“El voto latino”: ¿simplificación necesaria o racismo simplista?

Es muy común escuchar hablar sobre “EL voto latino” cada que hay elecciones en Estados Unidos, este famoso término utilizado para referirse a la votación de las personas hispanas en ese país. El concepto se utiliza para fines analíticos, entendiendo a las comunidades hispanohablantes como un “algo” diferente a la población “estándar” en Estados Unidos –con estándar, no me estoy refiriendo a otras minorías étnicas sino a las personas blancas nacidas en ese país–. Si bien es cierto que, para fines analíticos, puede ser muy útil entender los estilos de votación de las minorías y diferenciarlos entre sí, usualmente se comete un error al hablar del voto latino: pasa de utilizarse como un término de categorización que debe de analizarse con particularidades a ser un término que desencadena conclusiones que asumen a las comunidades hispanohablantes como homogéneas y llanas. Hablar del “voto latino” en términos homogéneos y asumir que es llano y único casi como marca registrada, es muy problemático en términos de análisis y puede ser hasta racista. Es como hablar de “África” como algo único y sin diferencias, y peor aun cuando a ambos términos se les suma una carga de “ignorancia” o condescendencia. ¿Por qué no es homogéneo? ¿Cómo pensar y analizar entonces el voto latino?

Algunos datos…

En Estados Unidos aproximadamente el 18% de la población es hispana –o latina–, es decir, unas 60.6 millones de personas –en una población de más o menos 325 millones de personas–. La minoría hispana es la minoría étnica más grande de Estados Unidos, y sus votos representan el 13.3% del padrón electoral. Los estados en los que hay más personas hispanas viviendo son: California (26%), Texas (19%) y Florida (6%), en ese orden.

Además, el tiempo que tienen viviendo las personas hispanas en Estados Unidos también es relevante: el porcentaje de personas latinas con más años viviendo en Estados Unidos crece anualmente y el porcentaje de personas latinas con menos años viviendo en Estados Unidos decrece anualmente (Imagen 1). Actualmente, el 46% de las personas latinas tienen más de 21 años viviendo en Estados Unidos. ¿Esto qué significa? Que la tasa a la que llegan personas inmigrantes hispanas y se asientan, no está creciendo con la misma rapidez que antes. Ahora, las personas latinas tienen cada vez más tiempo asentadas en Estados Unidos y esto influye también en su autopercepción como ciudadanas y ciudadanos y, por ende, como votantes.

Otro punto relevante es la distribución por edad de las personas hispanas. Actualmente, el 46% de estas personas tienen entre 46 y 64 años, y esto, por supuesto, representa una brecha generacional importante en términos de ideas y prioridades. En este mismo sentido también, cabe mencionar que las personas hispanas jóvenes se encuentran en condiciones mayores de pobreza en relación con la población blanca de ese mismo rango, que las personas hispanas adultas mayores (Imagen 2). ¿Esto qué quiere decir? Que las personas hispanas adultas mayores tienden a encontrarse en condiciones más “parejas” en términos económicos con sus homólogos blancos, que las personas hispanas más jóvenes.

Imagen 2. Vía United States Census Bureau, https://www.census.gov/library/stories/2020/09/poverty-rates-for-blacks-and-hispanics-reached-historic-lows-in-2019.html

Estos son algunos datos que nos permiten visualizar, en términos muy gruesos, que la población hispana de Estados Unidos es sumamente diversa y esto, claro está, debe de verse traducido en la manera en la que votan. ¿Realmente las personas hispanas que votan en Estados Unidos lo hacen de acuerdo con su hispanidad? ¿O votan de acuerdo con otros factores de identidad que, al hablar de “voto latino”, pasan desapercibidos?

Los votos: ¿por qué no es un voto homogéneo?

