Esta no es “La Hora de Opinar”

Hace unos días se desató la polémica tras un video donde una persona pedía a sus compañeres que se refirieran a elle como “compañere” y no como “compañera”. El video se viralizó, como muches sabemos, pero a la vez, desató innumerables críticas y comentarios, unos agradables y otros… No tanto. Fue bastante triste ver a muches diciendo que el uso del lenguaje inclusivo era algo ridículo y que, una vez más la “generación de cristal” se quebraba cual mazapán… Curioso que se dijera eso cuando había más de une opinando ofendidísime por el uso de algo tan sencillo como una letra “e”. En fin, el debate sobre quién es la generación de cristal sigue y seguirá, no quiero que este sea un artículo más del tema. Sinceramente, lo que me parece más preocupante es la necesidad aguerrida que tienen muches de opinar y por eso les digo: la vida no es un episodio de “Es la Hora de Opinar”.

No me malentiendan, yo no quiero censurar a nadie, que opine quien quiera de lo que quiera. Sin embargo, aunque suene un tanto mal, creo que hay opiniones que salen sobrando. Por ejemplo, recuerdo un debate en clase del Cablebús: todes estaban opinando, diciendo que era un gasto innecesario o que “seguro la gente ni se va a subir porque les dará miedo”. Cuando llegó mi turno de opinar solo dije que realmente no tenía nada que opinar, esto por varias razones: no tengo idea de cómo funcione, no creo tener nunca la oportunidad o necesidad de subirme y, sinceramente, no vivo cerca de ninguna de las paradas del sistema de transporte. Si hice o no mal al ahorrarme mis comentarios es cuestión de cada une, si a ustedes les gusta opinar de todo, está bien.

Personalmente, analizo mi posición como mujer cisgénero blanca y de clase acomodada, y me doy cuenta de que mi perspectiva está seriamente formada por lo – verdaderamente poco – que conozco del mundo real. Para bien o para mal, la suerte me acomodó en esta dinámica de vida en la que muchos de los problemas sociales del país no me afectan y en los que, sin embargo, me han hecho creer que tengo suficiente cabida como para opinar. No quiero que este artículo se convierta en un episodio de “los blancos dándose cuenta de que son blancos” y tampoco quiero que este estamento se entienda como un “voy a existir únicamente en mi burbuja”. Si mi opinión tiene lugar, es informada y puede ayudar a mejorar la situación de vida de alguna persona la daré, de lo contrario, hablar por hablar me sabe mal.

Vía DepositPhotos. Figura femenina como observadora no participante

En mi universidad llevamos una serie de cursos de tronco común que invitan al estudio y debate de muchísimos temas de filosofía, sociología, antropología e historia. Una maravilla un tanto arcaica y bastante carente de autores que no sean del género masculino, maravilla que, no obstante su buen propósito ha creado en mí y en mis COMPAÑERES – defenderé el uso del lenguaje inclusivo hasta el cansancio – una especie de complejo de “salvadore”. En hora y media o una hora nos sentamos a discutir temas sociales desde la perspectiva de autores que muchas veces son simples observadores no participantes del día a día de su época. Se discute por horas y horas semanales de “los pobres son pobres por esto y aquello”, “el progreso se dio por esto y no por aquello”, “mejoraríamos al mundo si hiciéramos o deshiciéramos”.

Nunca negaré la necesidad e importancia de tener un pensamiento crítico, de analizar los sucesos de la realidad en que vivimos – aunque su parte más cruda nos sea ajena –. Es más, aplaudo que se haga en un salón de clase, lo que no aplaudo es que pensemos que nuestra opinión es la correcta por el simple hecho de haber sido la misma formada en una universidad considerada de “élite” donde nuestros compañeres tienen un estilo de vida si no idéntico, bastante cercano al nuestro. No aplaudo tampoco creer que conocemos a fondo los problemas de la realidad por analizarla con base en textos antiguos o modernos, no aplaudo pues, el tratar a la realidad que aqueja a millones como si fuera un programa de las 9 PM donde opinamos por opinar, por el simple gusto y ejercicio. Qué bueno que lo hagamos, discutir de temas y aprender sobre los mismos es el camino a tratarlos, pero tal vez deberíamos ser un poco menos pretencioses y un poco más modestes.

Creo, sinceramente, que esta arrogancia creada por el sistema “meritocrático” en el que vivimos nos ha llevado a que arrebatemos los espacios de debate a quienes les conciernen. Daré un ejemplo para ser clara, uno inventado para no ofender a nadie: digamos que el día de mañana me invitas a tu casa, es la primera y es la única vez que la he pisado y pisaré. Tu casa necesita mantenimiento, una capa de pintura exterior, me comentas del tema y entonces yo decido juntar a diez amigues a discutir sobre por qué tu casa necesita ser pintada, de dónde viene el desgaste de la pintura y qué colores creo que le quedarían increíbles… Dicho así, suena bastante tonto y cae incluso en ser hilarante, ¿no? Lo mismo con los temas sociales, tu casa – para seguir con la metáfora – es un asunto que concierne a ti y a quienes vivan en ella, mis consejos podrían simplemente limitarse a darte causas y motivos del desgaste basados en estudios científicos para que lo evites… ¿No sucede igual con los temas sociales?

Este texto es, como dice la gente polémica que de todo opina, una opinión a título personal – no crean que se me va de largo la ironía del mismo – una invitación a que, si gustan y piensan parecido, dejen de arrebatarle el espacio de debate y decisión a quienes las mismas terminarán afectando, sobre todo si su opinión no va a causar ningún beneficio y si va a ser desde su trinchera totalmente ignorante de la dinámica de la realidad que afectará. Vamos que tampoco caigo en la censura, opinen de lo que quieran, es más, opinen cuando quieran, sin embargo, no piensen que su opinión es la única buena. Las clases que les comento seguirán existiendo en mi universidad y en otras, quién sabe, tal vez de ahí salga alguien con ganas de involucrarse en las realidades analizadas, escuche a les directes afectades y decida cambiar esa realidad con base en el beneficio de elles y no del propio. Este texto, finalmente, solo nació de un pequeño debate con mi papá y mi mamá sobre el tema con el cual se abre este escrito, donde me preguntaron cómo creía yo que deberían referirse a las personas que se identifican como no binaries y donde concluí que no podía opinar sobre algo que no me afectaba y donde cerré diciéndoles que lo mejor era preguntarle a las personas sus pronombres y usarlos así.

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¡Hey! Estudio Derecho en el ITAM y tengo 23 años. Soy promotora de los Derechos humanos, y más particularmente de la salud mental. Me interesa mucho la filosofía, particularmente en cuanto a la formación individual del humano, tanto de manera colectiva como individualmente.

Siempre abierta al conocimiento de diferentes perspectivas de manera cordial y respetuosa. Nunca se sabe suficiente del mundo y siempre estamos construyéndonos.

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