma de mantener el “estado seguro” durante esta epidemia tiene que ir más allá del gasto en seguridad. La gente preferirá que se compre equipo médico antes que una patrulla. Entonces, lo que sigue es utilizar a la policía. ¿Cómo? Cuidando que la enfermedad no entre por carretera o avión. Cuando eso fracase, estableciendo medidas punitivas justificadas en el miedo. Si nadie debería salir, entonces debemos castigar a quienes salen. Si “lo correcto” es usar guantes y cubrebocas, debemos multar a quienes no los usen. Es sólo otra forma de mostrar la seguridad del estado.

Ante esa lógica punitiva, le es sencillo a los gobiernos municipales construir muros, montar guardias en las entradas o incluso establecer toques de queda. Desaparecer los Derechos Humanos porque “la seguridad es lo más importante”. Cerrar la gran mayoría de entradas a y salidas de la capital. Limitar la cantidad de personas en los vehículos privados, como si les empleades de las empresas esenciales tuvieran la capacidad económica para utilizar otro medio de transporte que no sea el público.

Si Mauricio está haciendo bien o mal las cosas no es del interés de este texto. He de reconocer que algunas de las propuestas sonaban efectivas, pero tuvieron pésima ejecución. El problema está en el uso de la crisis como excusa para mantener una agenda netamente política. No, Mauricio no es el único, pero es el que nos afecta. Exijamos el apego a los Derechos Humanos.

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Licenciado en Literatura Latinoamericana. Gestor cultural. Abogado de clóset. Escribe ficción y, a veces, cosas interesantes sobre la sociedad en la que habita. Experto en nada.

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