En tacones de combate: Semblanza de Pedro Lemebel

Colita, performer travesti, yegua del apocalipsis y chileno. Pedro Lemebel es uno de los escritores cuir más reconocidos de Latinoamérica. También es activista, y un guerrillero con tacón de combate y vestido rojo rabia.

Pedro Mardones Lemebel nació en 1955 en una zona del sur de Santiago, en las orillas del Zanjón de la Aguada, en la periferia. En un lugar donde su padre panadero y su madre ama de casa decidieron instalar una vivienda. Más adelante, pasarían a vivir a un block (edificios de departamentos en las comunas más pobres) en avenida Departamental. Fue criado entre mapuches y comunistas que esperaban con esperanzas la culminación del proyecto de una nación socialista que fue sepultado con la muerte del presidente Salvador Allende. También un joven Lemebel estaba por agitar las aguas en el círculo literario y político del país.

Hasta 1983 el régimen de Pinochet había podido disolver cualquier indicio de revuelta y logrado exitosamente reprimir el descontento del pueblo chileno. Diez años cumplidos después del golpe militar, la oposición recobraba fuerza. En Chile ya se avecinaba un aroma a revolución. En tiempos en los que el derecho a reunión era restringido, la política prohibida y el horario normado por los toques de queda, un grupo de escritores decidían reunirse para hablar más de política que de literatura. Pedro formaba parte de ese círculo de escritores chilenos. A pesar de haber ganado algún concurso de cuentos con apoyo gubernamental o de haber sido el primero de su block en haber ido a la universidad, él relata que su primera escritura fue la descripción que sus ojos de niño hicieron de ese Zanjón de donde vivió la mayor parte de su juventud.

A Pedro le atravesaban las violencias que sentenciaban siempre a quien fuera fleto, cola, colita, hueco, marica, mariquita, mariposón. Estas eran algunas de las palabras con las cuales la sociedad chilena insultaba a los hombres homosexuales pero que tenían un efecto juguetón en él. Lemebel hechizaba esas palabras, las desapropiaba, las usaba para referirse con cariño hacia él mismo o hacia otros. En aquellos tiempos de ser víctima de homofobia por parte de la ultraderecha y del partido comunista, Lemebel hacía historias cómicas que de cualquier otro modo resultarían siendo vivencias dolorosas y trágicas.

Despedido por “amanerado” de una escuela en la que él ejercía como profesor de arte, rechazado por el círculo comunista chileno, él decidió vestirse de rabia e injusticia. Se puso sus tacos de combate. Mientras más injusticias sufría, más rabia acumulaba y mejor escribía. Más político se volvieron sus talleres de escritura. Era otro Pedro, un Pedro trotacalles, un Pedro performativo, un Pedro político. La primera vez que Pedro usó taco alto fue en 1986 en una reunión de los partidos de izquierda. Allí leyó su manifiesto “Hablo por mi diferencia” en donde le preguntaba a la audiencia entre otras cosas:

“¿Qué harán con nosotros compañero?”

“¿Nos amarrarán de las trenzas en fardos con destino a un sidario cubano?”

“Nos meterán en algún tren de ninguna parte”.

Ese fue el punto de inflexión para que la izquierda de esa época se cuestionara ciertos planteamientos, nunca habían tomado en cuenta ese tipo de reclamos hechos por este travesti revolucionario. “Fue el inicio de un cambio muy grande” en palabras de la escritora chilena Pía Barros.

Por ahí de los ochentas, la oposición al gobierno cobraba mayor fuerza, las protestas también y el sida había hecho visible a los homosexuales que se habían transformado en un “grupo de riesgo”, en el rostro de la plaga del fin del siglo. En una conversación entre Pedro Lemebel y Francisco Casas sobre la plaga del fin del siglo fue que se dio origen a “Las yeguas del Apocalipsis” conformadas por Casas y Lemebel, quienes irrumpían los círculos artísticos y políticos chilenos para realizar performances en los cuales visibilizaban y politizaban sobre temas que no eran abarcados  y hablados por la clase política e intelectual de esa época como la estigmatización del VIH y de la comunidad homosexual, para satirizar sobre la condición de desigualdad y hacer burla sobre aquellos personajes políticos e intelectuales destacados que se inclinaban hacia el conservadurismo y el fascismo.

Ahora que Latinoamérica hierve revolución, Chile nos muestra el camino como pueblo que tiene memoria colectiva e histórica. Ahora los carabineros y los policías no pueden contener al pueblo indignado. Ahora que son otros tiempos que parecen recalentado de aquellos tiempos, la diferencia radica en que los chilenos y las chilenas andan en tacones altos, vestidos de rabia, con la indignación que les hace apretar los puños y cuyas gargantas entonan desafinados cuecas de Violeta Parra y cantos de protesta de Víctor Jara.

En su labor como activista, Pedro Lemebel ha empuñado cánticos de revolución, marchando con sus distintivos tacones altos con broche discreto, viendo como su pueblo ha despertado y está unido para atestiguar una narrativa diferente. Una de liberación.


Referencia:

https://gatopardo.com/reportajes/escritor-pedro-lemebel/


 

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Psicólogo. Interés por la educación y consejería de la sexualidad, estudios queer y literatura latinoamericana.

Amo las películas de Yorgos Lanthimos, el jazz, la trova y leer artículos del New Yorker.

Mi libro favorito es “Los recuerdos del porvenir” de Elena Garro.

Convencido de que “lo personal es político”.

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