Entre almas rotas

A veces sentimos que nos quedaremos en soledad, si dejamos que pasen más años sin ser parte de una relación sentimental. Los miedos llegan a nuestras vidas, motivo de la presión social y de las muchas “parejas perfectas” que vemos en redes. Sentimos que entre más edad, menos nos van a querer, porque somos personas cada vez más rotas, que han sufrido y que la vida ha sido un reto para salir adelante. Déjame decirte que, sí, en efecto, nuestras almas están rotas, y eso las hace muy valiosas y bellas. Somos un tejido bordado en el tiempo, que se desgarra y vuelve a tejer nuevas costuras con hilos diferentes creando formas distintas.

Eso que nos rompió

Conforme se da el paso de los años en nuestra vida, experimentamos nuevos senderos que debemos cruzar. En los años de nuestra infancia vivíamos preocupados por salir bien en la escuela y por cumplir con las responsabilidades del hogar, pero también hubo quien se enfrentó al trabajo desde muy jóvenes, a la violencia y al bullying escolar. Salieron adelante, pero con muchos destrozos en sus tejidos. Algunos fueron desgarres que afectarían en años posteriores, y muchas veces, teníamos que cocer nuestros deshilados en secreto, por miedo.

En nuestra juventud de preparatoria, teníamos una idea en nuestra cabeza “encajar como podamos”. En nuestra búsqueda de personalidad nos dimos cuenta de una sociedad que nos exige más de lo que nos da. Para ser parte de un “grupo” se necesita modificar nuestra forma de vestir, de hablar, de comportarnos, hasta de comer. Hacemos cosas que en ese momento no pensamos en las consecuencias reales, o simplemente fue por seguir la corriente provocando que en nuestra intimidad mental sintiéramos vergüenza, miedo o pena. Podemos hacer muchas amistades, pero muy pocas sobrevivirán al tiempo.

Volvemos a rompernos, nos destrozan los secretos que nadie puede saber, y mucho menos nuestra familia. Tomamos muchas decisiones que posiblemente serán causa de un arrepentimiento. Y nos llevará muchos años poder enmendar nuestros hilos rotos y desgastados. Nos motiva el hecho de continuar adelante para ser profesionistas, aunque lamentablemente no todas las personas podrán acceder a ello, es más, a muchas no se les dará la posibilidad de elegir. Sus hilos se desgastarán cada vez más.

Ilustración por tickledpickle

Para quienes tuvieron la oportunidad de ingresar a los estudios universitarios, podemos dar testimonio del desgaste constante que se vive. Se carga con el peso de una responsabilidad, pero también con el peso de las expectativas familiares. Algunas personas serán las primeras en poder acceder a una educación superior, y otras deberán responder a la alta exigencia que sus familiares han marcado. Algunos hilos se rompen con esas cargas, nos rompemos y sentimos que no estamos cumpliendo con lo que esperan de nuestro desempeño.

Constantemente nos replanteamos si elegimos bien la carrera. Si tenemos madera o vocación para esto. Pensamos que nuestra pasión inicial empaparia a todas las asignaturas, pero no. Hay cosas que por más que estudiamos no las comprendemos, hay clases que por más que pongamos atención simplemente se nos dificulta. Nos desgastamos, nos quebramos, nos rompemos. Cada final de semestre caemos en un estrés extremo. Le exigimos a nuestro cuerpo resistir, que soporte las desveladas, las mal pasadas de no comer a tiempo, el sedentarismo, que conviva con el cigarro y las bebidas energéticas. Nos rompemos, rompemos nuestros tejidos.

Una vez que egresamos de la universidad nos topamos con una realidad adversa, el desempleo. No es fácil encontrar un buen trabajo, en donde puedas desempeñar tus conocimientos y habilidades recibiendo un sueldo acorde a lo que entregas. En ocasiones será aceptar “momentáneamente” algo. Implicará sacrificios para poder ir al trabajo, dejar el hogar, trasladarse por largas distancias, alterar nuestra alimentación, trabajar horas y hasta días extras. El mercado laboral en México es exigente, y vivimos en la idea de que si no te esfuerzas lo suficiente es porque no te gusta lo que haces. Que al igual que todas las generaciones, debemos resistir al maltrato, al abuso y la excesiva carga laboral.