Muchas personas estaban sorprendidas de que personas latinas en Florida y Texas hubieran votado por Trump en 2016 y también ahora en 2020. De hecho, la aprobación de Trump entre el “sector latino” aumentó en un 3% en 2020 respecto a 2016. ¿Cómo pasó esto si Trump es racista y se ha referido a los mexicanos de forma muy despectiva?, podríamos preguntarnos. La verdad es que, en primer lugar, no todas las personas hispanas en Estados Unidos son mexicanas o de ascendencia mexicana. Las personas latinas en Estados Unidos también son de origen –o tienen ascendencia– cubano, puertorriqueño, colombiano, dominicano, venezolano, hondureño, y más. Y aquí me permito resaltar un patrón que creo relevante: la percepción del voto latino como homogéneo y único, es una traducción de la percepción de Latinoamérica como homogénea y única. ¿Por qué seguimos insistiendo en ver a América Latina y a las personas latinoamericanas como una masa homogénea? Si nos quitamos los lentes del simplismo blanco, podemos ver un crisol de diferencias de país a país en América Latina, ¿y esto cómo se traduce para efectos de este artículo? Pues que las personas votantes hispanas en Estados Unidos tienen orígenes –directos o indirectos– muy distintos, y que, si les dan peso a estos orígenes a la hora de votar, no lo hacen en el mismo sentido. Esto, en el supuesto de que los orígenes importan, cosa que no es cierta para todas las personas hispanas votantes: ya hay quienes votan más en función de su condición de ciudadanos y ciudadanas estadounidenses que en condición de su hispanidad.

Me permito entonces analizar el caso de, por ejemplo, las personas cubanas-americanas y las personas venezolanas en Florida. ¿Por qué analizo ambos casos juntos? Porque tienen un paralelismo en sus prioridades a la hora de votar. Las personas cubanas-americanas representan el 29% de la población latina que vota en Florida, y la población votante venezolana en este mismo estado creció en 184% de 2008 a 2018. Esto habla del peso que los votos de las personas cubanas-americanas y de origen venezolano, tuvieron para que Florida permaneciera roja en esta elección. ¿Por qué votaron así? De manera contraintuitiva, a estas personas no les molesta el discurso racista de Trump en contra de las personas migrantes, o al menos no tanto como les gusta la “mano dura” republicana frente a los regímenes de Cuba y de Venezuela. Estas personas temen, ante todo, que el partido Demócrata represente un bastión del socialismo en Estados Unidos y también les molestó la política de Obama frente a estos regímenes, para ellos “una política muy suave”. Esto también es contraintuitivo si se toma en cuenta que las familias en Cuba se vieron aliviadas económicamente cuando la administración Obama levantó las sanciones, pero pasa a tener sentido cuando se recuerda que las personas cubanas-americanas que votan lo hacen más en función de su estabilidad personal en Estados Unidos que de su lejano pasado en Cuba –debido a los años que tienen viviendo ya en el primer país–. De hecho, más de la mitad de las personas cubanas o de ascendencia cubana afiliadas en Estados Unidos, lo están al partido republicano (Imagen 3). Esto explica estos votos a Trump.

Imagen 3. Vía https://www.pewresearch.org/fact-tank/2020/10/02/most-cuban-american-voters-identify-as-republican-in-2020/

Otro caso interesante para analizar es el voto de las personas mexicanas o de ascendencia mexicana en Arizona. Si bien aun no hay resultados finales sobre Arizona, la mayor parte de la población hispana en este estado apoya a Joe Biden, pues, a diferencia de las prioridades de las y los votantes cubanos-americanos en Florida, para las personas votantes mexicanas o mexicanas-americanas en Arizona la migración y el manejo del Covid-19 tienen una mayor importancia. El peso que tuvieron estos últimos votantes en Arizona fue tal, que un estado tradicionalmente republicano hoy se está debatiendo con ínfimos márgenes entre el candidato republicano y el candidato demócrata –y si bien no se puede atribuir este cambio únicamente a la minoría mexicana o mexicana-americana, sí es un factor importante–.

