El narcotráfico no es como lo cuenta Netflix

Desde hace ya varios años grandes empresas de entretenimiento han optado por tomar el crimen organizado y específicamente, el narcotráfico, como inspiración para sus producciones. La reina del sur, El señor de los cielos, Escobar el patrón del mal y Netflix, que las ha popularizado aún más con las temporadas de “Narcos”, etcétera.

Ha sido ya un tema si se deberían prohibir o no estas series. Si coartan la libertad de expresión y si son realmente dañinas o mandan un mensaje equívoco a la sociedad. Considero que, esta ocasión, estoy de acuerdo con el presidente López Obrador (aunque no en sentir conmoción por la condena perpetua dictada a Joaquín Guzmán). Más bien, en que no creo que deban prohibirse, pero sí mandan un mensaje negativo sobre los efectos tanto de las drogas como psicotrópicos, así como de su mercado y del crimen organizado.

Autor: Féliz Márquez

¿Qué han hecho mal estas series para discutirse su prohibición?

Bueno, el primer pecado que han cometido sus productores, ha sido construirlas en formato de entretenimiento. Es decir, enajenando a la audiencia de la realidad. Los personajes no son Joaquín Guzmán Loera y Pablo Emilio Escobar Gaviria, pues son reducidos a personajes estelares, héroes que al mismo tiempo cometen su villanía desde los excesos –dinero, alcohol, drogas y mujeres-. Construyen a un Chapo y Pablo Escobar como criminales audaces, nos hacen sentir empatía por ellos, intriga e incluso algunas personas llegan a sentir aprecio por el personaje de la serie.

¿Qué nos ocultan?

Primero, nos ocultan un México y un Colombia con matices dulces. Países en los que sí, se cometen crímenes, pero entre narcos, entre el Estado que pintan de inútil y secuaz –no tan alejado de la realidad este punto- y olvidan a las ciudades enteras que destruyen, a los civiles, a las familias, a las mujeres y a las prostitutas.

Nos ocultan las 12,532 víctimas de la lucha entre narcotraficantes en México. En 2017 habían 34.3 homicidios diarios por la disputa de territorios. Peña y Calderón sumaron 234 mil 996 muertos y el 2018 como el año más violento, cerrando con 34 mil 202 personas asesinadas. Esos son los números del narcotráfico y claro, de una pésima e ineficiente estrategia de seguridad en los sexenios pasados.

Por si fuera poco, ya que a veces no logramos empatizar con números, pero sí con personas: de acuerdo con las testimoniales desahogadas en el juicio que se llevó contra Joaquín Guzmán –al cual me niego rotundamente a referirme por su apodo, como bien señala León Krauze en “El Chapo nunca más”–, el criminal violaba a sus esposas y a mujeres menores de edad –hasta de 13 años–. Además, las drogaba poniendo sustancias en sus bebidas. De acuerdo con los documentos presentados, Guzmán Loera afirmaba que esas mujeres jóvenes eran sus “vitaminas” y que violarlas le daba “vida”.

El narcotráfico y el crimen organizado cobran miles de vidas en nuestro país, toman estados, destruyen familias, nos envuelven en inseguridad, trafican mujeres, violan niñas, secuestran, torturan, destruyen la infancia de niños y niñas, arruinan empresas familiares y, en general, arrasan con todo a su paso. Eso hacen, así funciona. No es “El Chapo” joven campesino que se superó, hizo dinero, buen padre, cariñoso con sus esposas, protector del pueblo y gran emprendedor. No es como lo cuenta Netflix. No es lo que atestiguaron los muertos, los desaparecidos y los amenazados.

Vivimos en un país que año con años rompe números de violencia e inseguridad. Un país con presidentes que no han sabido dirigir la seguridad pública con un enfoque de derechos humanos, de vanguardia y salvaguardia civil. Un país en el que las mujeres se encuentran en un alto riesgo de ser presas del crimen organizado ya sea sexualmente, con trabajo forzado o como artículo de venta. Personas que pierden la vida o que no dejan rastro. Un país en el que nadie se siente a salvo.

Por último, pero no menos importante, está el México que se exhibe ante el mundo. ¿Qué ve un extranjero y líderes mundiales? Un país de impunidad, un país dirigido y gobernado por el narco. Narcocultura, en otras palabras. Un país en el que los héroes del pueblo son criminales. Un país en el que llueven balas. Este México que dibujan las cadenas de televisión trae consecuencias políticas, económicas y turísticas. Si, la violencia en México es grave, muy. Pero el panorama televisivo del narcotráfico además de ser una verdad a medias y un país exhibido a nivel mundial como carente de un Estado de derecho, es presentado como el paraíso del crimen organizado. Por lo antes expuesto ¿Cómo puede nuestro país ser tomado con seriedad ante la comunidad internacional?

Esa es nuestra realidad. Fría, cruel y sincera. Netflix y las demás cadenas de entretenimiento han encontrado el lucro a través de la romantización y normalización de la violencia. Nuestro país se cae mientras otros –criminales y empresas de entretenimiento- lucran con ello.

Yo, como el presidente, no me atrevería a prohibir el contenido. Pero sí a reconsiderar nuestro consumo y ser conscientes de los efectos del abuso de drogas, de la red de narcotráfico y del crimen organizado. Ese no es el narco, esa no es nuestra realidad. Si fuera así, difícilmente las masas la verían y nadie ganaría dinero exhibiéndola.

 

Consultas:

https://www.eluniversal.com.mx/columna/leon-krauze/nacion/el-chapo-nunca-mas

https://www.animalpolitico.com/2019/01/2018-violencia-homicidios-delitos-mexico/

https://www.mucd.org.mx/2019/01/se-recrudece-violencia-en-el-pais-2018-bate-record-de-homicidios/

https://expansion.mx/nacional/2018/01/02/12-532-personas-murieron-en-2017-por-disputas-del-narcotrafico-en-mexico

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Tengo 23 años y estudio derecho. Escribo de lo que me transita desde los derechos humanos. Me interesan los temas de justicia distributiva, políticas públicas y derechos de las personas LGBT+. Lo más importante para mí en este blog, es ofrecer un espacio seguro para todas las personas históricamente discriminadas a las que nunca nos han escuchado.

Considero que es importante cuestionar todo desde el aprendizaje empático y en compañía de una taza de café.

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