También nos encontraremos con experiencias que nos rompen muy fuertemente, las relaciones sentimentales. Aquí se encuentran aquellas amistades a quienes les compartimos nuestra vida, secretos y momentos significativos, y que al final se fueron. También se encuentra ese supuesto amor de quien pensábamos era perfecto y para siempre. No obstante, nuestras almas resultaron lastimadas. Afectadas por la fuerza y la intensidad de lo que dimos por esas personas. Entre más grande era la entrega más fuerte fue la desilusión. Hubo hilos que terminaron muy mal, y ha costado mucho tiempo y esfuerzo volver a remendarlos, porque implica entregar nuestra confianza nuevamente.

Ilustración por Irene Llopis

Hilar nuevos tejidos, bordar nuevos símbolos

Tan solo he hecho un pequeño recorrido de las cosas y situaciones que pueden llegar a rompernos. Hemos pasado por experiencias desgarradoras y momentos que quisiéramos jamás haber tenido. Hemos sido fuertes, pero no a raíz de lo que les sucedió, siempre hemos mantenido una fortaleza con raíces en la esperanza. No le debemos nuestra fuerza a nadie, solo a aquello que nos motiva, que nos inspira, que nos mueve. Nuestros sueños, nuestros anhelos, el amor que encontramos de quienes se preocupan por nuestro bienestar.

Y es que, tener una alma rota no debería ser motivo de desprecio. No debe causarnos vergüenza o pena. Con certeza afirmo que todas las almas lo están. En diferentes medidas o magnitud, pero lo estamos. Y claro, entre más pase el tiempo, más nos romperemos. Porque enfrentamos diversas circunstancias de la vida. Experiencias que se adquieren con los años y con las vivencias. A través del tiempo nos renovamos, cortamos los bordes deshilados, nos desprendemos de aquellos pedazos que solo cuelgan y son estorbosos. A veces es necesario rompernos por nuestra cuenta, para poder colocar en ese lugar algo mejor.

Constantemente nos estamos remendando. Cocemos nuevos bordes, pero ahora distintos. Añadimos figuras y símbolos que, para nuestra vida, son muy significativos. Les permitimos a las personas regalarnos un parche para cubrir algún agujero en nuestro tejido. Y saben, es un proceso hermoso. Porque nos permite darnos cuenta que siempre estamos en un constante tejer. Admiramos a personas que han hilado nuevos tejidos reforzados a raíz de un rompimiento muy fuerte. Y aprendemos poco a poco a tejer costuras más reforzadas. Tratando de cuidar que no se vuelvan a romper o desprender, aunque nunca es garantía.

Si nos vemos al espejo nos daremos cuenta de las muchas veces en las que nos rompimos, pero si vemos nuestros ojos podremos percibir los nuevos tejidos que hemos hecho en nuestro ser. Hallaremos figuras que representan la fuerza, el amor, la valentía, pero también nos recuerdan la tristeza, la melancolía, el enojo, la rabia, las noches de llanto. No se trata de tapar un hoyo descubriendo uno nuevo, sino de crear algo nuevo en nuestro interior.

No necesitamos que alguien venga y le de valor a nuestro tejido. No necesitamos que alguien nos evalúe por cómo hemos remendado nuestras costuras rotas. Habrá quien nos desprecie por tener muchos parches producto del tiempo y las vivencias, pero también habrá quien aprecie la belleza de nuestros nuevos bordados. Al final, todo radica en que cada quien es la primera persona que debe valorar la belleza de nuestra alma rota. De ver ese parche y saber que nos costó mucho poder tenerlo. Que no ha sido fácil, pero seguimos en el proceso. Que hemos aprendido, y que siempre se vale perder un poco de nuestro tejido, pero que jamás dejaremos perderlo todo. No todo en la vida es tener una relación sentimental, no todo se trata de un amor de pareja. Hay mucho más en el mundo que nos puede ayudar a colocar hermosas figuras en nuestro tejido, que puede estar muy roto es cierto, pero es nuestro.

La canción que les recomiendo como inicio de mes es “Breathe Me” de Sia.

Fondea el contenido joven

YucaPost es un proyecto autogestivo y sin fines de lucro. No recibimos patrocinios privados ni fondos públicos, pero tú puedes ayudarnos suscribiéndote a nuestro Patreon o haciendo una donación por PayPal. Tu apoyo será destinado exclusivamente a pagar costos de dominio, mantenimiento y alojamiento.

Joven oaxaqueño formado en Ciencias de la Educación. Aprendiendo constantemente de las diferentes realidades sociales. Disfruto viajar y vivir México a través de sus culturas, arquitectura, gastronomía y misticismo. Amante del café, los momentos entre amigos y la música.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *