En Yucatán sí pasa

Sin dejar de reconocer la belleza y el todo el atractivo cultural, gastronómico, geográfico, biológico, histórico y demás que tiene Yucatán, así como la calidez de las personas yucatecas, es importante advertir que en el Estado sí pasan cosas. A pesar de que en las estadísticas y en el discurso construido desde los gobiernos —que también se reproduce en muchos medios de información—pareciera que se vive en un estado total de paz, seguridad y tranquilidad, hay violaciones a los derechos humanos que no son atendidas por parte de las autoridades.

Durante los últimos meses, Elementa DDHH y Centro Carter junto con el Centro de Estudios de Derechos Humanos de la UADY y diversas personas y organizaciones de la sociedad civil yucateca —concentrada principalmente en Mérida— han colaborado de manera colectiva para realizar una sistematización de algunas realidades que atraviesan al Estado para nombrarlas y documentarlas en el informe “Derechos Humanos en contexto: aproximaciones para el fortalecimiento de la sociedad civil”.

Este documento es un ejercicio inicial de investigación y cooperación entre sociedad civil y academia que tiene el objetivo de recoger experiencias y realidades que forman parte del día a día en la defensa de derechos humanos en Yucatán. Luego de meses de revisión documental, estadística, grupos focales, entrevistas con autoridades y solicitudes de información, se construyó un documento que además de ser una herramienta para la incidencia y trabajo de organizaciones y personas defensoras, busca contar de manera sencilla la realidad de las violaciones a los derechos humanos más recurrentes en el Estado.

El informe está dividido en cuatro partes: la primera está enfocada a un análisis contextual de la situación de derechos humanos en el Estado, concentrándose principalmente en retomar el marco histórico, político y social que ha moldeado a la sociedad yucateca; en la segunda parte se comparten los principales hallazgos de la investigación, haciéndose énfasis en las violaciones a los derechos humanos relacionadas con la tierra y el territorio, la tortura y detenciones arbitrarias, las diversas violencias de género y la situación de la población LBGT+ en el Estado; la tercera parte se concentra en las barreras institucionales y barretas invisibles en la garantía de derechos y acceso a la justica identificadas; y la última parte se enfoca en las áreas de oportunidad para las personas y la sociedad civil que trabaja las principales problemáticas que atraviesan al Estado.

Durante todo el proceso de investigación no se descubrió el hilo negro, pero sí se hizo un ejercicio con rigor para construir una narrativa fiel a la realidad, de al menos los últimos doce años, de historia reciente. Reconocer y nombrar que en el Estado hay detenciones arbitrarias y tortura por parte de las policías, despojos y discriminación a hacia las personas mayas, violencias en contra de las mujeres, población LGBT+, entre otras, nos ayudará a construir una sociedad mejor. Reconocer el centralismo de las instituciones y concentración de las oportunidades de empleo, educación, salud y participación en Mérida nos ayudará a plantear nuevas formas de pensar la vida en el Estado; con 106 municipios que comparten territorios e identidades y no sólo una capital con un homogéneo “interior del Estado”.

Esta investigación no es sólo para las organizaciones y personas que participan en la sociedad civil organizada y ocupada en la defensa de derechos humanos, es un documento con lenguaje sencillo y un formato muy visual para que las empresas, las autoridades y las personas en general puedan conocer las otras realidades de las que se habla poco, las que incomodan. A través de sus 69 páginas no sólo se muestra lo que ha pasado, sino también el panorama que viene frente a proyectos como el “Tren Maya”, el rápido crecimiento poblacional y el futuro que se está construyendo.

Sobran los ejemplos del resultado de desatender problemáticas importantes y sorprende lo radical que puede ser la transformación de contextos de aparente estabilidad. Es responsabilidad de todas y todos colocar en la agenda pública que sí pasan cosas. Más allá de lo que reportan las cifras o los reconocimientos internacionales, hay realidades que no se pueden ignorar. Más allá de las cifras, hay personas, colectivos y comunidades que han sido víctimas de la negación reiterada de violaciones a los derechos humanos en Yucatán y no podemos dejar que esto continúe.

Agradecimiento especial para Adriana Muro y Renata Demichelis, pero sobre todo a Carlos Carmargo (compañero y amigo) por el resultado final de meses de trabajo y colaboración horizontal en el proyecto. Del mismo modo a Ángeles Cruz, Kalycho Escoffié y el CEDH-UADY por la invitación para formar parte del equipo de investigación.

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Miembro de la Red Peninsular de Apoyo al Litigio Estratégico a favor de los pueblos indígenas y comunidades campesinas en los estados de Campeche, Yucatán y Quintana Roo, y de la Red Juvenil "Valiente” para defender la tierra, el territorio y el medio ambiente.

Escribo sobre política, sociedad y medio ambiente con perspectiva de derechos humanos.

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