Por otro lado, está el caso de las personas puertorriqueñas-americanas que pueden votar en Florida. Uno pensaría que, a raíz de los dichos y comportamiento de Trump desde el Huracán María en 2017 en la Isla, este sector de votantes hubiese dado por completo la espalda al candidato en las urnas. Sin embargo, ocurrió un fenómeno interesante: hubo personas puertorriqueñas-americanas que votaron por Trump en Florida, e incluso se fundó una campaña similar a la de “Latinos for Trump” pero llamada “Puerto Ricans for Trump”. Un 30% de las personas votantes puertorriqueñas, apoyan a Trump. ¿Qué pasó en este caso? Probablemente es muy pronto para tener una respuesta concreta, pero los votantes puertorriqueños afirman que tuvo que ver con Rick Scott, republicano exgobernador de Florida, y que fue reelegido también en esta elección como senador por ese mismo estado y que hizo campaña en favor de Trump. También pudo haber tenido que ver con el hecho de que la campaña de Trump se enfocó mucho en este sector a diferencia de la de Biden, y con el hecho de que Trump prometiera un paquete de ayuda económica para la Isla en los meses pasados.

Vía USA Today, https://www.usatoday.com/story/opinion/2019/11/26/latinos-for-trump-supporters-hispanics-mexicans-attacks-immigrants-column/4224954002/

El caso de las y los votantes jóvenes latinos también es relevante. En este caso, sí es posible hablar en términos gruesos, pues un 60% de los jóvenes votantes latinos apoya a Joe Biden. En su mayoría, estos jóvenes son aquellos que viven en metrópolis y que temen por el futuro de su estancia en Estados Unidos en caso de que Trump ganara y volviera a arremeter contra las personas inmigrantes. Además, este sector, como se mencionó anteriormente, suele experimentar condiciones de pobreza más que los sectores hispanos de adultos o adultos mayores, y el manejo económico del gobierno federal durante la pandemia les ha golpeado especialmente.

Y finalmente, un último caso que llama la atención es el caso de Texas y la zona fronteriza con México. A diferencia de 2016, en 2020 esta zona votó mayoritariamente por Donald Trump, y es una zona en la que viven personas migrantes mexicanas y que trabajan en la industria con papeles, aunque viven mayoritariamente en condiciones de pobreza. ¿Cómo se explica este fenómeno? Pues que el discurso antiinmigrante no es únicamente de Trump, sino que también lo ostentan algunas personas migrantes mexicanas que hoy están documentadas y que consideran que no deben de llegar más personas mexicanas indocumentadas a tomar trabajos de manera no legal. Esto, si bien es contraintuitivo, es una realidad que vuelve a la comunidad hispana en Estados Unidos mucho más diversa de lo que el “voto latino” pinta.

Entonces, ¿cómo pensar y analizar el “voto latino”?

En primer lugar, teniendo presente que “el voto latino” no es un estilo de voto único. La categoría es útil para efectos de análisis en contraparte con otras minorías étnicas en Estados Unidos o de análisis en contraparte con la población blanca en Estados Unidos, pero no es útil para determinar un estilo de voto, al menos ya no. Ya no hay un “voto latino”. Luego, no entender al “voto latino” como uno que se realiza en función de la hispanidad, pues relacionar las preferencias políticas única y llanamente con la condición étnica, sumándole además una carga condescendiente, es simplista. Entender que las personas latinas en Estados Unidos votan de acuerdo con realidades mucho más complejas y diversas que simplemente el color de la piel o la etnia, y tener presente que la simplificación de realidades, la homogeneización de raciocinios en función de una etnia es insuficiente para comprender fenómenos complejos y puede ser hasta racista. El “voto latino” es una categoría útil pero insuficiente: es útil para comenzar análisis, pero devenir conclusiones asumiendo la homogeneidad en función de una etnia o en función del color de piel a partir de una perspectiva de blanquitud, sí es racista.

Tengo 22 años, estudio Relaciones Internacionales y vivo en la Ciudad de México.

Los temas que me gustan son: democracia, elecciones, feminismos, desigualdad, relaciones Norte-Sur y América Latina. Aunque advierto que esta parte está en constante cambio.

Aquí escribo mis opiniones y mis preguntas.
“Hasta que la dignidad se haga costumbre”.

En Twitter: @noeliajmz

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